La Unión Europea definió el valor del carbono y cambia las reglas del comercio. El agro argentino evalúa cómo transformar esa señal en negocio.
La Comisión Europea fijó en 75,36 euros por tonelada de CO el valor de referencia del carbono dentro del Mecanismo de Ajuste en Frontera (CBAM), que comenzará a aplicarse desde 202. La medida, anunciada en los últimos días, marca un cambio profundo: la huella ambiental pasa a ser un factor económico determinante para el comercio internacional, con impacto directo en el agro argentino.
Para el sector, esta definición implica que producir ya no alcanza. A partir de ahora, también será necesario medir, certificar y gestionar las emisiones, en un contexto donde los mercados externos comienzan a exigir estándares ambientales cada vez más estrictos.
Un negocio en formación, con reglas exigentes
El avance de los mercados de carbono abre una oportunidad para el campo, aunque con condiciones claras. La posibilidad de generar ingresos a partir de créditos no es inmediata: requiere proyectos estructurados, mediciones precisas y certificaciones internacionales.
En la práctica, esto implica procesos de mediano y largo plazo, donde la captura de carbono -ya sea a través de la forestación, el manejo de suelos o la agricultura regenerativa- debe ser validada antes de transformarse en un activo comercializable.
Empresas vinculadas a soluciones basadas en la naturaleza ya comenzaron a avanzar en el país, desarrollando esquemas que integran producción y sustentabilidad. Sin embargo, el proceso demanda inversión, tiempo y escala.