La región del Maule llega al cierre del invierno con uno de los desafíos agrícolas más determinantes del calendario productivo: La preparación de los suelos para el reinicio del ciclo vegetativo. La zona concentra la mayor superficie frutícola del país, con cerca de 90.700 hectáreas de plantaciones según el último catastro frutícola de Ciren y Odepa, liderada por el cerezo, especie que entre 2022 y 2024 pasó de 27.817 a 32.801 hectáreas plantadas en la región, un alza de 17,9%. Junto a los grandes huertos de cerezos del valle central, el borde costero del Maule -en comunas como Curepto y Vichuquén- mantiene una producción relevante de frutilla, cultivo que también depende de una base nutricional bien ajustada para responder a la primavera.
El paso del invierno a la primavera no es un simple cambio de estación para las plantas: es el momento en que rompen la dormancia, reactivan raíces y comienzan a demandar con fuerza nutrientes que durante los meses fríos se movieron mucho más lento en el suelo. Juan Hirzel, investigador especializado en fertilidad de suelos y nutrición vegetal del INIA Quilamapu, ha planteado en distintas instancias técnicas que la condición del suelo es un factor determinante para lograr productividad y calidad en la fruticultura, y que buena parte de los desequilibrios nutricionales que luego afectan el desarrollo de la fruta se originan en decisiones de manejo tomadas antes de que el cultivo despierte. Es en esa ventana, precisamente -entre agosto y septiembre-, cuando un diagnóstico de suelo entrega la información más útil, porque permite ajustar el plan de fertilización antes de que arranque la demanda de primavera, en lugar de corregir sobre la marcha.
En términos prácticos, un análisis de fertilidad de suelo mide un conjunto de parámetros que van más allá de lo que un productor puede observar a simple vista: pH, conductividad eléctrica, materia orgánica, Nitrógeno total y disponible, Fósforo y Potasio extractables, Calcio, Magnesio, Sodio y microelementos como Hierro, Manganeso, Cobre, Zinc y Boro. Laboratorios especializados en Chile, como el de Agriservice, ofrecen este tipo de análisis, cuyo resultado permite identificar deficiencias o excesos puntuales y construir una recomendación de fertilización ajustada al cultivo y al predio específico, en lugar de aplicar programas genéricos que no siempre responden a la realidad de cada suelo.
Recomendaciones para el sector cerecero
Ante el pronóstico de una primavera más cálida y lluviosa por efecto del Fenómeno de El Niño, el especialista en fitotecnia de frutales de INIA Quilamapu, Cristian Balbontín, entregó un conjunto de recomendaciones para los huertos de cerezos de la zona centro-sur, entre ellos los del Maule. El investigador precisó que la salida del receso invernal depende principalmente del frío acumulado en las yemas y no del estado de las raíces, pero advirtió que el verdadero riesgo de la temporada está en el anegamiento de los suelos: el exceso de agua puede asfixiar las raíces y comprometer el soporte metabólico y hormonal que sostiene la brotación y la floración.
Entre las medidas concretas, Balbontín recomendó identificar con anticipación los sectores del huerto más expuestos a anegamiento -en particular las zonas bajas de los cuarteles y cabeceras- y reforzar o construir drenes superficiales en esos puntos. También planteó realizar una limpieza preventiva de canales, zanjas y alcantarillas antes de que lleguen las lluvias, y ejecutar subsolados en sectores con suelo compactado o capas arcillosas, siempre que el suelo esté seco al momento de la labor.
En el plano nutricional, el especialista sugirió la aplicación foliar de Boro y Zinc antes de la prefloración, como forma de compensar la menor absorción de estos microelementos cuando el suelo está saturado. Llamó, además, a poner atención en Phytophthora spp., patógeno de suelo que se ve favorecido por la combinación de anegamiento y temperaturas superiores a lo normal. De cara a la cosecha, explicó que la resistencia de la fruta a partirse por lluvia no se juega en los días previos, sino semanas antes, durante la división celular posterior al cuaje, etapa en la que se define buena parte del grosor y la calidad de la cutícula.
Recomendaciones para el sector frutillero
En frutilla, el manejo de salida de invierno no es uniforme, varía según si se trata de huertos de primer año, de segundo año o de suelos en barbecho o rotación que serán plantados en primavera, señala Michael Cerda Quiroz, fundador de Grupo Fragaria y consultor internacional en el cultivo de frutillas. En los huertos de primer año -que concentran la prioridad de manejo por su impacto directo en rendimiento y calidad- el foco está en el control de malezas, combinando remoción manual con aplicación de productos sistémicos y de contacto según la presión de malezas de cada predio. Cuando estos huertos están además en producción forzada, bajo micro o macrotúneles, se suma la aplicación periódica de fertilizantes vía riego y de bioestimulantes, orientados a mejorar la absorción radicular y la defensa de las plantas.
En los huertos de segundo año, la prioridad cambia: El eje pasa a ser el mantenimiento del sistema de riego por cinta, con productos desincrustantes como el ácido fosfórico o soluciones peroxiacéticas, mientras el control de malezas queda en un segundo plano, ya que en esta etapa del cultivo suele ser menos rentable.
El tercer escenario corresponde a los suelos en preparación para ser plantados en primavera. Ahí el manejo parte con laboreo mecánico -aradura de volteo con vertederas o discos, rastraje según el tipo de suelo y rotofresa para mullir antes de formar la alomadura o camellones-. Si el terreno ya tuvo frutilla u otra especie previamente, se recomienda el uso de ripper o subsolador para asegurar un buen drenaje. Para el control de malezas en esta etapa, una práctica habitual es regar por aspersión para estimular su germinación y luego aplicar vía dron productos sistémicos junto a coadyuvantes o sinergizantes. En algunos casos se aplican también fumigantes de suelo en la alomadura, que además de actuar sobre semillas de malezas controlan hongos y huevos o pupas de plagas, junto con la incorporación de enmiendas de materia orgánica o abonos base según lo que arroje el diagnóstico del suelo.
Cerezos y frutillas parten de necesidades de manejo distintas, pero comparten un mismo punto de partida: sin un diagnóstico actualizado del suelo, cualquier plan de fertilización o manejo se hace a ciegas. Para los productores del Maule, revisar ese estado antes de que la primavera avance no es un trámite adicional, sino la base sobre la que se sostienen las decisiones del resto de la temporada.



































