Micorrizas: Bio Fertilizantes Naturales para el cultivo

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Fertilizando maíz

El alto costo de la fertilización de los cultivos , tanto por el aumento de precio de los fertilizantes químicos como por la creciente demanda de nutrientes para siembras comerciales, resultado del uso intensivo de los predios agrícolas, está propiciando la búsqueda de otras opciones de abono a las plantas, donde destaca el uso de las micorrizas.
Centros de investigación como el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias así como el Centro de Investigación para el Desarrollo Rural –CIDIIR- dependiente de Instituto Politécnico Nacional han estado evaluando diversas cepas de micorrizas para su uso comercial agrícola, dando como resultado una tecnología de fertilización de bajo costo, alta eficiencia y mínimo impacto ambiental.
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Recientemente el Dr. Ignacio E. Maldonado Mendoza, investigador del CIIDIR encabezó una jornada de información tecnológica sobre las micorrizas donde se presentaron resultados de investigación de laboratorio y campo en la zona de Guasave.
Se presentaron también interesantes ensayos comerciales con cultivos como piña y frijol, donde la adición de micorrizas favoreció un mejor desarrollo de los cultivos y tolerancia a algunas enfermedades causadas por hongos.
En el estado de Veracruz se dispone de uno de los laboratorios más grandes del país donde se reproducen diversas especies de micorrizas, pero esa tecnología se está validando para que los propios productores la puedan manejar y de esa manera abaratar sus costos de producción en los conceptos de fertilización y prevención de enfermedades.
mycorrhiza 
Pero ¿Qué son las micorrizas?.
Se conoce con el nombre de micorriza a la asociación mutualista establecida entre las raíces de la mayoría de las plantas y ciertos hongos del suelo. Se trata de una simbiosis  prácticamente  universal,  no  sólo  porque  casi  todas  las  especies vegetales son susceptibles de ser micorrizadas sino también porque puede estar presente en la mayoría de los hábitats naturales.
Las  micorrizas  son  tan  antiguas  como  las  propias  plantas  y  se  conoce  su existencia desde hace más de cien años; estimándose que aproximadamente el 95% de las especies vegetales conocidas establecen de forma natural y constante este tipo de simbiosis con hongos del suelo.
Los  hongos  micorrizógenos  es  uno  de  los  microorganismos  beneficiosos  más estudiados y empleados en la actualidad. Son tantas las especies, cepas existentes, y tan diversas sus formas de actuar en la planta y en el suelo, que se pude asegurar que están presentes en casi todas las especies vegetales  y los suelos agrícolas existentes en el mundo.
Estos microorganismos, que por naturaleza son microorganismos del suelo, el hombre ha logrado aislarlos y reproducirlos  de  manera  vertiginosa,  convirtiéndolos  en  un  gran  aliado  del productor  y  de  personas  que  lo  emplean  para  diferentes  fines  y  propósitos naturales y ecológicos.
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Cuadros-micorrizas-1
Definición de Micorriza
Etimológicamente, la palabra se ha formado del término griego “mykos” (hongo) y del vocablo latino “Rhiza” (raíz).   El término micorri za, cuyo significado literal es hongo – raíz, se aplicó por primera vez a las asociaciones que se establecen entre plantas  terrestres  y  determinados  hongos  del  suelo,  siendo  descrito  por  el patólogo alemán Albert Bernard Frank en 1885 (Frank, 1885). Él estableció que dicha asociación era mutualista dados los beneficios que reporta la misma para ambos participantes, y comprende la penetración radical por parte del hongo y la carencia de respuesta perjudicial hacia éste por parte de la planta hospedera quelo impida.
Al ser un fenómeno tan extendido el término «micorrizas» se ha convertido al nivel de usuarios en el nombre    con el que se designan  a los    hongos implicados en su formación, aunque tal denominación no sea muy correcta, esas mismas rutinas coloquiales han llevado a acuñar términos como «micorrizar»: poner en contacto los hongos micorrízicos con plantas y «micorrización»: para indicar el establecimiento de la simbiosis.
