Las manzanas, una de las frutas más consumidas del mundo, atraviesan un momento de inflexión en el escenario internacional. Un reciente informe del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) encendió las alarmas al confirmar un fuerte retroceso en la producción global durante la temporada 2025/2026, una caída que no solo impacta en los volúmenes cosechados, sino que también comienza a redefinir el equilibrio entre oferta, consumo y precios en los principales mercados del planeta.

Según el organismo estadounidense, la producción mundial de manzanas para la campaña 2025/2026 se ubicaría apenas por encima de los 81,7 millones de toneladas, un nivel considerado bajo si se lo compara con las últimas cosechas. Para encontrar un volumen similar es necesario retroceder hasta la temporada 2020/2021, cuando la producción global también se situó en torno a ese registro. El dato no es menor: refleja un estancamiento productivo que rompe con varios años de relativa estabilidad y crecimiento moderado.

En términos relativos, la baja interanual alcanza el 5,3%, mientras que la comparación con el promedio de las últimas cinco campañas arroja una caída del 2%. Pero más allá de los porcentajes, el impacto real se percibe al analizar las cifras absolutas: más de 4,5 millones de toneladas de manzanas dejaron de comercializarse a nivel global como consecuencia directa de las mermas productivas registradas en distintos países.

China y Turquía concentran la mayor parte del derrumbe productivo

Si bien el retroceso productivo se observa a escala mundial, el informe del USDA deja en claro que no todos los países reaccionaron de la misma manera. Dos actores clave del mercado internacional explican, en gran medida, la magnitud de la caída: China y Turquía.

China, el mayor productor de manzanas del mundo, sufrió una merma significativa. La producción pasó de aproximadamente 49,3 millones de toneladas en la campaña 2024/2025 a cerca de 47 millones de toneladas en la temporada actual, lo que representa una caída del 4,7% interanual. En términos absolutos, la pérdida supera los 2,2 millones de toneladas, una cifra que por sí sola explica casi la mitad de la merma global registrada este año.

El peso específico de China dentro del mercado mundial es determinante. Tal como se desprende de los datos del USDA, el gigante asiático produce casi cinco veces más manzanas que la Unión Europea, el segundo gran bloque productor. Esta diferencia abismal evidencia por qué cualquier variación en la cosecha china tiene un impacto inmediato y profundo en el comercio internacional de esta fruta.

Pero si el caso chino resulta relevante, el de Turquía es directamente alarmante. El país euroasiático registró una de las peores campañas de su historia reciente como consecuencia de fuertes heladas primaverales en el hemisferio norte, con temperaturas que en algunos episodios llegaron a superar los 16 grados bajo cero. Estos eventos climáticos extremos afectaron de manera directa los períodos de floración y cuaje del fruto, provocando daños severos e irreversibles en los montes frutales.

Como resultado, la producción turca para la temporada 2025/2026 se estima en apenas 1,95 millones de toneladas, lo que implica una caída del 57% respecto de la campaña anterior. En valores absolutos, esto significa que alrededor de 2,6 millones de toneladas de manzanas dejaron de ingresar al mercado, un golpe durísimo tanto para los productores locales como para los flujos comerciales regionales e internacionales.

En conjunto, China y Turquía concentran prácticamente la totalidad de la pérdida global cuando se analizan los números finales de la producción mundial de manzanas, confirmando que el problema no es tanto generalizado como focalizado en estos dos grandes actores.

Producción, consumo y exportaciones: un delicado equilibrio en tensión

Las estadísticas del USDA también muestran una clara correlación entre la producción de manzanas y su consumo doméstico. Con menos fruta disponible, el consumo global inevitablemente se ajusta. Para el período 2025/2026, el consumo mundial se proyecta en torno a los 81,5 millones de toneladas, un volumen que refleja una caída interanual cercana al 5,3%, prácticamente en línea con la reducción productiva.

Este ajuste evidencia que, al menos por ahora, el mercado se equilibra más por cantidad que por precios, aunque esta dinámica podría cambiar si las condiciones climáticas adversas se repiten o si la recuperación productiva se demora más de lo esperado.

En cuanto al comercio internacional, el USDA estima que las exportaciones globales de manzanas alcanzarán los 6,07 millones de toneladas, lo que representa una baja del 2% interanual y también del 2% respecto del promedio de las últimas cinco campañas. Nuevamente, el dato confirma una contracción moderada, pero persistente.

Dentro de este escenario, la Unión Europea mantendría sus exportaciones estables, con colocaciones cercanas a las 975.000 toneladas, consolidando su rol como uno de los principales abastecedores del mercado internacional. En contraste, China reduciría sus exportaciones a unas 930.000 toneladas, un 5% menos que en la campaña anterior, reflejo directo de la menor disponibilidad interna.

Un comportamiento similar se observa en Irán, otro actor relevante del mercado frutícola mundial, cuyas exportaciones se proyectan en torno a las 900.000 toneladas, un 2% menos que el año previo. Por su parte, Estados Unidos aparece como una de las pocas excepciones positivas, con un crecimiento del 5% en sus exportaciones, que alcanzarían aproximadamente las 890.000 toneladas en la presente temporada.

Un mercado con menos oferta y precios bajo presión

En definitiva, el mercado global de la manzana enfrenta un escenario de menor oferta, lo que obligará a redefinir el equilibrio entre disponibilidad y demanda. Si bien no se prevé una suba generalizada de precios en todos los mercados, no se descartan incrementos significativos en aquellos países donde las cosechas han sido severamente afectadas, como China y Turquía.

La combinación de eventos climáticos extremos, caída productiva y ajustes en el comercio internacional plantea un desafío complejo para productores, exportadores y consumidores. La evolución de los precios, en este contexto, dependerá no solo de la recuperación de las cosechas futuras, sino también de la capacidad del sistema productivo global para adaptarse a un escenario climático cada vez más volátil.

La manzana, símbolo de estabilidad en muchas dietas del mundo, se convierte así en un termómetro más de las tensiones que atraviesa la agricultura global en tiempos de cambio.

Fuente: masp.lmneuquen.com

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Equipo Prensa
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