- El país busca consolidarse como un polo internacional de investigación y desarrollo de nuevas variedades vegetales, apoyado en su experiencia semillera, su sanidad vegetal y condiciones agroclimáticas únicas.
Chile quiere dar un salto estratégico en la industria semillera. Más allá de su reconocido papel como productor y exportador de semillas para mercados internacionales, el país apunta a consolidarse como un centro global de investigación, desarrollo e innovación genética, con el objetivo de atraer nuevas inversiones, impulsar el fitomejoramiento y fortalecer la competitividad de su agricultura frente a los desafíos del cambio climático.
La propuesta, impulsada por la Asociación Nacional de Productores de Semillas de Chile (ANPROS), plantea aprovechar las ventajas competitivas que el país ha construido durante décadas para avanzar hacia una industria de mayor valor agregado. Entre ellas sobresalen la producción en contraestación, la diversidad de condiciones agroclimáticas, la sanidad vegetal, la experiencia técnica de productores y empresas, y una sólida reputación internacional en calidad y trazabilidad.
El sector considera que esas fortalezas ofrecen una plataforma ideal para atraer proyectos de investigación, desarrollar nuevas variedades vegetales y ampliar la participación chilena en una actividad que hoy ocupa un lugar central dentro de la seguridad alimentaria mundial.
La creciente demanda de cultivos capaces de producir más con menos recursos también impulsa esta estrategia. Los desafíos vinculados a la escasez de agua, el aumento de las temperaturas, la degradación de los suelos y la aparición de nuevas plagas obligan a acelerar el desarrollo de materiales genéticos más eficientes y resilientes.
El fitomejoramiento frente al cambio climático
El desarrollo de nuevas variedades se ha convertido en una de las principales herramientas para responder a los cambios que enfrenta la agricultura. A través del fitomejoramiento, es posible obtener plantas con mayor tolerancia a la sequía, mejor eficiencia en el uso del agua, resistencia a enfermedades y plagas, además de un mayor potencial productivo y comercial.
En cultivos frutales, la innovación genética también permite desarrollar variedades con mejor conservación poscosecha, mayor calidad y mejores condiciones para soportar largos trayectos hacia mercados internacionales, un aspecto clave para un país fuertemente orientado a la exportación.
Chile ya participa en programas internacionales de multiplicación de semillas y producción en contraestación para compañías de distintos países. Sin embargo, desde ANPROS consideran que el siguiente paso consiste en atraer un mayor volumen de investigación científica, ampliar el desarrollo de genética local y fortalecer la colaboración entre empresas, universidades, centros tecnológicos y organismos públicos.
Para el director ejecutivo de ANPROS, Mario Schindler, la reputación que Chile construyó durante décadas constituye un activo estratégico, aunque advierte que mantener esa posición exigirá adaptarse al ritmo de las nuevas tecnologías y a una competencia internacional cada vez más intensa.
La regulación será clave para atraer inversiones
El avance de la genética vegetal no depende únicamente del conocimiento científico. También requiere un entorno regulatorio capaz de acompañar la velocidad con la que evolucionan las nuevas tecnologías aplicadas al agro.
Desde la industria sostienen que la protección de la propiedad intelectual, reglas claras para la investigación y mayor certeza jurídica serán factores decisivos para atraer inversiones en innovación y evitar que proyectos de alto valor tecnológico se desarrollen en otros países.
A ello se suma la incorporación de herramientas como la agricultura de precisión, la inteligencia artificial, el análisis de datos y las nuevas técnicas de mejoramiento vegetal, tecnologías que están transformando la forma en que se desarrollan las variedades adaptadas a las necesidades de cada región y mercado.
Para ANPROS, la combinación entre estas innovaciones y la experiencia acumulada por la industria semillera chilena abre una oportunidad para que el país deje de ser reconocido únicamente como un multiplicador de semillas y avance hacia un rol de mayor protagonismo como generador de conocimiento, genética e innovación para la agricultura del hemisferio sur.
Si esa estrategia logra consolidarse, Chile no solo fortalecerá su posición en el comercio internacional de semillas, sino que también podría convertirse en un actor clave en el desarrollo de tecnologías capaces de mejorar la productividad agrícola, responder a los efectos del cambio climático y contribuir a una producción de alimentos más eficiente y sostenible.



































