El fuerte incremento en insumos clave como la urea y mezclas NPK presiona la estructura de costos en plena siembra. Expertos y actores del sector destacan el compost de producción nacional como una solución eficiente, sustentable y blindada ante la volatilidad internacional.
El reciente aumento en los precios de los combustibles a nivel global, gatillado por las tensiones geopolíticas y logísticas en el Estrecho de Ormuz, se tradujo en un fuerte incremento en el costo de los fertilizantes importados en Chile. Durante las últimas semanas, la urea —insumo 100% importado— registró alzas significativas pasando de $700.000 a $1.200.000 por tonelada, mientras que las mezclas NPK aumentaron de $600.000 a $900.000, generando un impacto directo en la estructura de costos de los agricultores locales en plena temporada de siembra.
Frente a esta volatilidad, distintas voces del agro y del sector ambiental coinciden en que el fertilizante orgánico o natural —elaborado a partir de la revalorización de residuos— representa una alternativa concreta y sostenible. A diferencia de los insumos sintéticos que dependen enteramente de cadenas de suministro internacionales, el compost se produce dentro del país con materia prima local, sin exposición directa a los vaivenes del mercado petrolero.
Desventajas del fertilizante sintético vs. Beneficios del compost
La alta dependencia de la urea y otros fertilizantes químicos plantea desafíos no solo económicos, sino también de salud de los suelos a mediano y largo plazo. La urea sintética, si bien aporta nitrógeno de rápida disponibilidad, presenta desventajas como la aceleración en la acidificación del suelo y pérdidas significativas por lixiviación (filtración a napas subterráneas).
Por el contrario, la incorporación de compost y sustratos orgánicos genera un impacto regenerativo:
Retención de agua y estructura: Mejora la porosidad del suelo y su capacidad de retención hídrica, factor clave en contextos de sequía.
Liberación gradual de nutrientes: Evita la pérdida de insumos por lavado y promueve la actividad microbiana del suelo.
Economía circular: Transforma residuos orgánicos en insumos de alto valor, reduciendo la huella de carbono asociada al transporte internacional.
Esta visión es compartida por actores del sector privado dedicados al desarrollo de la economía circular local. Desde Chicureo Sustentable, empresa dedicada a la producción de compost y sustratos a partir de residuos revalorizados, ven el escenario actual como un punto de inflexión.
Gianni Sichel, CEO de Chicureo Sustentable, señala que «integrar fertilizantes orgánicos hoy no solo responde a una urgencia coyuntural por amortiguar los costos productivos. Es una decisión estratégica para construir una cadena de valor 100% nacional —desde la recolección de residuos hasta su aplicación en el campo— que protege a los productores locales de contingencias internacionales y asegura la productividad del suelo a largo plazo».
El escenario actual deja una señal clara para la industria agrícola nacional: reducir la vulnerabilidad frente a shocks externos dependerá de diversificar la matriz de insumos, fortaleciendo soluciones locales que combinen eficiencia económica y sostenibilidad ambiental.



































