• Una investigación publicada en la revista científica GM Crops & Food analizó tres décadas de datos epidemiológicos y literatura científica internacional, concluyendo que no existe evidencia consistente que relacione el consumo de alimentos derivados de cultivos transgénicos con cáncer, alergias u otras enfermedades crónicas.

 

Un nuevo estudio internacional que revisó más de tres décadas de evidencia científica y tendencias epidemiológicas en distintos países vuelve a reforzar un consenso que la ciencia ha construido durante años: los alimentos derivados de cultivos genéticamente modificados, popularmente conocidos como transgénicos, no presentan vínculos causales con enfermedades humanas. La investigación, desarrollada por científicos de universidades de Corea del Sur y publicada en la revista científica GM Crops & Food, analizó datos de salud pública y de la literatura científica global para evaluar si la adopción de cultivos transgénicos se asoció con aumentos en enfermedades crónicas, sin encontrar evidencia consistente que respalde esa hipótesis.

El trabajo combinó una revisión exhaustiva de estudios científicos con un análisis comparativo de tendencias de enfermedades entre países, utilizando bases de datos internacionales de salud y herramientas estadísticas para detectar cambios significativos en la incidencia de distintas patologías a lo largo del tiempo. Los investigadores evaluaron la literatura publicada entre 1996 y 2023 y analizaron series epidemiológicas entre 1990 y 2020, comparando periodos antes y después de la introducción comercial de organismos genéticamente modificados (OGM) en distintos países.

Los resultados fueron claros: no se observó una coincidencia temporal consistente entre la autorización o expansión de cultivos transgénicos y aumentos de enfermedades como el cáncer, las alergias, la toxicidad reproductiva u otras patologías crónicas. Incluso al agrupar los datos mediante meta-análisis, los autores no identificaron señales epidemiológicas robustas que sugieran una relación causal entre el consumo de alimentos derivados de OGM y problemas de salud.

El análisis también consideró la evolución de enfermedades específicas, como el cáncer hepático, el linfoma no Hodgkin, la leucemia y el mieloma múltiple, en países con diferentes trayectorias regulatorias frente a los cultivos genéticamente modificados. En todos los casos, las tendencias observadas respondieron a múltiples factores sanitarios y sociales, pero no mostraron patrones compatibles con una hipótesis de daño asociado a estos alimentos.

Los autores subrayan, además, que la tecnología no es reciente ni marginal. Los cultivos genéticamente modificados se utilizan comercialmente desde mediados de los años noventa y actualmente se cultivan en más de 200 millones de hectáreas en el mundo, con una exposición alimentaria masiva en numerosos mercados.

Para el Dr. Miguel Ángel Sánchez, director ejecutivo de ChileBio, este nuevo análisis refuerza un cuerpo de evidencia científica que se ha consolidado durante décadas.

“Durante casi treinta años, los alimentos derivados de cultivos genéticamente modificados han sido consumidos por millones de personas en todo el mundo y han sido evaluados por la comunidad científica con un nivel de escrutinio pocas veces visto en la historia de la agricultura. Este estudio vuelve a confirmar que no existe evidencia que vincule su consumo con enfermedades humanas”, señaló.

El estudio también recuerda que diversas instituciones científicas y organismos internacionales han revisado de forma sistemática la evidencia disponible sobre la seguridad de los alimentos derivados de OGM, y coinciden en que los productos actualmente autorizados son tan seguros para el consumo como sus equivalentes convencionales.

En un contexto global marcado por el cambio climático, la presión sobre los sistemas alimentarios y la necesidad de producir más alimentos con menos recursos, los autores sostienen que contar con evidencia científica sólida es clave para evaluar con rigor el aporte de la biotecnología agrícola. En ese sentido, este nuevo estudio no constituye una conclusión aislada, sino que se suma a un cuerpo amplio y acumulativo de investigación que respalda la seguridad de los alimentos derivados de cultivos genéticamente modificados.

 

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Equipo Prensa
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