Dos investigadores del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA) de la Universidad de Chile se adjudicaron fondos del Concurso IDeA I+D 2026 de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID), en calidad de Investigadores Principales. Se trata de los profesores Dr. Igor Pacheco y Dr. Gastón Higuera. Ambos proyectos comparten el trasfondo de usar biotecnología -genómica en un caso, control biológico en el otro- para sostener la competitividad de la fruticultura chilena sin depender de soluciones importadas. Los proyectos se ejecutarán en un plazo de 24 meses para su primera fase de desarrollo biotecnológico, buscando validar sus prototipos en entornos relevantes antes de su escalamiento industrial.

El Dr. Rodrigo Pulgar, director de Investigación y Desarrollo del Instituto, destaca que «resulta especialmente sobresaliente que el INTA haya logrado adjudicarse dos de los diez proyectos ganados por la Universidad de Chile. Estos logros no solo evidencian la relevancia de nuestro instituto en los sistemas alimentarios, sino también su firme proyección en aplicaciones industriales con base científica-tecnológica».

Proyecto «Desarrollo y validación de modelos de predicción genómica en cerezo para una selección anticipada y precisa de nuevas variedades»

Chile es el principal exportador mundial de cerezas, pero su base productiva enfrenta una limitante, ya que desarrollar una variedad nueva por mejoramiento tradicional puede tomar cerca de veinte años, con una alta inversión y riesgo. El proyecto está liderado por el profesor Igor Pacheco como director, y cuenta con la participación de la Dra. Paulina Ballesta, profesora asistente de la Universidad de las Américas, quien se desempeña como directora alterna. La iniciativa propone implementar la selección genómica en el Programa de Mejoramiento del Cerezo INIA-Biofrutales para estimar el valor genético de los árboles en etapa de plántula -a los seis meses de edad- a partir de su ADN, evitando así la espera de años hasta que el árbol complete su ciclo productivo.

La propuesta, titulada «Desarrollo y validación de modelos de predicción genómica en cerezo para una selección anticipada y precisa de nuevas variedades», contempla generar modelos predictivos a partir de una población de cientos de individuos del Programa de Mejoramiento y un conjunto de miles de marcadores moleculares (SNPs). El objetivo es seleccionar plántulas promisorias a los seis meses de edad en invernadero —en lugar de esperar años de evaluación en campo— de acuerdo a las siguientes características: sólidos solubles, firmeza, peso del fruto y fechas de floración y cosecha.

El proyecto se apoya en una trayectoria concreta. El profesor asociado del INTA, Igor Pacheco, integra el Laboratorio de Biología Vegetal e Innovación en Sistemas Agroalimentarios (BVISA), como parte del Grupo Nutribreeding, y encabeza el único grupo en Chile que ha generado modelos de predicción genómica en frutales. Su equipo desarrolló recientemente un modelo de selección genómica para la ciruela japonesa (Prunus salicina), publicado en 2026, con una capacidad predictiva de hasta un 90% para características fenológicas y de calidad de fruta.

“Nuestro propósito no es únicamente acelerar la generación de nuevas variedades de cerezo, sino también desarrollar capacidades tecnológicas propias para la fruticultura chilena. Disponer de herramientas genómicas diseñadas y validadas en nuestras poblaciones facilitará decisiones de selección más precisas, disminuirá la dependencia de tecnologías extranjeras y potenciará la competitividad de la genética nacional ante los futuros desafíos del sector exportador”, señala Igor Pacheco, Doctor en Biología Vegetal (Università degli Studi di Milano) e Ingeniero en Biotecnología Molecular de la Universidad de Chile.

Proyecto “Desarrollo de un bioproducto mixto para el control de Agrobacterium spp.”

El proyecto “Desarrollo de un bioproducto mixto para el control de Agrobacterium spp.” que es liderado por el académico Gastón Higuera -Doctor en Ciencias Silvoagropecuarias y Veterinarias e Ingeniero en Biotecnología Molecular de la U. de Chile- y el Dr. Alan Zamorano como director alterno de la Facultad de Agronomía U. de Chile, aborda la enfermedad agalla del cuello, causada por bacterias del género Agrobacterium (A. tumefaciens y A. vitis) presentes naturalmente en el suelo.

