Un estudio liderado por investigadores del Núcleo Milenio LiLi revela que no todas las poblaciones de roble responden de la misma forma a la sequía. Los resultados entregan información clave para restaurar bosques más resilientes al cambio climático y mantener los beneficios que estos ecosistemas entregan a las personas.
Cuando un temporal golpea el sur de Chile, la atención suele centrarse en los caminos cortados, las inundaciones o los deslizamientos de tierra. Sin embargo, hay un protagonista silencioso que muchas veces pasa inadvertido: el bosque nativo.
Más allá de su belleza o de albergar una enorme biodiversidad, los bosques cumplen funciones esenciales para la seguridad de los territorios. Sus copas amortiguan el impacto de la lluvia, las raíces ayudan a estabilizar el suelo y junto con la capa de hojas, ramas y materia orgánica que cubre el suelo, el bosque actúa como una enorme esponja natural, favoreciendo que el agua infiltre lentamente en el suelo en lugar de escurrir violentamente por las laderas. Sin embargo, a pesar de las lluvias extremas que han azotado el país este año, las proyecciones de cambio climático indican que también nos veremos expuestos a todo lo contrario: sequías más recurrentes e intensas.
Mientras los eventos climáticos extremos se vuelven cada vez más frecuentes e intensos, surge una nueva pregunta: ¿cómo asegurar que esos bosques sigan cumpliendo ese rol en las próximas décadas?
Parte de la respuesta podría estar en una investigación liderada por la científica Rocío Urrutia-Jalabert, investigadora del Núcleo Milenio LiLi, del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia CR2 y académica de la Universidad de La Frontera, cuyos resultados fueron publicados recientemente en la revista Forest Ecology and Management. El estudio entrega nuevas evidencias sobre cómo distintas poblaciones de Nothofagus obliqua, conocido como roble, hualle, pellín o coyán, toleran la escasez de agua y aporta información clave para orientar futuras estrategias de restauración ecológica.
«Investigaciones como esta nos ayudan a comprender la vulnerabilidad y, al mismo tiempo, la resiliencia de nuestros bosques frente a los eventos extremos que más pueden causar su mortalidad. Esta información es crucial tanto para una mejor planificación de la conservación como de la restauración futura de los bosques», explica Rocío Urrutia-Jalabert.
No todos los robles toleran de la misma forma las sequías
Para desarrollar la investigación, el equipo estudió seis poblaciones de robles distribuidas entre las regiones del Maule y Los Ríos. Se analizaron once rasgos (características) funcionales relacionados con la tolerancia a la sequía en árboles adultos, tanto en bosques naturales como en las mismas poblaciones plantadas en un jardín común experimental con más de veinte años de antigüedad, ubicado en Arquilhue (Región de Los Ríos).
Se trata del primer estudio de este tipo realizado en árboles adultos de los bosques templados de Sudamérica, un aporte especialmente relevante considerando que la mayor parte de la evidencia disponible hasta ahora provenía de plántulas o de especies del hemisferio norte.
Los resultados mostraron que la mayoría de las diferencias observadas entre las distintas poblaciones no están determinadas por la genética, sino por un fenómeno conocido como plasticidad fenotípica, es decir, la capacidad que tienen los árboles para modificar su funcionamiento según las condiciones del lugar donde crecen. Esta flexibilidad podría permitirles a los robles responder a escenarios ambientales cambiantes y otorgarles una mayor resiliencia frente al cambio climático.
Sin embargo, el estudio identificó dos rasgos que sí permanecen determinados por la genética: la proporción de vasos (conductos) que transportan el agua desde las raíces hacia las hojas y la tasa de crecimiento.
Eso significa que, aunque los robles pueden ajustar gran parte de su fisiología al ambiente, no todas las poblaciones crecerán igual cuando son trasladadas a otro lugar.
Una sorpresa en la Cordillera de la Costa
Uno de los hallazgos más llamativos fue que las poblaciones con mayor tolerancia a la sequía no provenían de las regiones de más al norte (Maule o Ñuble), necesariamente.
«Nos sorprendió mucho que las poblaciones de la Cordillera de la Costa tuvieran características que les confieren una alta tolerancia a la sequía y, por otro lado, que una población del norte, como Vilches, tuviera un mal crecimiento y desempeño en un lugar lluvioso. Eso fue completamente inesperado. Otro hallazgo que nos sorprendió mucho fue que el roble, si bien es una especie muy plástica y tiende a adaptarse al entorno, no todas sus poblaciones muestran rasgos de tolerancia a la sequía. Por eso es importante comprender la variabilidad que existe dentro de cada especie», comenta la investigadora.
