La actual situación agraria en Argentina se encuentra marcada por dudas significativas ante la llegada de El Niño, un fenómeno que podría alterar la siembra de granos gruesos este año. Las proyecciones climáticas indican que las lluvias pronosticadas superarán los niveles normales; sin embargo, su impacto no será uniforme a lo largo del país.
Según las afirmaciones de Juan Balbín, agricultor de Cañada Seca y ex presidente de INTA y CREA, las regiones menos afectadas incluyen la provincia de San Luis y el oeste de La Pampa. Estas áreas se benefician de contar con napas profundas, lo que permite que las lluvias abundantes puedan penetrar adecuadamente en el suelo y ser utilizadas eficientemente por los cultivos de verano. En contraposición, el noreste de La Pampa y el sur de Córdoba enfrentan un mayor riesgo de inundación debido a la topografía y las características de las cuencas.
Las cuencas hídricas de estas últimas zonas suelen provocar excedentes de agua, generando inundaciones en campos agrarios cuando se encuentran con formaciones topográficas inadecuadas, como médanos. En particular, en la región de Buenos Aires, los suelos ya están saturados, lo que eleva la posibilidad de que incluso lluvias moderadas causen graves inundaciones.
Además, la Mesopotamia se presenta como otra área vulnerable, sobre todo las islas del delta del Paraná y campos adyacentes a ríos. La variabilidad de condiciones que podría surgir en un Super Niño hace necesario que los productores adopten un enfoque prudente, pues las expectativas de alcanzar una cosecha récord para el ciclo 2026/2027 son inciertas. Balbín advierte que, para lograr un rendimiento excepcional, todas las regiones deberían tener resultados productivos satisfactorios, algo que actualmente no está garantizado.
Independientemente de la severidad del fenómeno que se avecina, es aconsejable implementar prácticas agrícolas adéquadas para mitigar los efectos adversos. Balbín, por su parte, tiene planes de adelantar la siembra de maíz y soja en predios seguros, mientras que en zonas más susceptibles estará monitoreando el clima para decidir si mantener el plan de rotación original. Esto resulta crucial, dado que la resiembra de cultivos, especialmente de girasol, puede implicar grandes gastos y el riesgo de malezas por condiciones de encharcamiento.
En cuanto al maíz, el encharcamiento conlleva una serie de problemas, como la anaerobiosis del suelo, que detrae nutrientes críticos como los nitratos y compromete la porosidad e integridad del terreno, resultando en rendimientos bajos.
Fuente:www.contextotucuman.com




