Tipos de micorrizas
Las plantas terrestres en su mayoría  presentan micorrizas, y lo más probable es que las restantes desciendan de plantas micorrizadas que han perdido secundariamente esta característica. En el caso de los hongos, la mayor parte de las  5000  especies  identificadas  en  las  micorrizas  pertenece  a  la  división Basidiomycota,   mientras   que   en   casos   más   excepcionales   se   observan integrantes de Ascomycota. La tercera división que se ha observado formando micorrizas es Glomeromycota, un grupo que, de hecho, sólo se conoce en asociación micorrizógena y cuyos integrantes mueren cuando se les priva de la presencia de raíces.
Micorrizas-Tabla-1
Tabla 1.- Clasificación de los HMA de acuerdo con Morton & Benny (1990) y Morton & Redecker (2001)
Clasificación de las micorrizas
Se  pueden  distinguir    tres  grupos  fundamentales  según  la  estructura  de  la micorriza formada: Ectomicorrizas o formadoras de manto; Ectendomicorrizas, que incluye Arbutoides y Monotropoides; y las Endomicorrizas, caracterizadas por la colonización intracelular del hongo, y que a su vez se subdividen en Ericoides, Orquidoides y Arbusculares (Read, 1999).
A continuación se caracterizan cada uno de los tipos de micorrizas :
  • Ectomicorrizas: Se caracterizan porque desarrollan una espesa capa de micelio sobre la zona cortical de las raíces absorbentes de la planta las hifas del hongo no penetran en el interior de las células de la raíz, si no que se ubican sobre y entre las separaciones de éstas. Se pueden observar a simple vista. Este tipo de micorrización  predomina  entre  los  árboles  de  zonas  templadas,  se  producen principalmente sobre especies forestales y leñosos, siendo especialmente característico en hayas, robles, eucaliptus y pinos. Los hongos que la forman son tanto Basidiomycota como Ascomycota.
  • Endomicorrizas:  Los  hongos  que  las  producen se  caracterizan por colonizar intracelularmente el córtex radical o sea que no  hay manto externo que pueda verse a simple vista. Las hifas se introducen inicialmente entre las células de la raíz, pero luego penetran en el interior de éstas, formando vesículas alimenticias y arbúsculos. Por ello este grupo se las conoce también como micorrizas vesículo- arbusculares (MVA) los cuales constituyen la simbiosis más extendida sobre el planeta. Los hongos que la forman pertenecen a la división Glomeromycota y se dan en todo  tipo  de  plantas, aunque predominan en hierbas y gramíneas.
    Abundan en suelos pobres como los de las praderas y estepas, la alta montaña y las selvas tropicales. En el bosque atlántico aparecen junto a las ectomicorrizas.
Las micorrizas vesículo – arbusculares (MVA).
Este tipo de micorriza se encuentra en condiciones naturales en la mayoría de los cultivos tropicales y subtropicales de interés agronómico (Sieverdi ng, 1991) y está presente en la mayoría de las Angiospermas; siendo las familias Chenopodiaceae y Cruciferae, las excepciones de mayor importancia. La asociación simbiótica Micorrízica – Arbuscular se forma en muchas especies perennes leñosas, incluyendo  muchas  Gimnospermas  aparte  de  las  Pináceas  (Harley  y Smith, 1983). Estos hongos pertenecen al pequeño orden Glomales dentro de la clase Zygomycetes y su origen está en un rango de 353 a 452 millones de años atrás, estando presentes en fami lias de plantas que tienen miembros de alta importancia económica (Poaceae, Fabaceae, Solanaceae y Rosaceae). Los vegetales asociados a los mismos se benefician por el incremento en la toma de nutrientes como,  nitrógeno,  fósforo, potasio, calcio, magnesio, azufre, cobre,  molibdeno, hierro y manganeso, pues   el   hongo funciona como una extensión del sistema radical de la planta, facilitando a través de su red de hifas una mayor absorción de éstos en el suelo (Read, 1999). En esta asociación el componente fúngico de la simbiosis se nutre de los carbohidratos almacenados en las células mesodérmicas en formas sencillas de fructosa, glucosa y sacarosa y de los exudados radicales de las plantas.
Diversidad Taxonómica de los hongos micorrizógenos arbusculares
Los estudios con HMA se han enfocado principalmente en determinar la respuesta de la planta a  la micorriza sin considerar detenidamente al endofito, dando  la impresión de que estos hongos son funcionalmente equivalentes (Abbot & Robson 1991,), ya que incluso una morfoespecie puede asociarse con un gran número de plantas. Sin embargo, se  ha  demostrado  que  estos  hongos  tienen  una  gran diversidad fisiológica y probablemente han desarrollado adaptaciones específicas a las condiciones ambientales y edáficas en las que se desarrollan. Se ha observado que las plantas micorrizadas se benefician en diferente magnitud dependiendo de los HMA que las colonicen (Smith et al. 2000).
