Caminar por los pasillos de los grandes mercados agrícolas tiene un encanto innegable. El ruido, los colores de la fruta, infinidad de tipos de productos y esa energía caótica tan propia de la cultura del mercado nos llenan de nostalgia. Lugares emblemáticos han sido, por décadas, el corazón del abastecimiento y el punto de encuentro entre el campo y la ciudad.
El costo oculto de la tradición
Pero, ¿qué hay detrás de ese romanticismo? Por muchos años, el campo ha funcionado bajo lógicas que hoy, en pleno siglo XXI, resultan difíciles de sostener. Detrás del folclore de los mercados tradicionales se esconde una dura realidad para el productor agrícola: cadenas de intermediarios que diluyen el margen, un modelo comercial que dificulta la formalización, el crecimiento y generar reputación.
Siempre lo hemos dicho: ¡sin agricultores, no tenemos qué comer! Y es precisamente por eso que la nostalgia ya no es suficiente para sostener la industria ni las necesidades del campo. Hemos visto en las noticias desde hace ya un tiempo cómo dichos mercados son foco de escrutinio ya sea en lo tributario o en ámbitos de seguridad, algo pasa ahí.
El nuevo consumidor,
De manera simultánea, el consumidor está cambiando. El público actual está optando por empresas comercializadoras formales, que han mejorado su trazabilidad, post venta y que muchas veces despachan «el pedido» más rápido que lo que canta un gallo. Muchas veces los costos de entrada a dichos mercados han hecho que el mismo sistema se resienta, el agricultor y comprador ya no quiere pagar por ingresar a un mercado que le impide formalizarse y que conlleva un grado de incertidumbre, hoy no existe margen para el error.
Todo esto pasa también porque las condiciones son más exigentes ¿no? La trazabilidad e inocuidad son hoy un tema importante que debe ser abordado con el respeto que se merece, ya que como hemos aprendido hace solo unos pocos años, «somos lo que comemos».
Evolucionar sin perder la esencia
En Carretera de la Fruta creemos que es posible ofrecer un mejor servicio a un menor costo. No se trata de eliminar la historia agrícola del país, sino de evolucionar. Proteger el agromercado asegurando un flujo de caja seguro y formal debe ser prioridad, aportar con diversificación y herramientas que permitan democratizar un canal que sin ir más lejos: alimenta a nuestras familias.
Porque, al final del día, con los alimentos NO se juega, es momento de que la comercialización sea tan eficiente, noble y productiva como la tierra misma.
José Tomás Alcalde.
Fundador de Carretera de la Fruta – www.cdlf.cl




























