Cada 21 de marzo, el Día Internacional de los Bosques nos recuerda que estos ecosistemas son mucho más que paisajes verdes: son aliados esenciales para la captura de CO2, la prevención de la desertificación y guardianes de la biodiversidad. Sin embargo, en Chile su rol va más allá de la captura de carbono.
En zonas de secano, donde la escasez de agua y las lluvias irregulares marcan la vida rural, las plantaciones forestales han demostrado ser una herramienta eficaz para evitar la erosión de los suelos y, en la costa, para frenar el avance de las dunas que amenazan comunidades y tierras agrícolas, actuando además como importantes barreras de protección frente a tsunamis. Es cierto que algunas especies han sido cuestionadas por su consumo de agua. Pero también es cierto que, en territorios frágiles, su aporte en cobertura vegetal ha significado detener procesos de desertificación y recuperar suelos que, de otro modo, quedarían improductivos.
La discusión no debe centrarse en caricaturas, sino en cómo diseñamos modelos forestales que integren producción, conservación y resiliencia territorial.
El sector forestal, además, ofrece una particularidad que lo distingue de otros rubros agrícolas: la flexibilidad en la cosecha. Mientras la fruta obliga a enfrentar ciclos de precios y riesgos de mercado cada temporada, los bosques permiten decidir cuándo es más conveniente cortar y comercializar. Esa característica convierte a la inversión forestal en una “renta segura” de largo plazo, comparable a activos como las sanitarias, que entregan retornos moderados pero estables.
No es casualidad que fondos internacionales hayan apostado por los bosques chilenos como parte de sus carteras de inversión. Hoy, cuando el mundo exige soluciones sostenibles y sólidas, los bosques se consolidan como un activo estratégico: generan empleo, aportan a la economía, capturan carbono y protegen territorios vulnerables.
La tarea pendiente es avanzar hacia modelos más diversos, que integren bosque nativo y plantaciones, y que fortalezcan la legitimidad social de la actividad.
Invertir en bosques es invertir en futuro. Y en un país que enfrenta sequías prolongadas y desafíos ambientales crecientes, reconocer su aporte es más urgente que nunca.
Ignacio Vera Izquierdo
Gerente General
Forestal Santa Blanca


































