Durante dos años INIA liderará investigación para rescatar, conservar y multiplicar “Alta Sierra”, una variedad ancestral de alfalfa, seleccionada por agricultores de la Región de Arica y Parinacota durante generaciones. Sin duda, se trata de una de las iniciativas más desafiantes asociadas a seguridad forrajera, resiliencia agropecuaria en zonas áridas y conservación de variedad ancestral.
Esta iniciativa Alfalfa ancestral “Alta Sierra” para una ganadería sustentable en la Región de Arica y Parinacota: Desarrollo de un sistema de producción de semilla de alta calidad e innovación en tecnología de semillas escalable a nivel comercial por comunidades agrícolas de la Región” código BIP 40076449-0 , es financiada por el Gobierno Regional de Arica y Parinacota y aprobado por su Honorable Consejo Regional, con recursos del Fondo Regional para la Productividad y el Desarrollo, año 2025.
Región de Arica y Parinacota, Junio de 2026. En los valles de Camarones y Lluta, donde el sol golpea fuerte y el agua es un tesoro, crece silenciosamente un legado agrícola de más de 300 años. Es la alfalfa «Alta Sierra», una variedad ancestral que llegó con los conquistadores españoles y que, generación tras generación, las comunidades aymaras han intentado preservar y seleccionar con esfuerzo.
No es cualquier alfalfa. Es una superviviente innata, tolerante a la salinidad, la sequía, el frío y los suelos cargados de boro presentes en estos lares. Es, en esencia, la base de la ganadería de la Región de Arica y Parinacota, el sustento proteico para miles de cabezas de ganado camélido, ovino y caprino. Sin embargo, este patrimonio genético y productivo se ha visto amenazado por una producción de semilla artesanal, de baja calidad y escasa cantidad. Hoy, esa historia comienza a cambiar.
El Instituto de Investigaciones Agropecuarias INIA se adjudicó recientemente el proyecto “Alfalfa ancestral ´Alta Sierra´ para una ganadería sustentable en la Región de Arica y Parinacota: desarrollo de un sistema de producción de semilla de alta calidad e innovación en tecnología de semillas escalable a nivel comercial por comunidades agrícolas de la Región”, código BIP 40076449-0, financiado por el Gobierno Regional de Arica y Parinacota y aprobado por su Honorable Consejo Regional, con recursos del Fondo Regional para la Productividad y el Desarrollo, año 2025.
Se trata de un proyecto pionero que busca quintuplicar la producción de semilla de esta variedad centenaria, adaptada al árido clima de Arica y Parinacota, asegurando el sustento forrajero para miles de camélidos, ovinos y caprinos.
Con una inversión que supera los 118 millones de pesos, la iniciativa «Alfalfa ancestral ‘Alta Sierra’ para una ganadería sustentable» tiene un tremendo desafío que es desarrollar un sistema comercial de producción de semilla de alta calidad, escalable para las comunidades agrícolas de la región y de esa manera poder asegurar un futuro forrajero más auspicioso y la soberanía alimentaria de la región de Arica y Parinacota.
«Esta alfalfa es un tesoro genético y la columna vertebral de la ganadería local. Es irremplazable. Intentamos introducir variedades modernas, pero su rendimiento y persistencia eran entre un 30 y un 60% inferiores”, comenta el director del proyecto, el Dr. Luis Inostroza, experto en praderas y mejoramiento genético e investigador del Programa de Alfalfas de INIA.
La ‘Alta Sierra’ está perfectamente adaptada a estos lares», explica Luis Inostroza, «el problema es que su semilla, producida de manera casi artesanal, tiene una germinación muy baja (entre 30 y 60%), muchas impurezas y no está inoculada con rizobios, bacterias clave para fijar nitrógeno en el suelo. Eso limita de manera significativa su potencial».
