El fenómeno de El Niño comenzará a liberar durante los próximos meses, especialmente entre finales de 2026 y mediados de 2027, una cantidad extraordinaria de calor almacenada en el océano Pacífico. La advertencia surge de los modelos climáticos internacionales publicados este 6 de julio y cobra relevancia porque esa transferencia de energía podría convertir a 2027 y 2028 en los años más cálidos desde que existen registros, intensificando los efectos del cambio climático y generando consecuencias directas sobre la producción agropecuaria, la seguridad alimentaria, los mercados internacionales y la economía global.

Durante los últimos meses, el Pacífico ecuatorial acumuló niveles excepcionales de energía térmica tanto en su superficie como en las capas superiores del océano. Ese exceso de calor, reforzado por el calentamiento global provocado por la actividad humana, comenzará ahora a escapar hacia la atmósfera mediante el desarrollo de un episodio intenso de El Niño, la fase cálida del fenómeno ENOS (El Niño-Oscilación del Sur). Los especialistas consideran que esta liberación representa uno de los mayores intercambios de energía entre el océano y la atmósfera de las últimas décadas, con capacidad para modificar el comportamiento climático de todo el planeta.

En los próximos meses, y sobre todo entre finales de 2026 y 2027, seremos testigos de una de las transferencias de energía más significativas del sistema climático terrestre.
En los próximos meses, y sobre todo entre finales de 2026 y 2027, seremos testigos de una de las transferencias de energía más significativas del sistema climático terrestre.
 

En condiciones normales, los vientos alisios desplazan las aguas cálidas hacia el oeste del Pacífico, favoreciendo el afloramiento de aguas frías frente a las costas de Perú y Chile. Sin embargo, durante El Niño esos vientos se debilitan o incluso cambian de dirección, permitiendo que las aguas cálidas avancen hacia el Pacífico oriental. La temperatura superficial del mar puede incrementarse entre 1 y 3 grados centígrados, elevando considerablemente la evaporación y generando enormes columnas de aire cálido y húmedo que ascienden hasta la troposfera liberando cantidades gigantescas de calor latente.

Esa energía no permanece sobre el océano. El calentamiento modifica la circulación atmosférica mundial mediante la generación de ondas de Rossby, enormes perturbaciones que recorren la atmósfera y alteran la trayectoria de las corrientes en chorro. Como consecuencia, aumentan las probabilidades de bloqueos atmosféricos persistentes, olas de calor, sequías, lluvias extremas y variaciones abruptas de temperatura en diferentes regiones del planeta. Los expertos advierten que estos cambios repercuten tanto sobre América como sobre Europa, Asia y Oceanía, alterando los patrones meteorológicos habituales.

El calor acumulado no queda atrapado en el océano. A medida que aumenta la temperatura superficial del mar (SST), aumenta también la evaporación.
El calor acumulado no queda atrapado en el océano. A medida que aumenta la temperatura superficial del mar (SST), aumenta también la evaporación.

Los modelos climáticos indican que el pico de intensidad de El Niño llegará entre finales de 2026 y principios de 2027, aunque sus efectos más importantes sobre la temperatura media global se observarán durante 2027 y también a lo largo de 2028. La explicación es que el océano libera lentamente la enorme energía acumulada y ese calor adicional se suma a una atmósfera que ya presenta temperaturas récord debido al calentamiento global. Las proyecciones muestran que el planeta podría alcanzar anomalías cercanas a 1,7 °C respecto del período preindustrial, superando incluso los registros históricos observados en 2024.

El Niño pondrá a prueba al clima global: 2027 y 2028 podrían romper todos los récords

Para el sector agropecuario, este escenario representa un desafío de enorme magnitud. La mayor frecuencia de fenómenos extremos podría afectar los rendimientos agrícolas, modificar calendarios de siembra, incrementar los riesgos para la ganadería y alterar los flujos del comercio agroalimentario internacional. A ello se suman posibles impactos sobre la logística de exportación, la disponibilidad de agua, los costos de producción y la volatilidad de los precios internacionales de los commodities agrícolas. En este contexto, los especialistas coinciden en que fortalecer la resiliencia climática, acelerar la adopción de tecnologías de monitoreo y mejorar la planificación serán factores determinantes para enfrentar un escenario que promete marcar un nuevo capítulo en la historia del clima mundial.

Fuente: Agrolatam.com

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