• El proyecto ejecutado por la Cooperativa Campesina Cuncumén Ltda., con apoyo de FIA y la participación del IICA y la Municipalidad de San Antonio, instaló prácticas regenerativas y módulos productivos en un predio de 17,3 hectáreas de la comuna de San Antonio.

Recuperar suelos erosionados, retener agua lluvia y abrir nuevas alternativas productivas para pequeños y medianos agricultores fueron los ejes de la experiencia desarrollada en Cuncumén, en la comuna de San Antonio. Al término de su etapa de ejecución programada, la iniciativa mostró cómo una unidad demostrativa puede apoyar la transición desde el secano costero hacia sistemas bajo riego más diversos y adaptados a la escasez hídrica.

El proyecto «Diversificación silvoagropecuaria como metodología y estrategia productiva y optimización de riego predial, en el área de conversión secano a riego en Cuncumén, provincia de San Antonio» fue ejecutado por la Cooperativa Campesina Cuncumén. El Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) y la Ilustre Municipalidad de San Antonio participaron como entidades asociadas, mientras que la Fundación para la Innovación Agraria (FIA) aportó financieramente y acompañó técnicamente la iniciativa.

La propuesta se inserta en un territorio históricamente dependiente de las lluvias, afectado por la sequía prolongada, la erosión y la baja capacidad productiva de parte de sus suelos. A la vez, la incorporación de 1.617 hectáreas al riego en Cuncumén abre una oportunidad que requiere planificación predial, eficiencia en el uso del agua y opciones productivas adecuadas para la agricultura familiar campesina.

«La principal innovación que tiene este proyecto es la puesta en valor de la agricultura regenerativa y la reconversión de suelos desde secano hacia territorios que pueden ser cultivados a través de riego», señaló Esperanza Garrido, representante regional de FIA para Valparaíso y Metropolitana. Agregó que el proceso también permite generar propuestas de valor a partir de nuevos productos desarrollados por los agricultores.

Manejo integrado del agua y el suelo

En el predio demostrativo se implementaron Obras de Conservación de Agua y Suelo (OCAS), entre ellas diques para controlar cárcavas, fajinas que reducen la erosión superficial, canales trazados en curvas de nivel, zanjas de infiltración, medialunas para retener humedad alrededor de las plantas y un sistema que conduce la escorrentía hacia un estanque con filtros biológicos y de malla.

Las observaciones documentadas después de las lluvias de invierno de 2025 muestran acumulación de suelo en los diques. Las zanjas de infiltración retienen más de seis metros cúbicos de agua por evento de precipitación y las medialunas ayudan a las plantas a enfrentar el verano sin riego mecanizado. Estas prácticas combinan materiales locales, infraestructura sencilla y acompañamiento técnico.

«Esta es una zona erosionada, con muchas cárcavas, que tenía menos de 1% de materia orgánica en el suelo y no tenía agua. Lo primero que se hizo fue un sistema de cosecha de aguas lluvias de todo el cerro. Con una noche de lluvia logramos captar hasta 40 mil litros de agua que nos sirven para los cultivos», explicó Hernán Chiriboga, coordinador alterno del proyecto FIA.

Sobre los suelos en recuperación se instalaron módulos con nogales, almendros, cítricos, hortalizas al aire libre y en invernadero, flores, especies nativas, producción de compost, humus y biofertilizantes, además de un sistema agrosilvopastoril. La experiencia también incorporó alternativas de agregación de valor, como el limoncete elaborado con cáscara de limón, y servicios de la cooperativa vinculados al riego intrapredial, el chipeo de ramas y la comercialización de productos.

Un predio para aprender haciendo

La unidad fue diseñada como un espacio de transferencia práctica. Autoridades, agricultores, estudiantes, productoras rurales y organizaciones del territorio han recorrido los módulos, observado el manejo del agua y del suelo y participado en capacitaciones apoyadas con cartillas técnicas. La metodología busca que cada productor pueda evaluar qué prácticas son pertinentes para su propio predio, en lugar de aplicar una receta única.

El proyecto se orienta a los pequeños y medianos agricultores de Cuncumén y a los más de 120 socios de la cooperativa. Junto con la instalación técnica, la iniciativa trabajó en fortalecer la gobernanza de la organización y su capacidad para articular servicios, conocimiento y oportunidades comerciales.

Nicolás Prado García-Huidobro, seremi de Agricultura de la Región de Valparaíso, destacó la relevancia territorial de la experiencia: «Ejemplos como este han servido para que los agricultores tengan alternativas y no tengan que buscar en las ciudades una opción económica más viable, y para que el campo siga siendo un destino en el que se puede generar economía, alimento y calidad de vida».

Proyección de la experiencia

Los antecedentes técnicos identifican como desafíos asegurar una provisión de agua compatible con el calendario de riego y consolidar una red de comercialización local y regional que dé continuidad a la venta de flores, hortalizas, bioinsumos y otros productos. También será necesario sostener la participación de los socios y el trabajo con las instituciones que se han vinculado al predio.

La proyección es mantener la unidad demostrativa como un espacio comunitario de aprendizaje y transferencia, sistematizar las prácticas que mostraron resultados y facilitar su adopción gradual en otros predios de Cuncumén y territorios de secano con condiciones comparables. Ese proceso deberá conservar el foco en la evidencia, el uso eficiente del agua y la viabilidad productiva para las familias rurales.

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Equipo Prensa
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