Tras el cierre del proyecto ejecutado por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, sus principales resultados continúan activos: capacidades de diagnóstico, material vegetal resguardado, especialistas formados y una colaboración internacional que impulsa nuevas investigaciones para la citricultura.
El término del proyecto no puso fin a sus resultados. En la Escuela de Agronomía de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), el Banco de Germoplasma de Cítricos continúa activo y conserva bajo condiciones protegidas una colección de variedades de importancia para la industria. A su alrededor también permanecen capacidades de diagnóstico, especialistas formados y vínculos científicos que están dando origen a nuevas investigaciones sobre sanidad vegetal.
Esa continuidad es uno de los principales resultados del proyecto “Nuevo servicio de detección de virus y viroides para determinar la sanidad de plantas de cítricos en Chile”, ejecutado por la PUCV con apoyo de la Fundación para la Innovación Agraria (FIA) y la participación del Comité de Cítricos de Frutas de Chile, la Asociación Gremial de Viveros y el Servicio Agrícola y Ganadero.
La iniciativa abordó un desafío central para la citricultura: disponer de herramientas para identificar patógenos que pueden propagarse junto con el material vegetal y contar con plantas de referencia resguardadas de vectores. Para ello, el equipo estandarizó protocolos de detección directa mediante RT-PCR para virus y viroides relevantes, fortaleció las capacidades del Laboratorio de Fitopatología de la PUCV y habilitó un recinto protegido para el Banco de Germoplasma.
Durante una visita a las instalaciones, Nicolás Pardo, seremi de Agricultura de Valparaíso, destacó el valor de estas capacidades para el sector productivo. “Es importante entregar seguridad y certeza a nuestros productores para que puedan producir de la mejor manera”, señaló.
Una capacidad instalada que permanece
El Banco alberga variedades comerciales y portainjertos utilizados en el país. El material se mantiene en una estructura con barreras destinadas a reducir su exposición a insectos vectores y con acceso controlado, lo que permite preservar su condición fitosanitaria y sostener una colección de referencia para investigación, propagación y vinculación con la industria.
Su continuidad también depende de un trabajo cotidiano. Los ingenieros agrónomos Claudio Henríquez y Fiona Ramella se encargan de resguardar y mantener el material, una tarea que convierte la infraestructura construida durante el proyecto en una capacidad activa de la Universidad y no solo en un resultado de cierre.
La formación de especialistas fue otra pieza decisiva. La capacitación de la bióloga Natalia Riquelme en la Universidad de California en Riverside, bajo la dirección del Dr. Georgios Vidalakis y del Dr. Sohrab Bodaghi, permitió actualizar metodologías de detección y bioindexaje de patógenos de cítricos, además de fortalecer la preparación frente al huanglongbing (HLB), una amenaza fitosanitaria ausente del país.
El proyecto también dejó una herramienta de divulgación para profesionales, viveristas y productores: el libro “Enfermedades de los cítricos transmisibles por injerto. Presentes y ausentes en Chile”, que reúne información sobre patógenos, síntomas, variedades resistentes y técnicas de detección.
Ximena Besoain Canales, coordinadora principal del proyecto y fitopatóloga de la Escuela de Agronomía de la PUCV, destacó el valor de contar con instrumentos que permiten convertir necesidades productivas en capacidades científicas aplicadas. “Como investigadora e innovadora, estos instrumentos de FIA nos permiten abordar problemáticas fitosanitarias que actualmente afectan a la agricultura, en este caso a la citricultura, generando conocimiento y herramientas que contribuyan a dar respuesta a las necesidades actuales del sector y, sobre todo, a anticiparnos a los desafíos fitosanitarios que puedan surgir en el futuro”, señaló.
Nuevas investigaciones y una ruta para el sector viverista
Las capacidades desarrolladas con apoyo de FIA hoy sirven de base para un proyecto FONDECYT Regular, financiado por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo, que estudia la protección cruzada mediante aislados atenuados del virus de la tristeza de los cítricos (CTV). La investigación mantiene bioensayos en Pica y en la Estación Experimental La Palma de la PUCV, y cuenta con Vidalakis como asesor científico, dando continuidad a la colaboración establecida con la Universidad de California en Riverside.
Para la citricultura, esta línea de trabajo abre la posibilidad de anticiparse a cepas más agresivas del virus y seguir fortaleciendo el conocimiento disponible en Chile. También demuestra que la inversión inicial no terminó con el proyecto: la infraestructura, los protocolos y las redes construidas quedaron disponibles para formular nuevas preguntas y sostener investigación aplicada.
Esperanza Garrido, representante regional de FIA en Valparaíso, señaló que “este proyecto es un muy buen ejemplo de cómo la innovación puede generar capacidades que permanecen en el territorio y que aportan directamente a la competitividad y sostenibilidad del sector agrícola”. Agregó que disponer de herramientas para la detección temprana y de un Banco de Germoplasma con material sano beneficia a viveros y productores, y fortalece la preparación del país frente a amenazas fitosanitarias como el HLB.
El siguiente desafío es acercar estas capacidades aún más al sector productivo. Viveristas y la Asociación Gremial de Viveros han manifestado interés en avanzar hacia un Bloque Fundación, una etapa que permitiría producir material vegetal sano y con identidad varietal comprobada para la industria. Se trata todavía de una proyección, que requiere articulación, sostenibilidad financiera y nuevas fuentes de apoyo.
Mantener el Banco, profundizar la relación con viveros y productores y asegurar recursos para las próximas etapas son las tareas que marcarán su futuro. La base, sin embargo, ya está instalada: este proyecto apoyado por FIA dejó infraestructura, conocimiento y alianzas que siguen aportando a la sanidad y la capacidad de respuesta de la citricultura chilena.





































