Waldemar Herrera Académico Escuela de Agronomía Universidad de Las Américas
El alza en el valor de frutas y verduras en Chile no responde a un fenómeno aislado, sino a la convergencia de varios shocks estructurales que encarecen la producción, cosecha, transporte y comercialización de alimentos frescos. En septiembre de 2026, el IPC aumentó 0,4% mensual (4,1% a 12 meses), impulsado por subidas de 0,6% en alimentos y 0,9% en transporte.
El primer motor de esta presión es el costo energético. El diésel resulta indispensable para operar maquinaria, bombas de riego y el transporte mayorista. Durante este año el encarecimiento internacional del petróleo volvió a tensionar los costos de flete, impacto sobre empresas y hogares resentido por el Banco Central.
A esto se suma el factor laboral. Desde mayo el ingreso mínimo mensual alcanza los $553.553. Aunque beneficia la capacidad de compra de las familias, impacta fuertemente a las actividades intensivas en mano de obra —como cosecha, selección y embalaje—, especialmente en pequeñas y medianas explotaciones con baja mecanización, donde cosechar un kilo de hortalizas exige un costo laboral significativamente mayor que hace un quinquenio.
El clima añade un sesgo constante de incertidumbre. Sistemas frontales, heladas, olas de calor y sequías, merman los rendimientos prediales y deterioran la calidad de las cosechas, trasladando rápidamente la menor oferta disponible hacia los precios finales.
En el ámbito logístico, las deficiencias amplifican la brecha entre predio y consumidor. Las pérdidas postcosecha alcanzan hasta un 25% en algunas especies debido a la falta de infraestructura refrigerada y a la atomización de los productores. El Índice de Costos del Transporte subió 0,7% en agosto, reflejando el peso de los fletes. No obstante, las diferencias por canal son marcadas: según ODEPA, en la Región Metropolitana (octubre 2026), la papa se vendió a $1.183/kg en ferias libres (39,6% más barata que en supermercados) y el limón a $668/kg (64,9% más barato).
El financiamiento se mantiene restrictivo: con una Tasa de Política Monetaria en 4,5%, las tasas bancarias nominales para capital de trabajo no bajan del 12%-14% anual.
Contener estas alzas no exige fijación de precios, sino elevar la productividad, modernizar el riego, mejorar la cadena de frío, transparentar márgenes y abaratar la logística. El desafío es resguardar la rentabilidad del agricultor sin convertir a los alimentos frescos en un bien inasequible para las familias.
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