Diagnóstico
Los números hablan por sí solos. Mientras en los valles centrales de Chile la producción de semilla de alfalfa puede alcanzar los 1.000 kg por hectárea, en los suelos de Arica y Parinacota llega apenas a los 100 kg/ha. Esta escasez, recalca el especialista, “y baja calidad es el cuello de botella que impide expandir los alfalfares, esenciales para alimentar al ganado en una región donde la pradera natural es escasa”.
Actualmente, alrededor de 1.000 hectáreas son cultivadas por 200 unidades productivas, principalmente en las comunas de Camarones, Arica y Putre, sustentando directamente a unas 400 familias, con una equitativa participación entre hombres y mujeres.
A pesar de su importancia, “Alta Sierra” no está inscrita en el registro oficial de variedades del SAG. Eso impide que los agricultores accedan a subsidios como el SIRSD, que ayuda a recuperar suelos degradados. Este proyecto INIA/GORE va a generar toda la información genética y agronómica necesaria para solicitarlo. Una vez registrada, la semilla podrá multiplicarse y venderse con garantía oficial. “Un paso histórico para los agricultores del norte”, asegura el Dr. Inostroza.
Actualmente existen 20 accesiones que se encuentran en Chillán. Cada accesión de Alta Sierra que se recolecta se guarda en el Banco de Germoplasma del INIA. Aquí se conservan a baja temperatura y humedad controlada, para que no pierdan su capacidad de germinar. Así, aunque en el campo una variedad desaparezca por una sequía extrema, siempre habrá una copia de seguridad. El equipo de recursos genéticos del INIA es el guardián de esta valiosa biodiversidad agrícola.
Además, recalca el especialista, “vamos a introducir siembra de precisión, riego tecnificado, métodos de polinización asistida y cosecha mecanizada a escala de pequeño agricultor. La meta es quintuplicar el rendimiento: de 100 a 500 kilos de semilla por hectárea”. Asimismo, por primera vez en la región, se estará inoculando y peletizando la semilla con rizobios adaptados a suelos salinos. “Eso significa que cada semilla trae su propio fertilizante natural”, precisa el experto.
“Estamos ante una oportunidad histórica de profesionalizar un saber ancestral con tecnología de punta, generando un círculo virtuoso: mejores semillas, más alfalfa, ganado mejor alimentado y mayores ingresos para las familias campesinas y comunidades aymaras», sostiene el Dr. Luis Inostroza.
El proyecto dura dos años, pero la transferencia tecnológica no termina aquí. Se dejará instalada una red de agricultores multiplicadores que seguirán enseñando a sus vecinos. Además, los manuales quedarán disponibles en la biblioteca digital del INIA y en las oficinas municipales. Y los especialistas del INIA seguirán disponibles para consultas a través de correo electrónico. Porque la ciencia es un proceso, no un evento.
Los cuatro ejes
El proyecto se estructura en torno a cuatro objetivos específicos, directamente vinculados a actividades en terreno, laboratorio y transferencia tecnológica, abordando brechas claves que actualmente limitan el desarrollo del cultivo.
El primer eje apunta a reducir el desconocimiento sobre la diversidad genética de “Alta Sierra”. Para ello, se realizará la caracterización genética de 20 accesiones recolectadas en los valles de la Región de Arica y Parinacota, utilizando herramientas de biología molecular de última generación.
Esta parte de estudio está a cargo de la investigadora Erika Salazar Suazo, especialista del INIA con amplia experiencia en rescate y valoración de variedades locales, permitirá diferenciar claramente la variedad “Alta Sierra” de otros ecotipos locales, aportar información clave para su mejoramiento futuro y asegurar su conservación en el Banco de Germoplasma de INIA, resguardando este recurso estratégico para las próximas generaciones.
