La mancha bacteriana no es solo un problema para los productores de tomate; es una amenaza persistente, favorecida por las condiciones climáticas, capaz de arruinar un cultivo prometedor y comprometer la rentabilidad de la explotación.
Con la llegada de lluvias acompañadas de temperaturas cálidas y alta humedad, el patógeno causante de la mancha bacteriana se activa y se propaga rápidamente, dañando los tomates hasta impedir su comercialización.
Para combatir la enfermedad, los productores recurren a fungicidas. Sin embargo, estos suelen mostrar una eficacia limitada debido a la resistencia desarrollada por los patógenos, según explica Gary Vallad, fitopatólogo de University of Florida.
Sin embargo, la aplicación de estos productos puede contribuir inadvertidamente a la propagación del patógeno. Como explica Vallad, los equipos de fumigación convencionales utilizan grandes volúmenes de agua a alta presión para aplicar el fungicida sobre el follaje del tomate. Este proceso genera partículas que contienen bacterias y pueden permanecer suspendidas en el aire, favoreciendo su dispersión y acelerando la propagación de la enfermedad de una planta a otra en el campo.
Científicos de University of Florida (UF) están trabajando para capacitar a los productores de tomate en la aplicación de fungicidas sin favorecer la propagación del patógeno causante de la mancha bacteriana. El estudiante de doctorado Renzo Ramírez señaló a los productores, durante el Día de Campo del Tomate celebrado este pasado 26 de mayo, que existen motivos para el optimismo.
En investigaciones previas del laboratorio de Vallad, los científicos descubrieron que el patógeno causante de la mancha bacteriana puede desplazarse en pequeñas gotas de agua generadas por el riego por aspersión en invernaderos.
“Este hecho planteó una pregunta importante: si la fina niebla generada por los aspersores tradicionales montados en tractores también podría contribuir a la dispersión de las bacterias en el campo”, señaló Vallad, profesor de fitopatología en el Centro de Investigación y Educación de la Costa del Golfo (GCREC) de UF Institute of Food and Agricultural Sciences (UF/IFAS).
Para investigarlo, Ramírez, estudiante del laboratorio de Vallad, infectó plantas de tomate con el patógeno de la mancha bacteriana en un campo del GCREC. Posteriormente, utilizó un fumigador accionado por tractor para rociar las plantas con agua, simulando la aplicación de un fungicida. Durante el proceso, empleó muestreadores de aire para determinar hasta qué distancia podían desplazarse las bacterias.
Ramírez llevó a cabo el experimento en la primavera de 2025, un periodo que resultó ideal para el desarrollo de la mancha bacteriana, debido a la combinación de calor, humedad y lluvia.
En estas condiciones, Ramírez detectó bacterias a una distancia de hasta 7,3 metros (24 pies) de las plantas infectadas y hasta 4,5 metros (15 pies) sobre el suelo. Estas cifras corresponden al alcance del muestreo de aire realizado por los científicos. Es probable que las bacterias se desplazaron aún más lejos, pero no se disponía de estaciones de muestreo adicionales para medir su alcance total, explicó Vallad.
“Estos resultados sugieren que el clima y la gravedad de la enfermedad influyen en la facilidad con la que el patógeno de la mancha bacteriana se dispersa por el aire durante la fumigación”, afirmó Vallad. “En otras palabras, a mayor incidencia de la enfermedad, mayor es la presencia de bacterias, lo que aumenta la probabilidad de propagación a larga distancia y, por consiguiente, su detección. Los datos también muestran que, en algunos casos, la fumigación podría contribuir involuntariamente a la propagación de la enfermedad.
Comprender cuándo este riesgo es mayor podría ayudar a los productores a tomar mejores decisiones sobre el momento de la fumigación y a limitar la propagación de la mancha bacteriana en sus campos.
“Estamos estudiando nuevas tecnologías de fumigación, el cambio de tipos de boquillas, el uso de fumigadores de bajo volumen con asistencia de aire e incluso la modificación de la configuración de los fumigadores como formas de limitar la producción de partículas muy pequeñas suspendidas en el aire que contienen material biológico, conocidas como bioaerosoles”, concluyó Vallard.
ACERCA DE UF/IFAS
La misión de University of Florida Institute of Food and Agricultural Sciences (UF/IFAS) es desarrollar conocimientos relevantes para los recursos agrícolas, humanos y naturales, así como hacer que ese conocimiento esté disponible para mantener y mejorar la calidad de vida humana. UF College of Agricultural and Life Sciences cuenta con más de una docena de centros de investigación, 67 condados con oficinas de extensión, así como estudiantes y profesores galardonados. UF/IFAS ofrece soluciones basadas en la ciencia a las industrias agrícolas y de recursos naturales del estado, así como a todos los residentes de Florida. ifas.ufl.edu | @UF IFAS


