Las plantas de cerezos y vides se infectan con Agrobacterium principalmente a través de aperturas físicas en sus tejidos y mediante el uso de material vegetal contaminado. Este patógeno al ingresar a la planta forma tumores que dificultan el transporte de agua, nutrientes y savia. En árboles jóvenes provoca un retraso en su crecimiento e incluso la muerte, mientras que en árboles más viejos, este bloqueo vascular genera una disminución general del vigor, lo que reduce el rendimiento de los frutos de la planta, produciendo un acortamiento de su vida útil productiva.

Los tratamientos actuales contra la agalla del cuello presentan graves limitaciones tanto en sus enfoques químicos como biológicos. Por un lado, el uso de bactericidas y agroquímicos (como derivados de cobre o antibióticos) resulta insostenible porque no erradican completamente al patógeno, promueven la selección de cepas bacterianas resistentes y destruyen la microbiota benéfica de la planta y del suelo, generando un alto impacto ambiental y toxicidad. Por otro lado, la principal alternativa biológica comercial, basada en la cepa antagonista Agrobacterium radiobacter K84, ha demostrado tener una eficacia inconsistente y baja frente a la diversidad genética de las bacterias que circulan en Chile.

La solución propuesta de Baciphage se basa en una combinación sinérgica de agentes biológicos nativos que operan mediante un robusto mecanismo de acción dual: por un lado, un consorcio de bacteriófagos actúa como un «agente de choque» con efecto bactericida inmediato, infectando y destruyendo (lisando) rápidamente a las bacterias patógenas de forma altamente específica. Esta drástica reducción inicial del patógeno en la zona de aplicación facilita el establecimiento de cepas de Bacillus spp., las cuales colonizan la rizósfera y aseguran una protección biológica prolongada al competir por el nicho ecológico y secretar compuestos antimicrobianos que evitan la recolonización de la bacteria.

“Gracias a este enfoque secuencial e integral, se busca ofrecer una alta eficacia de control de la enfermedad sin dañar la microbiota benéfica de la planta, previniendo la generación de resistencia en los patógenos y brindando una alternativa sostenible, libre de residuos químicos y totalmente segura para el medio ambiente y los trabajadores agrícolas. La propuesta busca avanzar desde una etapa temprana de desarrollo tecnológico hacia su validación en condiciones reales de uso en colaboración con viveros y socios industriales”, comenta el Dr. Higuera, quien tiene una extendida carrera en estudios en fagoterapia aplicada a la agricultura, así como en otras áreas de patógenos.

El académico integra el Laboratorio de Biología Vegetal e Innovación en Sistemas Agroalimentarios (BVISA), como parte del Grupo Control Biológico,  y actualmente participa en el desarrollo de un biocontrolador y un kit de detección para el tizón bacteriano del avellano europeo, junto a la Facultad de Agronomía de la U de Chile. Además este año también se adjudicó un fondo FIA para un bioinsumo que combina bacteriófagos con extractos de macroalgas chilotas contra la peste negra del nogal.

Qué es el Concurso IDeA I+D

El IDeA I+D es uno de los principales instrumentos de FONDEF. Co-financia proyectos de investigación aplicada con alto potencial científico y de impacto, que puedan transformarse en nuevos productos, procesos o servicios con posibilidades reales de transferencia y escalamiento. Busca impulsar la I+D aplicada en universidades y centros de investigación mediante la colaboración con empresas, la sociedad civil e instituciones públicas. El concurso exige un punto de partida mínimo: un nivel de madurez tecnológica equivalente a TRL 2 ya cumplido, es decir, contar con evidencia preliminar —simulaciones o pruebas de laboratorio— que respalde la idea tecnológica. Distingue dos categorías de proyectos: de I+D precompetitivo y de I+D de interés público. El plazo de ejecución es de hasta 24 meses y el subsidio máximo solicitable a ANID alcanza los 227,7 millones de pesos.

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