Conocer el origen del recurso, medir los consumos, planificar el riego y evaluar los riesgos son aspectos centrales de una gestión hídrica sostenible. El programa SPRING permite estructurar estos procesos y respaldar las decisiones con información verificable.
La disponibilidad de agua es uno de los factores que más condiciona la producción agrícola. En un escenario donde la planificación hídrica adquiere cada vez mayor relevancia, administrar este recurso requiere mucho más que registrar los volúmenes utilizados: implica conocer su procedencia, verificar los antecedentes correspondientes, evaluar los riesgos y justificar técnicamente las decisiones de riego.
En este contexto, SPRING, el programa de evaluación de la gestión sostenible del agua asociado a GLOBALG.A.P., ofrece un marco para organizar y documentar los procesos relacionados con el uso del recurso hídrico en las explotaciones agrícolas.
Su aplicación permite abordar la gestión del agua de manera sistemática, desde el registro de las fuentes y los consumos hasta la identificación de oportunidades de mejora. El desafío para los productores es convertir esa información en decisiones que respondan a las necesidades del cultivo y a las condiciones reales de cada predio.
Medir el consumo para comprender cómo se utiliza el agua
El primer paso consiste en disponer de información confiable sobre las fuentes de abastecimiento y los volúmenes utilizados durante el período productivo.
Para que estos datos sean útiles, deben relacionarse con variables como la superficie regada, el tipo de cultivo, el sistema de riego y la temporada. Esta información permite analizar las diferencias entre sectores del predio, identificar variaciones en el consumo y establecer referencias para futuras campañas.
Registrar el volumen total utilizado es necesario, pero no siempre suficiente. La interpretación de los datos permite determinar si existen cambios relevantes entre meses o temporadas y evaluar el consumo por hectárea, siempre considerando las características del cultivo y las condiciones de producción.
Esta trazabilidad también facilita explicar cómo se distribuye el recurso y respaldar las decisiones adoptadas por la administración agrícola.
Planificar el riego según las necesidades del cultivo
Una gestión hídrica consistente requiere que la programación del riego responda a las necesidades de las plantas y a las condiciones ambientales.
Para ello, pueden utilizarse herramientas como la evapotranspiración, los coeficientes de cultivo, la humedad del suelo, la pluviometría y el estado fenológico. La combinación de estos antecedentes permite estimar los requerimientos hídricos y ajustar la programación de acuerdo con la evolución del cultivo.
La planificación no debería entenderse como un calendario fijo. Las condiciones meteorológicas, la disponibilidad de agua y los cambios en el desarrollo de las plantas pueden exigir modificaciones durante la temporada.
Por esta razón, resulta importante registrar los criterios utilizados para definir los riegos y las razones que justifican sus ajustes. De esta manera, las decisiones dejan de depender exclusivamente de la experiencia individual y pueden revisarse a partir de información técnica.
Identificar riesgos antes de que afecten la producción
El programa SPRING también contempla aspectos relacionados con los riesgos para la gestión sostenible del agua. Entre ellos se encuentran la disponibilidad y calidad del recurso, las condiciones de la infraestructura y las posibles interacciones con comunidades u otros usuarios.
La evaluación de estos factores permite identificar situaciones que podrían comprometer la continuidad del abastecimiento o generar ineficiencias en el sistema de riego.
Las inspecciones periódicas cumplen una función importante. Fugas, goteros obstruidos, presiones inadecuadas y problemas de distribución pueden provocar pérdidas de agua o diferencias en la disponibilidad del recurso entre sectores del campo.
Detectar estas condiciones a tiempo permite programar correcciones y verificar posteriormente si las medidas adoptadas resolvieron el problema. Para que el proceso sea demostrable, conviene mantener registros de las inspecciones, los hallazgos, las acciones correctivas y sus resultados.
La eficiencia energética también debe considerarse cuando corresponda, especialmente en sistemas de bombeo donde el consumo de energía forma parte de los costos asociados al riego.
Objetivos de mejora que puedan medirse
Una vez identificadas las principales brechas, el siguiente paso es establecer objetivos de mejora acordes con la realidad del predio.
Estos pueden incluir reducir pérdidas en la red de riego, mejorar la sectorización, incorporar instrumentos de medición, fortalecer los programas de mantenimiento o capacitar al personal responsable de operar los sistemas.
Lo importante es que las metas respondan a un diagnóstico y puedan evaluarse mediante indicadores. Por ejemplo, una explotación puede comparar el consumo de agua por hectárea entre períodos equivalentes, revisar la frecuencia de fallas detectadas o medir el cumplimiento de las inspecciones programadas.
Las comparaciones deben considerar factores que influyen en la demanda hídrica, como las condiciones climáticas, el cultivo, su etapa de desarrollo y la superficie efectivamente regada. Una disminución del consumo, por sí sola, no demuestra una mejora si también se ha reducido el rendimiento o se han comprometido las necesidades del cultivo.
El objetivo es utilizar el agua de manera técnicamente justificada, evitando pérdidas y manteniendo condiciones adecuadas para la producción.
Una gestión hídrica que pueda verificarse
La implementación de un sistema de gestión del agua exige integrar registros, planificación, evaluación de riesgos y seguimiento de las medidas adoptadas. La información debe mantenerse actualizada y ser suficientemente clara para explicar cómo se utiliza el recurso y por qué se toman determinadas decisiones.
En este proceso, la asesoría especializada puede ayudar a ordenar los antecedentes, identificar brechas y definir acciones prioritarias, especialmente cuando el predio necesita preparar o revisar su sistema de gestión para una evaluación.
Certiagro SpA apoya a productores y empresas agrícolas en el levantamiento de información, la evaluación de riesgos, el análisis de consumos, la elaboración de planes de riego, la implementación de programas de inspección y la revisión periódica del sistema.
Su trabajo busca contribuir a que la gestión hídrica se sustente en información consistente y decisiones técnicamente justificadas. Para los productores, esto significa contar con mejores herramientas para evaluar el desempeño del riego, anticipar problemas y orientar las inversiones hacia mejoras pertinentes para su operación.
En definitiva, gestionar el agua de manera responsable no consiste únicamente en saber cuántos metros cúbicos se utilizan. También implica poder explicar de dónde provienen, cómo se distribuyen, qué riesgos existen y qué medidas se adoptan para mejorar su utilización.
Sobre Certiagro
Certiagro SpA brinda asesoría integral en certificaciones agrícolas, inocuidad y sistemas de gestión para productores, exportadoras y agroindustrias desde la Región de O’Higgins hasta La Araucanía.
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Equipo Prensa
Portal Agro Chile














