• Monserrat Valenzuela, presidenta del Comité de Cítricos de Frutas de Chile, destacó que las heladas no generaron impactos relevantes esta temporada, aunque las lluvias obligaron a ajustar volúmenes. Estados Unidos continúa concentrando gran parte de los envíos.

 

La temporada chilena de cítricos avanza con volúmenes importantes de exportación, aunque los últimos eventos climáticos llevaron a la industria a realizar ajustes en sus estimaciones. Las lluvias incidieron principalmente en la proyección de mandarinas, que bajó desde 190 mil a 180 mil toneladas, mientras clementinas, naranjas y limones mantienen un desarrollo acorde con las expectativas del sector.

Así lo explicó Monserrat Valenzuela, presidenta del Comité de Cítricos de Frutas de Chile, quien realizó un balance del momento productivo y comercial de una industria que enfrenta simultáneamente desafíos climáticos, logísticos y comerciales.

De acuerdo con Valenzuela, las clementinas ya finalizaron su temporada con 64 mil toneladas exportadas. En mandarinas, cuya cosecha y exportación están comenzando, la estimación inicial de 190 mil toneladas fue reducida a 180 mil toneladas debido al efecto de las recientes lluvias.

Hasta el momento de la entrevista se habían embarcado alrededor de 3 mil toneladas de mandarinas, un ritmo que calificó como normal en comparación con temporadas anteriores.

En el caso de las naranjas, la proyección se mantiene en 134 mil toneladas, con aproximadamente 68 mil toneladas ya exportadas y una temporada que avanzaba hacia su etapa final.

Para los limones, en tanto, se esperan 118 mil toneladas, con cerca de 70% de avance de la campaña.

Lluvias ajustan volúmenes, pero entregan un respiro hídrico

El clima ha sido uno de los factores determinantes de esta temporada.Valenzuela explicó que los productores han debido enfrentar tanto sistemas frontales como episodios de heladas. Sin embargo, aseguró que los huertos citrícolas poseen actualmente mayores capacidades para anticiparse y responder a eventos de bajas temperaturas.

El monitoreo permanente mediante termógrafos y otras herramientas permite conocer las diferencias térmicas incluso dentro de un mismo predio y activar oportunamente sistemas de protección por agua, calor o ventiladores, dependiendo de la tecnología disponible en cada explotación.

“Este año tuvimos heladas, pero no impactaron fuertemente”, indicó la dirigente gremial, destacando la capacidad de adaptación que han desarrollado los productores.

Las lluvias, en cambio, han tenido un efecto doble. Por una parte, ralentizaron temporalmente las cosechas y provocaron ajustes en determinados volúmenes de exportación. Pero, desde la perspectiva de disponibilidad hídrica, Valenzuela aseguró que el escenario resulta significativamente más favorable que en temporadas anteriores.

Según señaló, actualmente existirían reservas de agua que permitirían entregar un respiro de aproximadamente cuatro años a la industria, luego de un prolongado período marcado por la sequía.

Una vez superadas las interrupciones provocadas por las precipitaciones, agregó, las cosechas han retomado su ritmo y los embarques continúan normalmente.

Producción concentrada entre Coquimbo y O’Higgins

La producción de cítricos destinada a exportación se concentra principalmente entre las regiones de Coquimbo y O’Higgins, territorios que precisamente han estado expuestos durante esta temporada a sistemas frontales y eventos de bajas temperaturas.

Hasta ahora, según la presidenta del Comité, no se observan impactos generalizados que comprometan el desarrollo global de la campaña, aunque existen situaciones puntuales que están siendo abordadas por las empresas y productores.

El comportamiento de cada especie, sin embargo, es diferente. Clementinas, mandarinas, naranjas y limones poseen fechas distintas de cosecha, mercados y dinámicas comerciales, por lo que la industria analiza la temporada de manera diferenciada.

 

Estados Unidos sigue dominando las exportaciones

Uno de los elementos más relevantes del negocio citrícola chileno continúa siendo su fuerte concentración en Estados Unidos.

De acuerdo con las cifras entregadas por Valenzuela, aproximadamente 99% de las exportaciones de clementinas chilenas tiene como destino el mercado estadounidense, proporción que se repite prácticamente en mandarinas.

En naranjas, Estados Unidos concentra cerca de 80% de los envíos, aunque esta especie cuenta también con mercados importantes en América Latina.

La situación del limón es algo más diversificada. Estados Unidos recibe aproximadamente 60% de las exportaciones, mientras Chile dispone además de un mercado doméstico significativo y otros destinos internacionales, entre ellos Japón.

Esta concentración explica por qué cualquier modificación en las condiciones de acceso al mercado estadounidense adquiere inmediata relevancia para productores y exportadores.

Precisamente, los aranceles fueron identificados por la presidenta del Comité como uno de los principales desafíos comerciales para la actual industria frutícola.

