COLUMNA DE OPINIÓN
Por Camilo Guzmán, presidente de la Asociación Gremial Agricultores Unidos de Chile A.G.
Chile enfrenta hoy una paradoja que ofende la lógica y la justicia: el agricultor recibe precios que muchas veces no cubren sus costos de producción, mientras el consumidor paga cifras cada vez más altas en el supermercado. Entre ambos extremos, alguien captura una renta que no le corresponde. Eso no es libre mercado. Es concentración, abuso y una distorsión que amenaza la base productiva del país.
Desde Agricultores Unidos A.G. no venimos a pedir estatismo ni fijación de precios. Venimos a exigir lo que el propio libre mercado requiere para funcionar: competencia real, transparencia y reglas claras. Porque digámoslo con claridad: al libre mercado en Chile siempre le faltaron páginas, porque a algunos les acomodaba que fuera así.
La columna vertebral de esa exigencia tiene nombre: Ley del Grano.
El problema no es ideológico. Es estructural.
El mercado agrícola en Chile opera hoy con profundas asimetrías de información, alta concentración en la compra, ausencia de mecanismos de referencia transparentes y una cancha inclinada contra quien produce. El agricultor negocia solo, sin datos suficientes, frente a actores con enorme poder de mercado. Eso no es competencia. Eso es abuso de posición dominante disfrazado de mercado.
Cuando un productor de trigo, maíz, avena, arroz, tomate industrial o fruta no puede cubrir sus costos con el precio que le ofrecen, no solo pierde él: pierde el país. Pierde empleo rural. Pierde superficie sembrada. Pierde industria nacional. Pierde soberanía alimentaria. Y eventualmente, pierde también el consumidor, que termina pagando alimentos más caros en una economía cada vez más dependiente de importaciones.
Lo que pedimos es concreto.
Hemos expuesto propuestas técnicas en distintas comisiones parlamentarias. Hemos presentado el Plan Agroalimentario Nacional con soluciones viables, medibles y respetuosas del funcionamiento del mercado. Pedimos competencia transparente, registro público de precios, respeto al precio paridad de importación como referencia, mecanismos de información que equilibren la negociación entre productores y compradores, y reglas que permitan que todos los rubros agrícolas compitan en condiciones justas.
Nada de eso es intervención del Estado en el precio. Es garantizar que el mercado funcione como debe funcionar.
El momento es ahora.
Chile no está aislado del contexto global. La crisis en alimentos, fertilizantes, energía, logística y seguridad alimentaria golpea con fuerza al sector agrícola y seguirá haciéndolo. Actuar tarde en este escenario no es prudencia: es irresponsabilidad.
Cada temporada que pasa sin reglas claras es otra temporada en que agricultores toman decisiones de siembra bajo incertidumbre, reducen superficie o directamente abandonan el rubro. Los efectos de esas decisiones no se ven de inmediato, pero se sienten con dureza cuando la producción nacional cae, la agroindustria se debilita, los pueblos pierden actividad y la dependencia externa aumenta.
Esta causa no es solo del campo.
Los agricultores chilenos no luchamos únicamente por nuestra industria. Luchamos por la dueña de casa que quiere llevar alimentos a la mesa sin endeudarse. Por el trabajador rural que necesita empleo estable. Por el transportista, el comerciante del pueblo, el ferretero, el mecánico, el contratista y cada familia cuya economía gira en torno a la actividad agropecuaria.
Defender el grano chileno, el arroz, la avena, el tomate industrial y la fruticultura nacional es defender la libertad económica frente a mercados capturados. Es poner a Chile primero. Y es una causa profundamente social, porque sin agricultura nacional no hay empleo rural digno, ni alimentos accesibles, ni soberanía real.
Hacemos un llamado directo al Gobierno y al Congreso: el Plan Agroalimentario Nacional que hemos presentado está sobre la mesa. Las propuestas están fundamentadas. El diagnóstico ya está hecho. Lo que falta es voluntad política.
Chile tiene agricultores dispuestos a producir. Tiene tierra. Tiene agua. Tiene tradición, conocimiento y capacidad productiva. Solo necesita reglas justas para competir.
Eso es lo que pedimos.
Eso es lo que Chile merece.
Agricultores Unidos A.G. es una asociación gremial que representa a productores agrícolas de Chile, comprometida con el desarrollo de una agricultura nacional competitiva, sostenible y con soberanía alimentaria.
Nota editorial: Esta columna forma parte de la campaña gremial #LeyDelGrano, impulsada por Agricultores Unidos A.G. ante el Gobierno y el Congreso de Chile.




























