- Un relevamiento realizado por AgroLatam en octubre de 2026 muestra que la nanotecnología, la microencapsulación y los modelos agronómicos apoyados en inteligencia artificial comienzan a ganar espacio en el desarrollo de micronutrientes para los cultivos. La tendencia adquiere especial relevancia para América Latina: el mercado sudamericano avanza hacia formulaciones especializadas y agricultura de precisión, mientras investigaciones realizadas en Argentina advierten sobre una menor disponibilidad de zinc en suelos agrícolas. El desafío ya no pasa solamente por aportar nutrientes, sino por conseguir que lleguen a la planta en el lugar, momento y concentración adecuados, con resultados capaces de justificar la inversión.
Los micronutrientes se utilizan en cantidades muy inferiores al nitrógeno, fósforo o potasio, pero cumplen funciones esenciales en la fisiología vegetal. Zinc, boro, manganeso, hierro, cobre y molibdeno, entre otros elementos, participan en procesos metabólicos, enzimáticos y reproductivos, y una deficiencia puede limitar la respuesta del cultivo aun cuando los macronutrientes estén disponibles. El problema agronómico es particularmente complejo: distribuir cantidades pequeñas y homogéneas sobre cientos o miles de hectáreas exige precisión, diagnóstico y formulaciones capaces de mantener esos elementos disponibles para las plantas.
Micronutrientes: América Latina empieza a mirar más allá del N, P y K
La dimensión comercial también empieza a mostrar ese cambio. Estimaciones privadas actualizadas en 2026 sitúan el mercado sudamericano de fertilizantes con micronutrientes en unos US$280 millones, frente a US$260 millones en 2025, y proyectan que podría alcanzar US$400 millones hacia 2031. El zinc representó el 31,4% del mercado regional en 2025, mientras Brasil concentró el 57% del negocio sudamericano. Las proyecciones deben interpretarse como estimaciones de mercado y no como estadísticas oficiales, pero muestran una tendencia clara hacia nutrición más específica, fertirrigación y estrategias apoyadas en diagnóstico y agricultura de precisión.
Brasil ofrece una fotografía todavía más precisa de esa transformación. El mercado brasileño de fertilizantes con micronutrientes está estimado en US$165,2 millones para 2026 y podría alcanzar US$231 millones en 2031. El zinc representó el 27,6% de los ingresos del segmento durante 2025 y, aunque los fertilizantes convencionales continúan dominando, las formulaciones especiales son las de mayor crecimiento proyectado, con una tasa anual del 9,2% entre 2026 y 2031. La fertirrigación también aparece entre las modalidades de aplicación de mayor dinamismo.
Argentina aporta una señal agronómica concreta. Un relevamiento de INTA Balcarce, CONICET y la Facultad de Ciencias Agrarias de Balcarce determinó que el 33% de los lotes analizados en el sur bonaerense presentaba concentraciones de zinc inferiores a 0,80 ppm, un nivel que podría limitar el rendimiento de trigo y cebada. Los investigadores advierten que el zinc comienza a mostrar señales de deficiencia en ambientes donde históricamente no constituía una limitante, reforzando la necesidad de análisis preventivos de suelo antes de definir cualquier estrategia de fertilización.
El impacto potencial ayuda a explicar por qué los micronutrientes están ganando atención. Según los especialistas, cuando los niveles de zinc son bajos, trigo y cebada pueden registrar pérdidas de rendimiento de entre 5% y 15% si la deficiencia no se corrige. Como ejemplo, un suelo con 0,75 ppm de zinc y un objetivo de producción de 7.000 kilos por hectárea podría resignar hasta 840 kilos por hectárea. La conclusión agronómica, sin embargo, no es aplicar micronutrientes indiscriminadamente: la variabilidad entre lotes obliga a diagnosticar dónde existe realmente una deficiencia y dónde una aplicación adicional probablemente tenga poca respuesta.
