• Un científico del suelo explora cómo la salud regenerativa del suelo actúa como el “ingrediente secreto” para los alimentos sustentables al cambiar el enfoque agrícola hacia la salud microbiana y la estructura del suelo a largo plazo, lo que mejora directamente el sabor, la densidad de nutrientes y la historia minorista de los cultivos especiales.

 

El secreto de un sistema alimentario verdaderamente sostenible quizá no resida en maquinaria de alta tecnología ni en nuevos aditivos químicos, sino en un cambio fundamental en nuestra perspectiva sobre el suelo. Según Janel Ohletz, directora de agricultura de Plantd y doctora en ciencias del suelo, la exchef convertida en experta en suelos afirma que la industria está empezando a comprender que la salud del suelo es el «ingrediente secreto» que determina la calidad final de los cultivos especializados.

La mentalidad del “granjero de microbios”

Para Ohletz, la transición a la agricultura sostenible comienza con un cambio radical de perspectiva. Afirma que los agricultores regenerativos exitosos deben dejar de verse como simples cultivadores de zanahorias o cebollas y adoptar la mentalidad de «agricultores microbianos». Esta filosofía considera el suelo como un ecosistema vivo, similar al microbioma intestinal humano, donde la función principal del agricultor es nutrir el suelo para que este, a su vez, pueda nutrir a la planta, afirma Ohletz.

“Si cambiamos nuestra mentalidad de que no somos agricultores de zanahorias o cebollas o lo que sea, sino que somos ‘agricultores de microbios’, el suelo alimentará a la planta, y cuando todo esté allí y disponible, entonces la planta lo absorberá naturalmente”.

 

Este enfoque que prioriza los microbios tiene un impacto directo en la densidad de nutrientes que llega al plato. Ohletz afirma que una planta simplemente no puede incorporar nutrientes a los alimentos si el suelo carece de los componentes básicos, como fenoles, antioxidantes y minerales. Si bien los métodos convencionales pueden ayudar a una planta a sobrevivir, los sistemas regenerativos les permiten prosperar, lo que resulta en niveles Brix más altos y un perfil nutricional más complejo.

 

El plan de carbono negativo: el biocarbón como fuente de energía

En la búsqueda de materiales con balance de carbono negativo, Ohletz afirma que el carbono no debería considerarse una palabra de moda, sino un activo tangible. Un componente clave de este modelo es el biocarbón, que proporciona una base física y química que el compost estándar no puede igualar. Ohletz describe la función del biocarbón utilizando la analogía de una regleta de enchufes.

«Es como si pensaras en ello como un enchufe o una regleta: cuantos más enchufes tengas para enchufar cosas, mejor», afirma.

 

Esta estructura aumenta la capacidad de intercambio de aniones y cationes del suelo, lo que le permite retener nutrientes que, de otro modo, se filtrarían. Además, el biocarbón actúa como una esponja; su alta porosidad permite que el agua drene eficazmente a la vez que retiene la humedad para el uso de las plantas. A diferencia de la materia orgánica, que se descompone rápidamente, Ohletz afirma que el biocarbón permanece en el suelo durante cientos de años, aliviando la presión sobre la materia orgánica para que realice todo el trabajo pesado.

Agricultura regenerativa en cultivos especializados

Ohletz afirma que el sector de cultivos especializados, en particular las explotaciones hortícolas más pequeñas, de 30 a 60 acres, está adoptando estas prácticas con mayor rapidez que las operaciones de cultivo en hileras. Si bien la implementación difiere, como el manejo de cultivos de carbón en los meses más fríos o la limitación de las perturbaciones en las hortalizas de hoja verde, las premisas fundamentales siguen siendo las mismas: añadir materia orgánica y limitar la perturbación del suelo.

El secreto del comercio minorista: vender la historia del sabor

Sin embargo, producir cosechas de alta calidad es solo la mitad de la batalla, afirma. La otra mitad es convencer al consumidor. Actualmente, la mayoría de los compradores compran basándose en la apariencia física de la fruta más que en la salud de la finca. Ohletz cree que el secreto para cambiar este comportamiento reside en la experiencia culinaria.

«Como chef, cuando compras algo cultivado localmente, el sabor es simplemente mejor», afirma.

Los minoristas pueden superar esta brecha conectando la salud del suelo con los servicios ecosistémicos que interesan a los consumidores, como:

  • Protección de los polinizadores: Destacando que las granjas regenerativas utilizan franjas de pradera para ayudar a las abejas
  • Impacto ambiental: vincular la elección de productos agrícolas con una mejor calidad del aire y del agua
  • Retención de nutrientes: Explicar que la densidad de nutrientes también se ve afectada por el tiempo que tarda un ingrediente en llegar del campo al plato, y que las opciones locales saludables para el suelo a menudo superan a los productos básicos que se venden en las tiendas.

Al centrarse en el sabor y los beneficios ambientales que ofrece un suelo sano, como el apoyo a los polinizadores mediante franjas de pradera y la mejora de la calidad del aire y el agua, los minoristas pueden contar una historia más convincente. En definitiva, Ohletz afirma que el objetivo es ayudar a los consumidores a comprender que las sencillas decisiones que toman en el pasillo de frutas y verduras pueden tener un profundo impacto en el medio ambiente, así como en su propia salud.

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Equipo Prensa
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