Un aguacate español puede tener buena textura, sabor y un elevado contenido graso y, aun así, resultar mucho más difícil de producir a gran escala que uno cultivado en Marruecos. El problema, según el ingeniero técnico agrícola Pepe Cuadrado, no está únicamente en la calidad del fruto.

El creador de Iberian Avocados pone el foco en algo mucho más estructural: el tamaño de las explotaciones, los costes laborales y las condiciones del terreno. “Marruecos es un Ferrari a nivel de producción”, asegura al analizar la competencia entre ambos países.

Cuadrado conoce especialmente bien el cultivo de aguacate, mango y otros subtropicales. En su conversación con el podcast Agrolife explica que, mientras en España una finca de cinco o diez hectáreas puede considerarse grande, en Marruecos existen explotaciones que alcanzan las 200 hectáreas.
Esa diferencia de escala cambia por completo la manera de producir. Una explotación grande permite organizar mejor determinadas tareas, concentrar infraestructuras y repartir algunos costes entre una cantidad mucho mayor de fruta.
Cuadrado compara las plantaciones marroquíes con las grandes extensiones de olivar que pueden verse al atravesar Andalucía. Habla de fincas llanas, con disponibilidad de agua, buena climatología y terrenos arenosos especialmente favorables para el cultivo.

El tipo de suelo también puede marcar diferencias. Según explica el ingeniero, las superficies arenosas ofrecen un drenaje rápido y un margen de manejo diferente al de algunos suelos arcillosos frecuentes en zonas españolas.

En un terreno pesado, un exceso de agua puede favorecer problemas de asfixia radicular y afectar al cultivo. En un suelo muy arenoso, el agua drena con más rapidez, aunque eso también obliga a gestionar correctamente el riego y los nutrientes.

A esta ventaja productiva se suma el coste de la mano de obra. Cuadrado señala que un trabajador en Marruecos puede costar alrededor de 7, 8 o 10 euros diarios, una estructura laboral muy distinta a la que afronta una explotación española.

Por eso su conclusión es contundente cuando habla estrictamente de producción: “A nivel de producción no puedes competir con Marruecos, es muy complicado”.

Aguacate español con ventaja
Eso no significa que el producto español sea peor.

De hecho, Cuadrado destaca precisamente la calidad que puede alcanzar el aguacate nacional. Al hablar del mercado europeo, afirma que cuando hay producto español “la gente lo paga” y pone como ejemplo frutos con alrededor de un 30% de grasa, que describe como una auténtica “delicatessen”.

Ese contenido graso tiene importancia en variedades como Hass, porque influye directamente en la textura cremosa y en la percepción de madurez y sabor. El aguacate, además, aumenta su porcentaje de materia seca y aceite conforme avanza su desarrollo en el árbol.

España mantiene también una posición importante dentro del mercado europeo. La producción se concentra históricamente en la Axarquía malagueña y la Costa Tropical de Granada, aunque en los últimos años se han extendido nuevas plantaciones a zonas de Cádiz, Huelva y la Comunidad Valenciana.

El problema es que Marruecos está creciendo rápidamente.

Según los datos recogidos por El Debate, su superficie dedicada al aguacate aumentó más de un 150% entre 2018 y 2023, mientras que la campaña 2024/2025 terminó con una producción cercana a las 120.000 toneladas.

Cuadrado advierte además de que muchas de las nuevas plantaciones todavía no han alcanzado su capacidad máxima. Según su estimación, en los próximos años buena parte de esas fincas entrará en plena producción, aumentando todavía más la cantidad de aguacate disponible para exportación.

Eso introduce una competencia especialmente complicada para los productores españoles.

No porque el aguacate cultivado aquí tenga necesariamente menos calidad, sino porque producir una tonelada en una finca pequeña, con costes laborales europeos y determinadas limitaciones de agua y terreno, no es lo mismo que hacerlo en una explotación de cientos de hectáreas.

Cuadrado resume esa diferencia contraponiendo dos modelos.

España mantiene un producto capaz de venderse por su calidad y proximidad al consumidor europeo. Marruecos, mientras tanto, gana fuerza con enormes superficies, costes inferiores y una capacidad productiva que continúa creciendo.

Por eso la batalla del aguacate no se decide únicamente al partir el fruto y comprobar cómo está por dentro.

También se juega mucho antes, sobre el terreno: en el tamaño de la finca, el coste de producir cada kilo y la posibilidad de hacerlo a una escala que en muchas zonas españolas resulta imposible alcanzar.

Fuente: elespanol.com