6 de mayo del 2026 

Un estudio de University of Florida ha logrado un avance clave para comprender una enfermedad que, durante más de un siglo, ha afectado al champiñón blanco o champiñón común, un alimento vegetal rico en nutrientes y valorado tanto por su versatilidad como por sus beneficios para la salud. 

Este cultivo especializado, de gran importancia económica, suele considerarse un ejemplo representativo del concepto de “la comida como medicina”. Su presencia habitual en aperitivos, ensaladas y platos cotidianos demuestra cómo un ingrediente básico puede incorporarse con facilidad a una dieta saludable.

Sin embargo, la mancha bacteriana del champiñón blanco sigue siendo un problema persistente en Estados Unidos, ya que reduce el rendimiento del cultivo, acorta su vida útil y disminuye su valor comercial. Esta enfermedad se manifiesta mediante manchas marrones o amarillentas que pueden hacer que los hongos resulten no aptos para la venta. En algunos casos, los síntomas no se presentan hasta que el producto ya ha llegado a los supermercados o incluso a los hogares de los consumidores.

Los nuevos hallazgos de una investigación realizada por científicos de University of Florida Institute of Food and Agricultural Sciences (UF/IFAS) revelan que la mancha bacteriana no está causada por una única bacteria patógena, como se creía originalmente, sino por un complejo de especies bacterianas patógenas que proliferan en los entornos interiores controlados y húmedos donde se cultivan los hongos.

“Durante años, la industria ha tenido dificultades con tratamientos que ofrecen resultados inconsistentes contra la mancha bacteriana”, afirmó Samuel Martins, coautor del estudio y profesor asistente en el Departamento de Patología Vegetal de UF IFAS. “Como parte de una subvención independiente de 7 millones de dólares otorgada por el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos, en la que participan Penn State, University of Delaware y UF/IFAS, estamos desarrollando diagnósticos avanzados y soluciones sostenibles para fortalecer las fincas de producción de hongos en todo el país”.

Para este estudio, el equipo de UF/IFAS utilizó secuenciación de ADN, perfiles químicos y ensayos de laboratorio tradicionales para examinar hongos afectados por la mancha bacteriana. Las muestras se recolectaron en múltiples centros de producción del sur de los Estados Unidos. Los análisis revelaron que, al estar causada por múltiples especies, la enfermedad resulta más difícil de detectar, predecir y controlar mediante los métodos de tratamiento tradicionales.

“Encontramos más de 17 especies diferentes de bacterias patógenas asociadas a la enfermedad”, señaló Sameerika Mudiyanselage, autora principal del estudio y estudiante de doctorado bajo la tutela de Martins y Romina Gazis en el Centro de Investigación y Educación Tropical de UF/IFAS. “Si bien dos patógenos bacterianos bien conocidos dominaban el perfil previamente descrito de la enfermedad, también detectamos un nivel sorprendentemente alto de otro grupo de bacterias que no había sido vinculado anteriormente con esta enfermedad en los hongos”

Esto ratifica la presencia de otros factores adicionales, hasta ahora no reconocidos, que contribuyen a la enfermedad, lo que ayuda a explicar por qué ha seguido siendo un problema recurrente y costoso a pesar de los esfuerzos realizados para tratarla.

“Esperamos que la ampliación de nuestra investigación conduzca al desarrollo de mejores métodos de diagnóstico y tratamientos más eficaces para combatir al conjunto completo de bacterias causantes de la enfermedad en los champiñones blancos”, afirmó.

Más allá de identificar las bacterias implicadas, el equipo de científicos está llevando a cabo un estudio de seguimiento para explorar alternativas más sostenibles para el manejo de la enfermedad. Un área de investigación prometedora incluye el uso de aceites esenciales de origen vegetal, microorganismos beneficiosos y otros productos biológicos como alternativas a los tratamientos químicos convencionales.

“En última instancia, nuestro objetivo es proporcionar a los cultivadores soluciones prácticas y con base científica que ayuden a fortalecer los sistemas de cultivo de hongos”, concluyó Martins. “Al comprender la complejidad de la mancha bacteriana y el papel de las comunidades microbianas, podemos desarrollar mejores prácticas de manejo respetuosas con el medio ambiente que reduzcan las pérdidas y, al mismo tiempo, mejoren la sostenibilidad”.

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