- La entrada en operación del servicio Alpaca de MSC, inaugurada con el MSC Lome V, recorta a 23 días el tránsito Asia–Callao y extiende recaladas directas a Arica, Iquique y San Antonio, presionando tarifas y estrategias en plena temporada frutícola.
La costa del Pacífico sudamericano vivió en octubre un punto de inflexión: la irrupción del servicio Alpaca de Mediterranean Shipping Company (MSC) — estrenado con el portacontenedores MSC Lome V — estableció un corredor directo entre Asia y Sudamérica que, en la práctica, deja de ser una exclusividad del megapuerto peruano de Chancay y reordena la competencia logística regional.
El hito se materializó el 23 de octubre con la recalada en el Terminal Norte Multipropósito del Callao tras 23 días de navegación sin escalas desde Ningbo, China. MSC y medios especializados confirman que el esquema considera llamadas regulares en Chile (Arica, Iquique y San Antonio), con una cadencia semanal diseñada para la carga refrigerada.
Para el agroexportador chileno el cambio es concreto: menos transbordos, menores riesgos de desalineamiento de cadena fría y ventanas de llegada más predecibles a China y Corea, en la antesala y peak de la temporada de cerezas y posteriores embarques de arándanos y uva de mesa. MSC destaca “tiempos líderes de mercado” entre Ningbo/Busan y Callao, y los itinerarios divulgados por analistas independientes incluyen escalas en Arica, Iquique y San Antonio, configurando por primera vez una ruta Far East–Chile verdaderamente point-to-point para la fruta fresca.
Hasta ahora, Chancay había capitalizado la propuesta de viajes directos para posicionarse como nodo maestro de la costa oeste sudamericana hacia Asia. Con Alpaca, el tablero se equilibra: Callao exhibe el mismo tiempo de tránsito que Chancay hacia China y, de paso, “acerca” esa ventaja a los puertos chilenos por continuidad de servicio. BioBioChile reportó que el itinerario directo ya se extendió a Arica, Iquique y San Antonio, mientras que APM Terminals en Perú y publicaciones sectoriales detallaron la primera escala, la nave utilizada y la periodicidad de las recaladas.
El impacto competitivo no solo será de tiempos. En Perú, la Autoridad Portuaria Nacional y Ositrán avanzan en un marco tarifario para Chancay, pero la presión de un servicio directo alternativo anticipa descuentos comerciales para sostener volúmenes. Voces del sector en Lima ya apuntan a tarifas reefer agresivas y a que, aun con topes regulatorios, el mercado empujará precios efectivos por debajo de esos máximos, especialmente en contenedores de 40 pies, un insumo clave para fruta fresca.
Para Chile, la oportunidad y la tarea vienen juntas
La integración de Alpaca con los terminales del norte grande y con San Antonio puede recortar días y mermas en cadena de frío, pero exige ganar resiliencia operativa en temporada alta. En 2023 San Antonio debió cerrar operaciones con frecuencia por marejadas anómalas; las obras de refuerzo en su molo de abrigo buscan llevar la operatividad al 95%, un umbral crítico si el país quiere capturar al máximo los beneficios de una ruta directa y sostener la promesa de mejores “ventanas” para la cereza y otros cultivos sensibles.
Con un comercio más volátil y una Sudamérica que intenta depender menos de escalas en Norteamérica. Con conexiones sin transbordo a China y Corea y recaladas programadas en Chile, el Alpaca puede convertirse en el “puente” de la fruticultura regional al Asia, con costos logísticos más contenidos y, sobre todo, con menor incertidumbre de tránsito.


































