La urea superó el 70% de alza en Chile y el 77% en Perú en lo que va del año. El conflicto en Medio Oriente, el bloqueo del Estrecho de Ormuz y el alza del petróleo presionan simultáneamente dos frentes críticos para el agro: los combustibles y los fertilizantes. Los productores advierten que los efectos en los precios de los alimentos son solo cuestión de tiempo.

Redacción: Portal Agro Chile | Grupo Prensa Digital

Santiago / 11 de abril de 2026. Una tormenta perfecta se cierne sobre el agro latinoamericano. El conflicto armado en Medio Oriente, que desde el 28 de febrero escaló con los bombardeos a Irán, interrumpió simultáneamente la producción y la exportación de fertilizantes desde el Golfo Pérsico en el peor momento posible del calendario agrícola: la temporada de siembra en el hemisferio norte y la fase crítica de los cultivos de exportación en el sur.
El resultado es una escalada de precios que los productores de Chile, Perú, Argentina y México ya sienten con fuerza en sus costos de operación, y que las autoridades advierten que se trasladará inevitablemente a los precios de los alimentos.

El Estrecho de Ormuz: la arteria que el mundo olvidó
Por el Estrecho de Ormuz transitaba aproximadamente un tercio del comercio global de fertilizantes. Qatar, uno de los principales exportadores mundiales de urea —el fertilizante sintético nitrogenado más utilizado, obtenido a partir del gas fósil—, vio desplomarse sus exportaciones desde el inicio de los bombardeos. Países como Bangladesh, India y Pakistán debieron reducir su propia fabricación ante la escasez de gas licuado que les llegaba precisamente desde Qatar.

El Instituto de Fertilizantes de Estados Unidos identificó cuatro productos críticos que transitan por esa ruta: el amoníaco, la urea, el azufre —insumo clave para producir fertilizantes fosfatados, del que casi el 50% de la oferta mundial pasa por ese estrecho— y los fosfatos, donde Arabia Saudita es el principal proveedor de importaciones estadounidenses. El CEO de Yara, la mayor empresa de fertilizantes del planeta, calificó un cierre prolongado del estrecho como «catastrófico» para el suministro mundial de alimentos.

Los números que alarman al sector
En Chile, el presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), Antonio Walker, fue directo: la urea ya acumula un incremento del 70%, el fosfato monoamónico ha subido más del 50% y el potasio un 10%. En Perú, la situación es aún más aguda: según datos de la Asociación de Gremios Productores Agrarios del Perú (AGAP), la urea se ha apreciado más del 77% en lo que va de 2026, alcanzando precios de US$687,50 la tonelada, lo que representa una variación interanual superior al 100%. El nitrato de potasio pasó de US$850 la tonelada en enero a US$1.300 al cierre de marzo, y el nitrato de amonio bordea los US$650 la tonelada, un aumento de hasta el 50%.

En México, el Grupo Consultor de Mercados Agrícolas registró que entre enero de 2025 y marzo de 2026 la urea subió un 46,7%, el fosfato diamónico (DAP) un 57,2% y el fosfato monoamónico (MAP) un 53,6%. La aceleración fue marcada: entre el 20 de febrero y el 27 de marzo de 2026, los fertilizantes registraron alzas de entre 25 y 28% en pocas semanas.

En Argentina, un informe de la Bolsa de Cereales de Rosario (BCR) precisó que en 2025 el 39% de la importación de fertilizantes provino de países del área del Golfo Pérsico, cuyas producciones de gas, urea y amoníaco son clave en la producción granaria. El gas representa el 50% del costo de producción de fertilizantes, lo que hace que cualquier perturbación energética se transmita de inmediato al campo.

Chile: el problema es el cuándo, no solo el cuánto
El presidente de la SNA, Antonio Walker, fue preciso al señalar que el problema no es únicamente el precio sino la oportunidad: «Hoy el sur de Chile está sembrando y, cuando se siembra, se aplica fertilizante». En la siembra de granos, la fertilización representa el 40% del costo total, lo que hace que cualquier alza tenga un efecto directo sobre la rentabilidad del productor.

Para el sector frutícola y hortícola, el impacto es igualmente directo. El presidente de Fedefruta, Víctor Catán, señaló que el conflicto genera afectaciones tanto directas —a través del alza del petróleo— como indirectas, especialmente en los derivados como la urea, y llamó a avanzar hacia productos más eficientes y a reducir la dependencia de fertilizantes químicos, aunque reconoció que «hay que vivir la transición, no es de un día para otro».

Por su parte, Iván Marambio, presidente de Frutas de Chile, advirtió que «los fertilizantes son un insumo clave para la producción frutícola y su evolución tiene un impacto directo en los costos del sector», proyectando incrementos de hasta un 25% adicional durante el año, lo que introduce «una presión relevante sobre la estructura de costos y la competitividad de la cadena productiva».