El segundo eje aborda el bajo nivel tecnológico en la multiplicación de semillas. Para ello se implementarán tres unidades de producción de semilla, de 0,5 hectárea cada una, en predios de agricultores de la comuna de Camarones y en la estación experimental Pampa Concordia de INIA Ururi, en Arica. Estos módulos funcionarán como espacios de aprendizaje práctico, donde se desarrollarán talleres de siembra, control de malezas, polinización, riego y cosecha mecanizada. Con un manejo agronómico optimizado, se espera incrementar hasta cinco veces el rendimiento de semilla, mejorando su disponibilidad y proyección comercial.
El tercer eje se enfoca en la baja calidad de la semilla producida de forma artesanal. El proyecto contempla la implementación de tecnologías de selección, inoculación y peletizado de semilla, a escala de pequeño agricultor. Además, se aplicarán métodos estandarizados para evaluar la calidad de la semilla, como porcentaje de germinación y viabilidad, incorporando rizobios adaptados a los suelos de la región. Estas innovaciones permitirán elevar la calidad, el valor agregado y la sustentabilidad del cultivo, reduciendo costos de establecimiento.
Finalmente, el cuarto eje corresponde a la capacitación y transferencia tecnológica. A través de una estrategia integral de extensión del conocimiento técnico generado, que incluye días de campo, talleres, charlas técnicas, publicaciones divulgativas y científicas, el proyecto capacitará a más de 400 agricultores, técnicos y estudiantes. Este proceso fortalecerá el conocimiento local, aumentará la superficie cultivada con Alta Sierra y contribuirá a elevar la disponibilidad de forraje para los sistemas ganaderos de la región.
«Este proyecto va más allá de lo productivo; es de identidad y soberanía», afirma Viviana Barahona, parte del equipo de extensión y transferencia. «Poner en valor la ‘Alta Sierra’, reconocer el trabajo centenario de las comunidades, y darles las herramientas para que sean ellos los protagonistas de su comercialización formal, es un paso enorme hacia un desarrollo territorial justo y sustentable».
Investigadores de Australia, Europa y Estados Unidos se han interesado en el germoplasma de Alta Sierra por su tolerancia a la sequía y la salinidad. El INIA ya ha publicado artículos científicos en revistas internacionales sobre estas accesiones. Con este proyecto, se publicarán más estudios que pondrán el nombre de Arica y Parinacota en el mapa de la ciencia agrícola mundial ya que lo que nace en un valle del norte podría ayudar a resolver problemas globales.
Con la «Alta Sierra» como estandarte, el INIA y el Gobierno Regional de Arica y Parinacota siembran hoy las semillas de un futuro más resiliente. Un futuro donde el conocimiento ancestral y la innovación tecnológica se entrelazan para garantizar que la «reina de las forrajeras» siga siendo, por muchos siglos más, el sustento de la ganadería y las comunidades del norte árido de Chile.
El equipo técnico del proyecto está integrado por Luis Inostroza, jefe del proyecto e investigador en mejoramiento genético de semilla de alfalfa, quien coordina el programa y las actividades del proyecto; Erika Salazar, investigadora en conservación de recursos genéticos vegetales, encargada de la caracterización genética de la variedad; Viviana Barahona, extensionista que coordinará a los agricultores de la región de Arica y Parinacota y colaborará en difusiones mediante publicaciones técnicas y divulgativas; Gerson Monzón, ejecutor y coordinador del programa del proyecto; Macarena Gerding, experta en protocolos de inoculación, responsable de implementar la inoculación de rizobios y la peletización de la semilla de alfalfa; y Maryorie Allende, quien apoya como directora de INIA Ururi, centro regional desde el cual se ejecuta esta iniciativa.
Sobre INIA
El Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) es la principal institución de investigación, desarrollo, innovación y transferencia agroalimentaria de Chile. Vinculada al Ministerio de Agricultura, cuenta con presencia nacional y un equipo de trabajo altamente calificadas. Ejecuta iniciativas que contribuyen a la transformación sostenible de la agricultura nacional, creando soluciones innovadoras y productos con valor agregado que responden a los desafíos agroalimentario del país y el mundo.
































