Nicole Mellado Trapp Proyecto TRES – Fundación El Árbol www.restauratres.cl 

Los ecosistemas naturales están cada vez más sometidos a las presiones humanas. Las consecuencias de este desequilibrio ya dejaron de ser una amenaza lejana: incendios, inundaciones, sequías, pérdida de biodiversidad y degradación de los paisajes afectan directamente a los territorios y a las personas que los habitan. 

Hemos construido la idea de que podemos desarrollarnos al margen de los sistemas naturales. Sin embargo, la crisis ambiental nos recuerda que no estamos separados de la naturaleza. Cuando los ecosistemas se degradan, también se deterioran las condiciones que permiten nuestro bienestar. 

Frente a este escenario, la respuesta más sencilla es trasladar la responsabilidad hacia las personas comunes, apelando a sus hábitos individuales como la principal causa del problema. Si bien nuestras acciones cotidianas importan, esta mirada deja fuera las grandes decisiones que configuran nuestros territorios. 

La crisis ecológica es tanto ecológica como social. Los territorios no son espacios donde ocurren procesos aislados. Son lugares habitados, con historias, conocimientos, vínculos y memorias construidas durante generaciones. Cualquier proceso de transformación requiere reconocer a quienes viven en ellos como protagonistas y no como receptores de decisiones tomadas desde otros lugares. 

Cuando hablamos de restauración, muchas veces pensamos en recuperar árboles, suelos, agua o biodiversidad. Pero restaurar un territorio también significa fortalecer los vínculos comunitarios y su capacidad para participar e incidir en las decisiones que afectan su futuro. Restaurar también debe significar redistribuir poder. 

La naturaleza no puede participar directamente en las decisiones humanas que determinan su destino. Por eso son fundamentales quienes mantienen una relación cotidiana con los paisajes: las comunidades que conocen necesidades, y que enfrentan directamente las consecuencias de las decisiones ambientales. 

Fortalecer los vínculos comunitarios y la participación es esencial para la restauración de paisajes. Significa generar espacios donde las personas puedan intercambiar experiencias, acceder a información, construir acuerdos y participar en la definición del futuro de sus territorios. 

Los desafíos ambientales actuales no requieren únicamente de grandes inversiones o soluciones técnicas, requieren nuevas formas de relacionarnos, de tomar decisiones y de comprender nuestro lugar dentro de los sistemas naturales. 

Restaurar la naturaleza es también restaurar nuestra relación con ella. Esa relación solo será sostenible si construimos territorios donde quienes los habitan puedan participar, decidir y cuidar aquello que permite sostener la vida.

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Equipo Prensa
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