Los hongos que forman micorriza arbuscular, se ubican en el orden Glomales de la clase Zygomycetes y comprenden ocho géneros con alrededor de 150 especies.
Ventajas y beneficios de las micorrizas
Las   ventajas   proporcionadas   por   la   micorrización   para   las   plantas   son numerosas. Gracias a ella, la planta es capaz de explorar más volumen de suelo del que alcanza con sus raíces, al sumársele en esta labor las hifas del hongo; también capta con mayor facilidad ciertos elementos (fósforo, nitrógeno, calcio y potasio) y agua del suelo. La protección brindada por el hongo hace que, además, la planta sea más resistente a los cambios de temperatura y la acidificación del suelo derivada de la presencia de azufre, magnesio y aluminio. Por si todo esto fuera poco, algunas reacciones fisiológicas del hongo inducen a la raíz a mantenerse activa durante más tiempo que si no estuviese micorri zada.
En las siguientes tablas se detallan las ventajas y los beneficios que producen las micorrizas en una producción agrícola o forestal.
Micorrizas-Tabla-2

Tabla 2: Ventajas de las micorrizas
 Tabla 3: Beneficios de las micorrizas.
Tabla 3: Beneficios de las micorrizas.
Aplicación de las micorrizas vesículo-asculates (MVA) en la agricultura
La labranza y todas aquellas actividades que manipulan los primeros centímetros del suelo cultivable, producen la ruptura y disgregación del micelio externo de las MVA. Debido a que este micelio contribuye sustancialmente en la formación de la estructura del suelo, su  destrucción  trae  consecuencias indeseables  para  la infiltración y demás propiedades físicas del suelo (Miller y Jastrow, 2000).
Por otra parte, la aplicación de fertilizantes químicos en dosis elevadas, además de los problemas de contaminación que suele provocar, inhibe la actividad de las MVA. De hecho, su aplicación prolongada (especialmente en monocultivos) disminuye notablemente la presencia de las MVA en los sistemas agrícolas, conllevando la pérdida de la diversidad de hongos micorrízicos presentes en el suelo y la selección de especies de MVA menos mutualistas (Johnson, 1993; Johnson et al., 1992).
La aplicación de fungicidas y de plaguicidas con fines fitosanitarios también tiene efectos en las MVA, los cuales no son fácilmente predecibles debido a la complejidad de interacciones que se establecen en la comunidad de organismos del suelo (Sieverdi ng, 1991).
La mayoría de las plantas de interés agronómico como el cacao, café, coco, algodón, cebolla, ajo, yuca, papa, todos los cítricos, todas las leguminosas y gran parte de los cereales forman MVA. Sin embargo, no todas estas especies, dependen de la misma manera de las MVA para su crecimiento. Aquellos cultivos con raíces gruesas y pocos pelos radicales, como por ejemplo el ajo, la cebolla, las leguminosas y los cítricos, tienden a ser muy dependientes de las micorrizas y la disminución en la productividad de dichos cultivos puede debe rse a un manejo inadecuado de los insumos que se aplican, los cuales pueden conducir a la muerte o desaparición de los propágulos de MVA.
Por lo tanto el uso de estos microorganismos edáficos (MVA) en la agricultura constituye una alternativa promisoria frente a los fertilizantes minerales. Desde el punto   de   vista   ecológico,   la   utilización   y/o   aplicación  correcta  de   estos microorganismos permite reducir el uso de energía, la degradación del agroecosistema y las pérdidas de nutrientes de los suelos agrícolas. En adición, se mantiene la capacidad productiva del sistema, se preservan la biodiversidad y se contribuye con una producción más estable y sostenida a largo plazo en equilibrio con el entorno (Hernández, 2000).
En este sentido, la reintroducción y el mantenimiento de las MVA asociadas a los cultivos agrícolas luce como un objetivo deseable con el fin de mejorar su rendimiento y productividad.
Fuente: http://panorama-agro.com/?p=887

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