El regreso del fenómeno climático El Niño amenaza con complicar aún más la situación de los productores de arroz del sur de Brasil, que llegan a la próxima campaña golpeados por varios años de eventos climáticos extremos, altos costos de producción y una rentabilidad cada vez más ajustada. El mayor temor se concentra en Rio Grande do Sul, estado que aporta alrededor del 70% del arroz brasileño, donde especialistas advierten que un nuevo ciclo de lluvias intensas podría afectar tanto la siembra como los rendimientos y profundizar una crisis que ya comenzó a modificar las decisiones de inversión de los agricultores.
La preocupación surge en un marco particularmente delicado para el sector. La campaña actual finalizará con una producción cercana a 7,8 millones de toneladas, alrededor de un 10% menos que la anterior, mientras numerosos productores continúan enfrentando pérdidas económicas derivadas de los fenómenos meteorológicos registrados en los últimos años. A esta situación se sumó durante 2026 el incremento en los precios de fertilizantes y combustibles, impulsado por las tensiones geopolíticas en Medio Oriente, lo que volvió a elevar los costos de producción.
Una sucesión de crisis que deterioró la rentabilidad del cultivo
La posible llegada de un nuevo episodio de El Niño encuentra a los arroceros con un margen financiero mucho más reducido que en campañas anteriores. Analistas del mercado sostienen que la combinación de costos crecientes, precios estancados y pérdidas de rendimiento ha deteriorado el equilibrio económico de la actividad, dejando a muchos establecimientos con escasa capacidad para absorber un nuevo evento climático adverso.
Los antecedentes recientes explican buena parte de esa preocupación. En pocos años, la principal región arrocera de Brasil atravesó una severa sequía en 2022, inundaciones durante 2023, las históricas lluvias que devastaron Rio Grande do Sul entre abril y mayo de 2024 y nuevos eventos de precipitaciones intensas en 2025 que volvieron a afectar zonas productivas como Santa Vitória do Palmar y Alegrete. La repetición de estos fenómenos redujo la capacidad financiera de numerosos productores y aumentó el nivel de incertidumbre frente a cada nueva campaña.
Para los especialistas, el comportamiento que finalmente adopte El Niño será determinante. Si el fenómeno alcanza una intensidad elevada, las lluvias superiores a lo normal podrían retrasar las labores de siembra, previstas para septiembre, y reducir las horas de radiación solar disponibles para el cultivo, afectando directamente el potencial de rendimiento. Incluso existe preocupación por la posibilidad de que la producción nacional llegue a ubicarse por debajo del nivel de consumo interno si se repiten escenarios climáticos similares a los registrados en el pasado.
Los productores reducen inversiones mientras crece la incertidumbre
El impacto de la crisis ya comienza a reflejarse en las decisiones empresariales. Algunos agricultores redujeron la superficie destinada al arroz y analizan nuevos ajustes para la próxima campaña ante la dificultad de recuperar rentabilidad. Al mismo tiempo, el mercado de arrendamientos rurales también muestra cambios, con renegociaciones de contratos y menores valores como consecuencia de un escenario económico cada vez más complejo.
La presión sobre los costos continúa siendo uno de los principales problemas. El aumento de los fertilizantes y del combustible elevó significativamente la inversión necesaria para producir, mientras los precios del arroz no acompañaron ese incremento. Esta combinación redujo los márgenes y obligó a muchos establecimientos a revisar sus estrategias productivas para disminuir riesgos financieros.
El desafío adquiere una dimensión regional debido al peso que tiene Brasil en el mercado latinoamericano del arroz. Cualquier reducción significativa de la oferta puede modificar los flujos comerciales, influir sobre los precios y alterar el abastecimiento de distintos países de la región. Por eso, la evolución de El Niño será seguida de cerca no solo por los productores brasileños, sino también por toda la cadena arrocera sudamericana.
Mientras se acerca el inicio de una nueva siembra, el sector enfrenta un escenario donde confluyen clima, costos y volatilidad internacional. Después de varios años marcados por sequías, inundaciones y fuertes incrementos en los insumos, los productores esperan que el fenómeno climático no vuelva a golpear una actividad que todavía busca recuperar su equilibrio económico.
Fuente: Agrolatam

