Valenzuela señaló que su aplicación genera una pérdida de competitividad que trasciende a los cítricos y termina repercutiendo sobre toda la cadena, incluido el productor.

Dentro de las principales especies citrícolas, explicó, la naranja es la excepción al no estar actualmente afectada por el arancel, mientras los restantes productos enfrentan el impacto de esta medida.

En este escenario, Frutas de Chile ha trabajado entregando antecedentes técnicos y comerciales a las autoridades chilenas para apoyar las gestiones destinadas a conseguir la eliminación de estos gravámenes.

“Frutas de Chile ha apoyado a las autoridades con información, con respaldo, para lograr, y esperamos que así sea, que ese arancel se elimine de los productos”, señaló Valenzuela, agregando que sus consecuencias finalmente se transmiten a toda la cadena y alcanzan al productor.

Diversificar sí, pero el precio sigue mandando

Paralelamente, la industria continúa explorando nuevas alternativas comerciales.

Valenzuela reconoció que existe un esfuerzo permanente por diversificar los destinos, aunque recordó que las decisiones finalmente están fuertemente determinadas por el precio que ofrece cada mercado.

Estados Unidos continúa siendo especialmente atractivo por sus dimensiones y capacidad para absorber elevados volúmenes.

En el hemisferio sur, Chile debe competir además con importantes productores como Sudáfrica y Australia, junto con Perú, Uruguay y Argentina, este último especialmente relevante en limones.

La competencia obliga a la industria chilena no solo a buscar mercados, sino también a diferenciarse mediante condición, calidad, variedades y cumplimiento de las exigencias comerciales.

México y Latinoamérica abren oportunidades

América Latina aparece como otra zona con posibilidades de crecimiento, particularmente para las naranjas.

La dirigente destacó además la apertura de México para los cítricos chilenos, concretada hace aproximadamente dos años, calificándolo como un mercado de dimensiones relevantes y con capacidad de recibir volúmenes de naranjas, mandarinas y limones.

“Chile tiene muy buenas oportunidades en Latinoamérica, especialmente con las naranjas”, indicó.

Para la industria, disponer de mercados capaces de absorber volúmenes resulta especialmente importante en temporadas de mayor producción y constituye una herramienta para disminuir los riesgos de una elevada concentración comercial.

Otro mensaje relevante para los productores fue la necesidad de entender la competitividad como un conjunto de decisiones interconectadas. Valenzuela destacó que innovación varietal, tecnologías de riego, nutrición, manejo productivo y logística forman parte de una misma cadena.

No basta con producir fruta de buena apariencia al momento de la cosecha. Si el objetivo es llegar a mercados de larga distancia manteniendo condición y calidad, especialmente destinos como Japón, el proceso debe comenzar mucho antes.

“La fruta la preparas desde el huerto”, afirmó.

Una fruta destinada a mercados exigentes debe haber recibido un adecuado manejo durante su producción, pasar posteriormente por un correcto proceso en packing, mantenerse bajo las condiciones de frío necesarias y finalmente ser embarcada conservando sus atributos comerciales.

El mercado chileno también tiene peso

Aunque el comercio exterior concentra buena parte de la atención del sector, Valenzuela recordó que existe un mercado nacional relevante para los cítricos.

Los limones cuentan con una demanda doméstica significativa y las primeras clementinas de cada temporada suelen ser bien recibidas por los consumidores.

Dentro de la oferta también comienzan a ganar visibilidad variedades diferenciadas, como la naranja Cara Cara, reconocible por su pulpa de tonalidad rosada y por su contenido de licopeno.

Este tipo de variedades representa también una oportunidad para aumentar la diferenciación y ampliar las alternativas disponibles tanto para productores como para consumidores.

“El cuidado de la fruta parte en el huerto”

De cara al cierre de la temporada, la presidenta del Comité de Cítricos dejó un mensaje especialmente dirigido a los productores.

El desafío, sostuvo, está en no descuidar ninguna de las etapas necesarias para asegurar que la fruta conserve su calidad desde el campo hasta el consumidor.

“Partimos el cuidado de la fruta en el huerto. No descuidar ninguna de las etapas. En este momento y siempre es un desafío la producción, ya sea de cualquier fruta. Los productores están enfrentando muy bien esos desafíos. Están incorporando tecnologías y están sacando muy buena fruta. Preocuparse de que la fruta que exportamos sea de primera calidad”, señaló.

Con una temporada que avanza dentro de parámetros esperados, aunque ajustada por las últimas lluvias, la industria citrícola chilena enfrenta ahora un segundo desafío: terminar correctamente la campaña y mantener su competitividad en mercados internacionales cada vez más exigentes, donde calidad, costos, logística, aranceles y capacidad de diversificación serán determinantes para el resultado final.

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Equipo Prensa
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