Donald Trump quiere que Estados Unidos tenga las tasas de interés más bajas del mundo. El mercado, por ahora, está apostando exactamente en la dirección contraria. A tres días de la decisión de la Reserva Federal, la aceleración de la inflación estadounidense llevó la probabilidad implícita de una suba de tasas en septiembre a alrededor del 86%, una señal con implicancias que exceden a Wall Street: dólar, costo del crédito y precios de los commodities forman parte de la transmisión hacia el agro latinoamericano.

El presidente estadounidense reiteró este domingo, durante una visita a Irlanda, que su país debería pagar las tasas más bajas independientemente de las fórmulas utilizadas para determinarlas. Consultado sobre qué espera de la reunión de la Fed de esta semana, respondió que no lo sabía.

El contrapunto aparece en los números. El Índice de Precios al Consumidor de Estados Unidos aumentó 0,4% en agosto respecto de julio y 3,4% interanual. La inflación mensual había sido de apenas 0,1% en julio. El componente energético ganó peso en esa aceleración, mientras la inflación subyacente avanzó 0,3% mensual.

Después de conocerse esos datos, los futuros sobre tasas elevaron desde aproximadamente 72% hasta 86% la probabilidad asignada a un incremento de 25 puntos básicos en la reunión de septiembre.

La Fed llega dividida a una decisión que puede cambiar el costo del dinero

La Reserva Federal mantiene actualmente su tasa objetivo en un rango de 3,50% a 3,75%. Pero hay un antecedente relevante que ayuda a entender por qué el dato de inflación adquirió tanta importancia: en la reunión del 28 y 29 de julio, el Comité Federal de Mercado Abierto decidió mantener las tasas, aunque tres de sus integrantes votaron por incrementarlas 25 puntos básicos.

La reunión del 15 y 16 de septiembre encuentra ahora al organismo frente a una inflación que continúa por encima de su objetivo de largo plazo y con mayores presiones provenientes de los costos energéticos.

La tensión política corre por otro carril. Trump sostiene que la fortaleza crediticia de Estados Unidos debería traducirse en un costo del dinero inferior y ha cuestionado reiteradamente la política de tasas de la Fed. Kevin Warsh, elegido por el propio presidente para conducir el banco central, enfrenta así su primera gran prueba entre las expectativas del mercado y las preferencias expresadas desde la Casa Blanca.

Indicador Actual Comparación
Tasa objetivo de la Fed 3,50%-3,75% Sin cambios desde diciembre de 2025
IPC mensual de agosto +0,4% +0,1% en julio
IPC interanual +3,4% 3,4% en julio
Probabilidad de suba en septiembre ?86% ?72% antes del IPC
 Fuente: Reserva Federal, datos oficiales de inflación de EE.UU. y mercado de futuros sobre tasas.

La conexión con el agronegocio no es automática ni tiene un único sentido. El propio Servicio de Investigación Económica del USDA identifica a las tasas de interés, el tipo de cambio, el comercio, los ingresos y los costos energéticos entre las variables macroeconómicas capaces de modificar precios agrícolas, producción, consumo y comercio.

Una política monetaria más restrictiva tiende a encarecer el financiamiento y puede sostener al dólar frente a otras monedas. El viernes posterior al dato de inflación, de hecho, la moneda estadounidense avanzó frente al euro y al franco suizo mientras aumentaban las expectativas de una suba de la Fed.

Para las cadenas agroexportadoras latinoamericanas aparecen entonces dos fuerzas diferentes. Un dólar más fuerte puede modificar la competitividad cambiaria de los países exportadores y la conversión a moneda local de ventas internacionales denominadas en dólares. Pero tasas estadounidenses más elevadas también pueden endurecer las condiciones financieras globales y aumentar el costo del capital para empresas, inversiones e infraestructura.

En julio, un trabajo de investigadores de la propia Reserva Federal volvió a señalar otra característica especialmente relevante para América Latina: las economías emergentes dependientes de commodities están particularmente expuestas a las fluctuaciones de precios internacionales y a su relación con los spreads soberanos, el tipo de cambio y las condiciones de financiamiento.

Eso significa que no alcanza con asumir que una suba de tasas es necesariamente negativa o positiva para soja, maíz, trigo, café, azúcar o carnes. El efecto final dependerá de cómo reaccionen simultáneamente el dólar, la demanda mundial, los precios de los commodities, las monedas latinoamericanas y el costo financiero.

Trump suma el comercio a la discusión sobre las tasas

Hay además un elemento que vuelve esta discusión particularmente relevante para América Latina. Trump no limitó sus cuestionamientos a la política monetaria: también planteó recientemente la posibilidad de interrumpir el comercio con determinadas economías con las que Estados Unidos registra déficit si la Fed no reduce los costos de financiación.

Hasta ahora no existe una medida comercial concreta derivada de esa declaración. Por eso debe leerse como una posición expresada por el presidente y no como una nueva política comercial estadounidense.

Pero la combinación merece atención para un sector agroalimentario altamente integrado al mercado internacional. Una eventual modificación de aranceles o de las condiciones de acceso a Estados Unidos tendría consecuencias diferentes según cada cadena y cada país, desde los socios del T-MEC hasta los exportadores sudamericanos de alimentos.

El primer dato concreto llegará el miércoles 16 de septiembre, cuando la Reserva Federal comunique su decisión. Si finalmente aumenta 25 puntos básicos el rango de tasas, sería la primera suba desde julio de 2023 y rompería el ciclo de recortes iniciado en septiembre de 2024.

Fuente: Agrolatam

Agreganos como fuente preferida en Google
Síguenos en Google Noticias

Equipo Prensa
Portal Innova