Las poblaciones de Quirihue, en la Región de Ñuble, y de Llancacura, en la Región de Los Ríos, ambas ubicadas en la Cordillera de la Costa, fueron las que mostraron rasgos de gran tolerancia frente al déficit hídrico. Los investigadores atribuyen este resultado a las características de sus suelos: poco profundos y con escasa capacidad para retener agua, condiciones que durante miles de años habrían favorecido individuos con una mayor tolerancia a condiciones restrictivas .
La investigación también evidenció un «dilema» que los árboles deben enfrentar constantemente: crecer rápido o resistir mejor la sequía.
Los robles provenientes de ambientes húmedos, como los de la zona de Llifén (comuna de Futrono), desarrollan un crecimiento más acelerado, pero son más vulnerables cuando el agua escasea. En cambio, aquellos mejor adaptados a la sequía, como los de Quirihue, invierten más energía en construir una madera resistente y segura para transportar agua, lo que les permite sobrevivir mejor, aunque a costa de crecer más lentamente.
Una decisión que puede marcar el futuro de los bosques
Más allá de responder preguntas ecológicas, el estudio entrega información con aplicaciones concretas para la restauración de los bosques nativos.
Uno de sus principales mensajes es que el origen de las semillas sí importa.
«Frente al aumento proyectado en la intensidad y frecuencia de las sequías, que son el evento extremo que más mortalidad causa en los bosques del mundo, es muy necesario estudiar cómo las distintas especies y las poblaciones dentro de cada especie responden a estos eventos. Debemos dejar atrás la creencia de que basta con trasladar poblaciones desde el norte, que es más seco, hacia el sur que se volverá más seco. Nuestro estudio demuestra que eso no es garantía de éxito para el futuro de un bosque», afirma Urrutia-Jalabert.
La población de Vilches, la ubicada más al norte del estudio, mostró un bajo crecimiento y una mayor fragilidad frente a la sequía cuando fue trasladada hacia el sur en Arquilhue. En contraste, las poblaciones costeras de Quirihue y Llancacura aparecieron como una alternativa prometedora para futuros programas de restauración, gracias a sus rasgos de elevada tolerancia al déficit hídrico, aunque con un crecimiento naturalmente más lento.
En un contexto donde Chile enfrenta sequías más prolongadas, olas de calor y eventos de lluvia cada vez más intensos, esta información puede transformarse en una herramienta para decidir con mayor precisión qué poblaciones utilizar en proyectos de restauración y reforestación.
No se trata solamente de plantar árboles, sino de elegir aquellos que tengan mayores probabilidades de sobrevivir bajo las condiciones climáticas que se proyectan para las próximas décadas. Bosques más resilientes significan también ecosistemas con mayor capacidad para seguir regulando el agua, protegiendo los suelos, capturando carbono y sosteniendo la biodiversidad de la que dependen innumerables especies, incluida la nuestra.
El estudio abre además una nueva línea de investigación para los bosques templados del hemisferio sur, aportando evidencia científica que permitirá mejorar las estrategias de conservación y restauración en un escenario donde adaptarse al cambio climático dejó de ser una posibilidad futura, para convertirse en una necesidad del presente.
Como resume la investigadora, «no todas las especies de árboles, ni las poblaciones dentro de una misma especie, toleran de la misma forma el cambio climático. Esa información debe ser considerada en la toma de decisiones sobre la restauración de bosques.»
Esta nota se basa en la siguiente publicación científica:
Urrutia-Jalabert, Rocío & Carvajal, Danny & Skelton, Robert & Pittermann, Jarmila & Peña, María & Cárdenas Pizarro, Alejandro & Gutierrez Caro, Braulio & Ipinza, Roberto. (2025). Intraspecific variation in drought tolerance traits in a Nothofagus species (southern beech) in southern South America. Forest Ecology and Management. 597. 123165. 10.1016/j.foreco.2025.123165.
Esta investigación fue posible gracias al financiamiento de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID), a través del Núcleo Milenio LILI NCN2024_040.





































