Por Bruno Carloto, gerente de Marketing Estratégico de Acadian Sea Beyond en la BU Atlantic (BR, PY, AR y UY)
La agricultura necesita aumentar continuamente la producción de alimentos para atender a una población mundial en crecimiento, al mismo tiempo que enfrenta desafíos cada vez más complejos relacionados con el cambio climático y las plagas. Eventos extremos, como sequías prolongadas, olas de calor, lluvias intensas y otras irregularidades climáticas, han impactado directamente la productividad de los cultivos y han exigido nuevas estrategias para garantizar la seguridad alimentaria y la sostenibilidad de los sistemas productivos.
En este escenario, la búsqueda de tecnologías que aumenten la resiliencia de los cultivos cobra cada vez más relevancia. Entre ellas, los bioestimulantes a base del alga marina Ascophyllum nodosum se destacan por contribuir al desarrollo de las plantas y a la adaptación de la agricultura a los nuevos desafíos.
Originaria de las aguas frías y limpias del Atlántico Norte, especialmente de las regiones costeras de Canadá, esta alga ha desarrollado mecanismos naturales de supervivencia para soportar condiciones ambientales extremas. Durante su ciclo natural, Ascophyllum nodosum permanece expuesta diariamente a las mareas, enfrentando congelamiento durante el invierno, con temperaturas cercanas a los -20 °C, y un intenso calentamiento durante la marea baja en verano, cuando puede alcanzar los 40 °C. Esta capacidad de tolerar variaciones climáticas estimula la producción de compuestos bioactivos que ayudan a protegerla frente al estrés. Estos compuestos se conservan mediante procesos de extracción específicos y pueden aprovecharse en la agricultura para ayudar a las plantas a enfrentar situaciones adversas.
Los extractos de Ascophyllum nodosum contienen una combinación de sustancias naturales, como aminoácidos, antioxidantes y otros compuestos bioactivos que actúan en diferentes procesos fisiológicos de las plantas y contribuyen al desarrollo radicular y a la absorción de agua y nutrientes. Además, ayudan a mantener el equilibrio metabólico de los cultivos y a aumentar su tolerancia frente al estrés hídrico y térmico.
Estos beneficios han sido observados por los productores en el campo. En diversos cultivos, como soja, maíz, trigo, café, caña de azúcar, frutas y hortalizas, los bioestimulantes han contribuido a una mayor uniformidad de los cultivos, al incremento del desarrollo radicular, a una mejor eficiencia en el aprovechamiento de los fertilizantes y a una mayor estabilidad productiva, dependiendo del cultivo, el manejo y las condiciones ambientales. También pueden contribuir a mejoras en la calidad de los frutos y granos y a un mayor retorno sobre la inversión.
Además de los beneficios directamente relacionados con las plantas, el uso de tecnologías basadas en algas marinas está alineado con el concepto de agricultura sostenible. El aumento de la eficiencia en el aprovechamiento de los recursos disponibles en el suelo y la mejora de las condiciones fisiológicas de los cultivos contribuyen a sistemas productivos más equilibrados y preparados para los desafíos del futuro.
A medida que los desafíos climáticos se intensifican, aumenta la importancia de soluciones que ayuden a los productores a proteger el potencial productivo sin renunciar a la conservación de los recursos naturales.
A lo largo de décadas de investigación con Ascophyllum nodosum, se observa que la naturaleza puede ofrecer respuestas valiosas a los desafíos del campo. Más que una tendencia, los bioestimulantes de origen natural se consolidan como herramientas estratégicas para promover sistemas más eficientes, productivos y sostenibles, preparados para enfrentar los desafíos de hoy y del futuro.



































