- Frente a los episodios de escasez registrados durante el invierno, alternativas como paja de trigo, cáscaras de avellana y retamilla podrían ampliar las fuentes de biomasa disponibles. Investigaciones del Centro de Energía UCSC muestran el potencial de estos materiales para disminuir la dependencia de los insumos tradicionales.
Mientras durante el invierno algunas familias enfrentan dificultades para encontrar pellet, en Chile existen residuos agrícolas, forestales e incluso especies vegetales invasoras que podrían convertirse en materia prima para producir este biocombustible. Aprovecharlos permitiría diversificar una industria estrechamente vinculada al sector forestal y, al mismo tiempo, valorizar materiales que actualmente pueden transformarse en un problema ambiental.
La Directora del Centro de Energía de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), Dra. Laura Azócar, explicó que distintas investigaciones han explorado materias primas alternativas disponibles tanto a escala local como nacional.
“Hay un sinfín de materias primas a nivel local y nacional. Se han investigado por nuestro grupo del Centro de Energía y en otras instituciones también materias primas como residuos forestales y residuos agrícolas”, señaló.
Una de ellas es la paja de trigo, un residuo abundante que puede ser aprovechado energéticamente en lugar de ser eliminado mediante quemas.
“Por ejemplo, la paja de trigo es un residuo muy abundante a nivel nacional que tiene este problema de que se quema y genera incendios durante el verano. Por lo tanto, es un insumo relevante para la producción de pellets”, explicó la Dra. Azócar.
Las posibilidades incluyen también cáscaras de avellana y otros residuos disponibles en el territorio. Incluso una especie invasora puede tener una segunda vida como combustible.
“También está la retamilla, que es una biomasa invasora y promueve los incendios forestales. Nosotros la hemos investigado y es apropiada para la producción de pellets”, agregó.
¿Por qué falta pellet precisamente en invierno?
La diversificación de materias primas aborda solo una parte del problema. Otro factor está relacionado con la diferencia entre el comportamiento de la producción y el fuerte aumento estacional de la demanda.
Contrario a la idea de que las plantas producen al mismo ritmo durante los doce meses, Azócar precisó que algunas empresas disminuyen o detienen su actividad durante el verano debido al menor consumo, mientras otras destinan parte de su producción a mercados extranjeros.
“La verdad es que la producción no es la misma durante todo el año. En verano, en algunos casos, las empresas productoras de pellet no funcionan debido a que no hay demanda y las que están funcionando, en algunos casos, también están exportando los pellets”, explicó la Directora del Centro de Energía UCSC.
Así, cuando las temperaturas bajan y aumenta rápidamente el uso de sistemas de calefacción, la disponibilidad puede encontrarse con una demanda considerablemente mayor.
Para la especialista, la exportación también plantea una interrogante desde el punto de vista ambiental. Una de las ventajas del pellet está asociada al ciclo del carbono de la biomasa, pero transportarlo miles de kilómetros incorpora nuevas emisiones a su cadena logística.
“Al exportarlo, por ejemplo, a Europa, se tiene que transportar por barco. Eso implica que se ocupe combustible fósil y, por lo tanto, se pierde ese beneficio ambiental que tiene el pellet”, sostuvo.
Producir en verano para calefaccionar en invierno
¿Cómo evitar entonces que el mismo problema vuelva a repetirse? Azócar plantea que no existe una única respuesta y que las alternativas involucran tanto a consumidores como a productores y políticas públicas.
Una posibilidad es anticipar las compras. “Las familias se pueden organizar y comprar ese pellet durante el verano para abastecerse durante el invierno”, indicó la investigadora.
Pero el desafío también está en generar condiciones que permitan mantener una producción más estable durante el año. Para ello, la académica plantea explorar nuevos usos capaces de sostener la demanda cuando disminuye el consumo residencial.
“También va por el tema de políticas públicas, que haya algún incentivo para que la producción se mantenga durante el año. Por ejemplo, se puede promover que el pellet se ocupe también en las industrias y eso generaría una estabilidad en la demanda”, afirmó.
A ello se suma otra variable relevante para el funcionamiento del mercado: la capacidad de almacenamiento. Aumentar el bodegaje permitiría acumular parte de la producción de los meses de menor consumo para disponer de ella cuando llegue el invierno.
“Las industrias pueden ir buscando un mayor mercado. Pueden ampliar, por ejemplo, el bodegaje para tener mayor almacenamiento, para que lo que produzcan durante el verano se pueda ocupar durante el invierno”, explicó la Dra. Laura Azócar.
De esta manera, los episodios de escasez abren un desafío que va más allá de aumentar la producción en momentos de alta demanda. Diversificar las materias primas, aprovechar residuos disponibles en Chile, estabilizar el consumo durante el año y aumentar la capacidad de almacenamiento aparecen como alternativas para fortalecer una cadena productiva que cada invierno enfrenta su período de mayor presión.



