De aplicar más a aplicar mejor: dónde entran la nanotecnología y la inteligencia artificial
Entre las tendencias identificadas en el relevamiento realizado por AgroLatam aparecen la nanotecnología, la microencapsulación, los modelos agronómicos impulsados por inteligencia artificial y la biotecnología, herramientas que comienzan a incorporarse al desarrollo de nuevas soluciones para micronutrientes. El objetivo tecnológico es mejorar la disponibilidad de los elementos, controlar su liberación y aumentar la precisión de las aplicaciones en suelo, vía foliar o mediante fertirrigación. Sin embargo, la innovación enfrenta una condición decisiva para avanzar comercialmente: demostrar respuestas agronómicas consistentes y un retorno económico verificable a campo.
La nanotecnología resulta especialmente atractiva por su capacidad para trabajar con materiales a escalas extremadamente pequeñas y desarrollar nuevas formas de transportar y liberar nutrientes. Pero potencial tecnológico no significa eficacia garantizada. La adopción dependerá de la validación mediante ensayos locales, análisis de suelo y tejido, comparación con manejos convencionales y resultados productivos y económicos. Para productores y asesores, la discusión no debería comenzar por la novedad de una formulación, sino por qué deficiencia busca corregir, qué evidencia la respalda y cuál es su respuesta en las condiciones reales del lote.
La investigación científica publicada durante 2026 aporta fundamentos para esa evolución, pero también aconseja cautela. Una revisión publicada en Chemical and Biological Technologies in Agriculture analiza sistemas de liberación lenta y controlada basados en nanomateriales y señala que micronutrientes como hierro, manganeso, zinc, boro, molibdeno y cobre pueden sufrir lixiviación, precipitación o transformaciones hacia formas menos disponibles dependiendo del pH, textura y otras propiedades del suelo. Las nuevas arquitecturas buscan regular la liberación y sincronizar mejor la disponibilidad con la demanda de la planta.
La investigación latinoamericana también empieza a ingresar en esta frontera. Un trabajo de científicos vinculados a la Universidade Estadual Paulista (UNESP), en Brasil, publicado en marzo de 2026, estudió estructuras de óxido de zinc diseñadas para una liberación controlada del nutriente y evaluó su comportamiento en suelo y plantas. El estudio aborda además un aspecto decisivo para el futuro de estas tecnologías: reducir la movilidad ambiental del material sin perder la capacidad de suministrar zinc. Es una línea experimental, no una recomendación comercial, pero demuestra que la innovación regional ya trabaja sobre algunos de los mismos desafíos que enfrenta la industria mundial.
La inteligencia artificial puede ocupar otro lugar dentro de esta transformación. No reemplaza el análisis de suelo, el diagnóstico agronómico ni la experimentación a campo, pero puede funcionar como una capa adicional para procesar información de suelo, tejido, ambiente, cultivo e historial productivo y apoyar recomendaciones cada vez más específicas. La combinación de diagnóstico, modelos digitales, agricultura de precisión y nuevas formulaciones podría terminar siendo más relevante que cualquiera de estas tecnologías considerada aisladamente, especialmente en una región con enormes diferencias de suelos, climas y sistemas productivos.
Para productores y asesores, el cambio más importante podría estar menos en el nombre de la tecnología que en cómo se toma la decisión de fertilizar. La combinación de análisis de suelo y tejido, mapas de ambientes, información histórica del lote y modelos agronómicos puede ayudar a determinar con mayor precisión dónde existe una deficiencia de micronutrientes y dónde una aplicación tendría escasa probabilidad de respuesta. Las nuevas formulaciones buscan completar ese proceso mejorando la entrega y disponibilidad del nutriente. El desafío será convertir esa mayor precisión agronómica en kilos adicionales de producción que justifiquen la inversión, especialmente cuando los márgenes obligan a revisar cada costo.
Para América Latina, por lo tanto, la carrera por los micronutrientes no debería convertirse simplemente en una carrera por aplicar más productos. Los datos argentinos muestran deficiencias concretas que obligan a mirar más allá del N, P y K; Brasil evidencia el crecimiento de soluciones especializadas; y la investigación regional e internacional abre nuevas posibilidades para manejar los nutrientes con mayor precisión. El verdadero salto llegará si nanotecnología, inteligencia artificial y agricultura digital logran superar la prueba decisiva del agro: demostrar a campo, cultivo por cultivo y ambiente por ambiente, que una mayor precisión nutricional también puede transformarse en mayor productividad y rentabilidad.





