Desde la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (ODEPA), señalaron que están monitoreando permanentemente el mercado internacional de fertilizantes: «Las interrupciones en el estrecho de Ormuz y las tensiones en el mercado del gas natural han reforzado las presiones sobre precios y disponibilidad, en un contexto de oferta ya tensionada tras el conflicto entre Rusia y Ucrania».y se estimó que un alza del 20% en fertilizantes nitrogenados podría implicar aumentos en los costos agrícolas del orden del 2% al 4% en cereales, dependiendo de cuánto se prolongue el conflicto.

El propio Walker adelantó que durante la semana se reunirá con el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, para plantear tres medidas urgentes del sector: eliminar la hora punta eléctrica —que obliga a usar generadores a diésel en frigoríficos y centrales frutícolas—, mantener un subsidio a la mano de obra, y restablecer la recuperación del impuesto específico a la maquinaria agrícola.

Perú: el 90% de los fertilizantes es importado
En Perú, la exposición es estructuralmente alta. Según Mario Salazar Vergaray, presidente del Comité de Agroindustrias de ADEX, el 90% de los productos nitrogenados son importados, principalmente desde China y Rusia, y más del 40% corresponde a urea. Los cultivos más afectados son los de alta densidad y alto valor exportador: arándanos, uvas, paltas, mangos y cítricos en sus etapas críticas de brote y fructificación, donde la fertilización no puede postergarse sin afectar la calidad y el volumen exportable.
Milton von Hesse, ex ministro de Agricultura, identificó dos grupos especialmente vulnerables: la agricultura familiar intermedia que abastece el mercado interno —productores de papa, arroz y maíz amarillo—, y los agroexportadores de regiones como Ica, Piura, La Libertad y Lima. Para este último grupo, un alza de entre 30% y 35% en la urea podría incrementar en alrededor de 6% el costo total de producción agrícola.

El escenario que más preocupa al sector es que la crisis se prolongue. En palabras del presidente de ADAS, Yuri Armas: «Si a junio esto se mantiene, la afectación será mayor; y si llega a septiembre u octubre, ahí vamos a sentir realmente el problema».

¿Subirán los precios al consumidor?
Walker fue cauteloso y calificó de «irresponsable» dar una cifra concreta, pero fue claro: «La tendencia de los alimentos en los precios va a aumentar». El factor que modera el alza inmediata es que hoy los mercados mayoristas reportan buena disponibilidad de hortalizas, frutas y carnes. Pero en la medida en que el otoño avance y la producción se desplace hacia el norte, ese colchón irá desapareciendo.

En Perú, la Convención Nacional del Agro (Conveagro) ya advirtió que en zonas como Pucallpa el saco de urea de 50 kilos llegó a costar hasta S/200, cuando antes oscilaba entre S/70 y S/80. El mercado mayorista de Santa Anita reporta incrementos de entre 5% y 10% en alimentos como la papa y la cebolla. La plataforma Helios AI proyectó que los precios globales de los alimentos podrían encarecerse entre un 12% y un 18% para finales de 2026.

La FAO, por su parte, reiteró que sus proyecciones indican que «los precios globales de los fertilizantes podrían estar en una media entre un 15% y un 20% más altos en la primera mitad de 2026 si la crisis persiste». El economista jefe del organismo, Máximo Torero, fue contundente: «No se trata únicamente de un shock energético, sino de un shock sistémico que afecta los sistemas agroalimentarios».

La deuda pendiente: la dependencia estructural de insumos importados
Detrás de esta crisis hay un problema que ningún gobierno de la región ha logrado resolver: la dependencia casi total de fertilizantes importados. En Chile, el 70% de la carne y el 50% del grano que se consume es importado. En Perú, el 90% de los fertilizantes nitrogenados vienen del exterior. En México, más del 70% del consumo nacional proviene de importaciones.
En Perú, la posibilidad de desarrollar una industria petroquímica nacional que permita producir fertilizantes localmente sigue siendo una promesa pendiente de varios gobiernos. «Yo creo que la inestabilidad política hace que no tomemos las acciones que corregirían esta dependencia del 90% de productos importados para la fertilización», señaló el vocero de ADEX.
Por ahora, la respuesta del sector privado es la adaptación: análisis de suelo para optimizar dosis, reducción de desperdicios, diversificación de fuentes de nitrógeno, importación directa de insumos y acuerdos de largo plazo con proveedores estratégicos. Medidas de eficiencia que, sin embargo, no resuelven el problema de fondo: un agro latinoamericano estructuralmente expuesto a los vaivenes de un mercado global que esta semana volvió a mostrar toda su fragilidad.

Fuentes: Emol / SNA / Fedefruta / Frutas de Chile / ODEPA (Chile) | El Comercio / AGAP / ADAS / ADEX / Von Hesse Consultores / Conveagro (Perú) | Infobae / BCR (Argentina) | El Imparcial / GCMA (México) | FAO / Helios AI (Internacional)

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Equipo Prensa
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