La 3ª Jornada de Transferencia Tecnológica en Avellano Europeo, realizada el 9 de septiembre en Temuco, reunió a productores, investigadores, asesores, empresas y representantes de más de 30 instituciones. Más que un encuentro técnico, la jornada reflejó una característica que comienza a distinguir a esta industria en Chile: su capacidad de reunirse, generar conocimiento y transferirlo al campo. En el inicio de una nueva temporada, la invitación es a seguir colaborando, investigando y ocupándonos del cultivo para construir su futuro.

El comienzo de una nueva temporada siempre trae expectativas. En el avellano europeo, como en buena parte de la agricultura chilena, también llega acompañado de desafíos productivos, climáticos y económicos que obligan a observar el futuro con atención. Sin embargo, existen buenas razones para hacerlo con optimismo.

Una de ellas quedó de manifiesto el pasado 9 de septiembre en Temuco, durante la 3ª Jornada de Transferencia Tecnológica en Avellano Europeo. El encuentro convocó a representantes de más de 30 instituciones y reunió a distintos actores vinculados a esta importante industria.

Productores, investigadores, asesores, empresas y profesionales se encontraron en un mismo espacio para conversar sobre los desafíos del cultivo, conocer resultados de investigación y compartir experiencias. Y quizás esa capacidad de encontrarse sea, precisamente, uno de los activos más importantes que hoy posee el sector.

Porque una industria que se reúne puede conversar. Una industria que conversa puede identificar sus problemas. Una industria que investiga puede buscar respuestas. Y una industria que transfiere ese conocimiento puede transformar esas respuestas en mejores decisiones en el campo.

Una industria donde convergen disciplinas

La jornada permitió observar también cuánto ha evolucionado la mirada sobre la producción de avellano europeo. Los desafíos actuales difícilmente pueden abordarse desde una sola especialidad.

Durante el encuentro convergieron distintas áreas del conocimiento. Manuel Contreras, director de I+D+i y organizador de la jornada, presentó desarrollos, validaciones y respuestas productivas obtenidas durante tres temporadas de trabajo. Lorena Barra abordó la microbiología del suelo y la interacción entre nutrición, bioestimulación y biocontroladores. Daina Grinbergs presentó los avances relacionados con hongos de la madera y sus estrategias de manejo, mientras que Iván Vidal abordó la nutrición mineral y la fertirrigación eficiente como herramientas para optimizar productividad y calidad.

Microbiología, fitopatología, nutrición vegetal, fertirrigación, biocontrol, manejo agronómico e investigación aplicada confluyen así sobre un mismo cultivo.

Esta integración de disciplinas representa algo más profundo: comprender que la productividad y la calidad son el resultado de múltiples procesos que comienzan mucho antes de la cosecha.

Resulta especialmente interesante observar, desde el sur de Chile, la importancia que está adquiriendo la salud del suelo dentro de esa conversación. Entender el suelo como un sistema vivo, conocer sus interacciones y relacionarlas con nutrición, sanidad y productividad constituye una señal de una agricultura que incorpora progresivamente conocimiento científico a sus decisiones.

Investigar, pero también educar

Uno de los mensajes que surgió con fuerza durante la jornada, particularmente en las conversaciones con Manuel Contreras, fue la importancia de la transferencia tecnológica.

Generar conocimiento es indispensable, pero no suficiente.

Los resultados de la investigación aplicada deben llegar a quienes toman decisiones temporada tras temporada. Deben discutirse, contrastarse con la experiencia productiva y, finalmente, convertirse en herramientas que puedan utilizarse en los huertos.

Por eso encuentros como el desarrollado en Temuco cumplen también una función educativa. Acercan investigadores y productores, permiten intercambiar experiencias y generan espacios donde las preguntas que nacen en el campo pueden encontrarse con las respuestas que está desarrollando la ciencia.

En esa interacción también ocurre el proceso inverso: los problemas observados por productores y asesores ayudan a orientar nuevas preguntas de investigación.

La transferencia tecnológica deja entonces de ser un proceso unidireccional. Se transforma en una conversación permanente entre campo, ciencia e industria.

Una materia prima de calidad mundial y la ciencia detrás de ella

Chile ha construido una importante posición como productor de avellano europeo y desde nuestros campos sale una materia prima reconocida por su calidad.

Pero detrás de cada producto agrícola que llega a los mercados existe mucho más que una cosecha.

Hay años de observación, ensayos, validaciones, decisiones agronómicas, inversión, profesionales especializados y productores dispuestos a incorporar nuevas herramientas.

La calidad, por tanto, no aparece espontáneamente. Se construye temporada tras temporada.

Y aquí surge quizás una de las reflexiones más interesantes que deja esta jornada: cuando Chile exporta una materia prima vegetal de calidad mundial, en cierta medida también exporta la ciencia y el conocimiento que permitieron producirla.

Parte de ese conocimiento se genera en nuestros centros de investigación, universidades, empresas y campos experimentales. Luego se valida bajo nuestras condiciones productivas y finalmente llega a los huertos.

Por eso invertir en investigación aplicada y transferencia tecnológica no constituye solamente una inversión científica. Es también una inversión en la competitividad futura de nuestra agricultura.

“Ocupémonos”

Sin embargo, valorar los avances de la industria no significa ignorar sus problemas.

Durante la jornada, la productora Carla Vera realizó un llamado particularmente sencillo y contundente a sus pares: “Ocupémonos”.

Su reflexión apunta a una cuestión fundamental. Existen problemas que, si no son atendidos oportunamente, pueden adquirir importancia con los años e incluso condicionar la viabilidad futura del cultivo.

Es probablemente uno de los mensajes que mejor resume el desafío que enfrenta una industria en crecimiento.

Ocuparse significa recorrer los huertos, observar, diagnosticar y anticiparse. Significa cuidar el suelo, reconocer oportunamente los problemas sanitarios, revisar las estrategias de nutrición y manejo y estar dispuesto a incorporar conocimiento.

Pero también significa investigar aquello para lo cual todavía no tenemos respuestas.

En Chile destacan precisamente quienes se ocupan del cultivo temporada tras temporada. Productores y profesionales que comprenden que cada ciclo productivo entrega información y que los buenos resultados de hoy no deben conducir a la complacencia.

La consolidación futura del avellano europeo dependerá, en buena medida, de mantener esa actitud.

Un ejemplo para el agro chileno

Quizás por eso la experiencia observada en Temuco trasciende al propio avellano europeo.

En momentos en que la agricultura enfrenta condiciones climáticas cada vez más complejas y un escenario económico exigente, resulta necesario también comunicar señales de optimismo.

Chile posee capacidades científicas, profesionales y productivas extraordinarias. Tenemos agricultores que invierten, empresas que generan empleo, investigadores que buscan respuestas y profesionales que llevan ese conocimiento al territorio.

Cuando esos actores trabajan aisladamente, parte de ese potencial se pierde. Cuando se encuentran y colaboran, las posibilidades se multiplican.

La industria del avellano europeo puede servir como un buen ejemplo de aquello: reunirse, cooperar, investigar, educar y transferir conocimiento.

No significa que los problemas estén resueltos. Precisamente significa lo contrario: reconocerlos y construir colectivamente las herramientas necesarias para enfrentarlos.

El desarrollo agrícola de Chile requiere inversión y tecnología, pero también confianza entre quienes forman parte de sus cadenas productivas. Necesitamos fortalecer los espacios donde productores, empresas, universidades, centros de investigación y profesionales puedan encontrarse y construir soluciones.

Una nueva temporada

Comienza una nueva temporada para el avellano europeo y corresponde finalmente reconocer a quienes estarán nuevamente en los campos, ocupándose del cultivo día tras día.

A los productores, trabajadores agrícolas, asesores, investigadores, profesionales, empresas e instituciones que forman parte de esta cadena, el mayor de los éxitos para la temporada que comienza.

Y el reconocimiento también para quienes generan los espacios que permiten encontrarnos. La labor desarrollada por Manuel Contreras y el equipo organizador de esta tercera jornada demuestra el valor que puede tener una instancia de transferencia cuando consigue reunir al mundo productivo, científico y empresarial alrededor de desafíos comunes.

En tiempos complejos, el agro chileno necesita mirar hacia el futuro. Que la colaboración continúe siendo uno de nuestros pilares; que sigamos investigando, educando, invirtiendo, generando empleo y transfiriendo conocimiento.

Tenemos desafíos importantes por delante, pero también un país con enormes capacidades para enfrentarlos.

Sigamos ocupándonos. Porque cuando el campo, la industria y la ciencia trabajan juntos, no solo producimos y exportamos una materia prima de calidad mundial: también generamos conocimiento, construimos futuro y exportamos ciencia.

 

Nicolás Quiroga Barrera

Presidente

Sociedad Chilena de Fitopatología – SOCHIFIT

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