Desde emprendimientos nacidos en el Valle de Codpa hasta proyectos que valorizan recursos marinos y agrícolas de Coquimbo o desarrollan nuevos alimentos en la provincia de Arauco, iniciativas impulsadas por CeTA están acercando capacidades de innovación, pilotaje y procesamiento a regiones para transformar materias primas locales en productos con mayor valor agregado.

Una receta familiar nacida en el Valle de Codpa que busca proyectarse hacia nuevos mercados; emprendedores de Coquimbo explorando alternativas para agregar valor a recursos marinos y agroindustriales; y productores de la provincia de Arauco accediendo a tecnologías como secado, deshidratación y liofilización. Son experiencias distintas y separadas por miles de kilómetros, pero enfrentan un desafío común: cómo transformar materias primas, conocimientos y productos locales en alimentos capaces de crecer, diferenciarse y competir comercialmente.

Cerrar esa brecha es parte del trabajo que está desplegando el Centro Tecnológico para la Innovación Alimentaria (CeTA) a través de sus capacidades regionales y de programas desarrollados junto a instituciones públicas y actores locales en Arica y Parinacota, Coquimbo y Biobío.

El objetivo es acercar a emprendedores y empresas herramientas que van desde el desarrollo y reformulación de productos hasta el pilotaje, la validación técnica, la evaluación sensorial, la inocuidad, la determinación de vida útil y las estrategias para avanzar hacia mercados formales.

Innovar desde donde se producen los alimentos

En el extremo norte, la Academia de Agroalimentos “Territorios y Sabores”, ejecutada por CeTA y financiada a través de Viraliza Formación del Comité de Desarrollo Productivo de Arica y Parinacota de Corfo, trabaja con emprendimientos provenientes de distintas comunas y localidades rurales y altiplánicas de la región para fortalecer el desarrollo de sus productos, procesos y estrategias comerciales.

Uno de esos casos es Rincón de Sabores, emprendimiento liderado por Jéssica Valdez y nacido a partir de recetas y tradiciones familiares del Valle de Codpa. Su participación en el programa ha permitido avanzar, entre otros aspectos, en el desarrollo de un nuevo envase orientado a mejorar la presentación del producto y ampliar sus posibilidades de comercialización, manteniendo su identidad territorial.

El trabajo se ha extendido además a la vinculación con nuevas generaciones del mundo rural. En agosto, CeTA e INDAP participaron en el I Encuentro Regional de Juventudes Rurales de Arica y Parinacota, que congregó a cerca de 50 jóvenes para conversar sobre innovación y las posibilidades de transformar materias primas de la región en productos de mayor valor agregado.

“Uno de los principales valores de este trabajo es llevar capacidades de innovación directamente a los territorios, acercándonos a productores, emprendedores y empresas que muchas veces están lejos de los grandes centros tecnológicos. En el norte existe una gran riqueza productiva, cultural y alimentaria, y nuestro desafío es transformar ese potencial en productos con mayor valor agregado y mejores oportunidades de mercado. Para ello, es fundamental articular esfuerzos entre instituciones públicas, academia, empresas y actores locales”, ha destacado Lorena Pacheco, jefa de Innovación de CeTA Zona Norte, respecto del trabajo realizado en estas iniciativas.

Recursos del mar y del campo que buscan dar el salto

En la Región de Coquimbo, el despliegue combina formación, transferencia tecnológica y acompañamiento directo a emprendimientos.

A través del programa AgroMar, CeTA trabaja con 40 beneficiarios de Vicuña, Río Hurtado y La Higuera para explorar nuevas alternativas de valorización de recursos marinos y agroindustriales.

A la fecha, la iniciativa ya ha desarrollado seis talleres de transferencia tecnológica, abordando materias como tecnologías de secado y molienda, economía circular, envases, formulación de productos y evaluación sensorial. Entre las experiencias realizadas se cuentan también pruebas y degustaciones de preparaciones elaboradas con harina de cochayuyo, ejemplificando las posibilidades de generar nuevos usos para materias primas disponibles en el territorio.

El programa se encuentra actualmente en su etapa final y durante octubre realizará su seminario de cierre, instancia que permitirá compartir aprendizajes, resultados y oportunidades surgidas durante el proceso de transferencia tecnológica con los emprendimientos participantes.

En paralelo, el programa “Del prototipo al mercado”, financiado por el Fondo Regional para la Productividad y el Desarrollo (FRPD) del Gobierno Regional de Coquimbo y ejecutado por CeTA Zona Norte, está articulando actores de las 15 comunas de la región para identificar emprendimientos agroalimentarios con potencial de innovación y agregación de valor.

Tras la emergencia provocada por los frentes de lluvia que afectaron a la Región de Coquimbo durante julio y generaron situaciones de catástrofe a nivel local, la iniciativa está retomando progresivamente sus talleres territoriales en distintas comunas de la región, dando continuidad al trabajo directo con emprendedores y actores productivos locales.

El programa contempla seleccionar 30 emprendimientos embajadores, que accederán a capacidades de pilotaje, validación técnica, desarrollo de fichas técnicas, análisis de vida útil y asesorías en inocuidad y comercialización.

El desafío, en este caso, es particularmente concreto: que una buena idea o un prototipo regional no se quede en esa etapa, sino que pueda cumplir las condiciones técnicas y comerciales necesarias para avanzar hacia mercados formales.

Arauco: tecnología aplicada a productos con identidad territorial

En la provincia de Arauco, Región del Biobío, esa misma lógica se desarrolla a través de “Viraliza Formación: Crea Alimentos Arauco, Innovación Alimentaria con Identidad Territorial”, iniciativa financiada por el Comité de Desarrollo Productivo Regional del Biobío y ejecutada por Corparauco junto a CeTA Alimentos, con participación de CeTA Zona Sur. El programa considera a 37 emprendimientos agroalimentarios de la provincia.

El proceso integra contenidos de desarrollo de productos, normativas sanitarias, marketing, modelos de negocio e ingredientes funcionales con experiencias prácticas en infraestructura tecnológica.

En julio, los participantes se trasladaron a Coronel para conocer directamente tecnologías de conservación y transformación de alimentos en CeTA Zona Sur. Durante la actividad trabajaron en torno a procesos como secado solar, hornos de convección y liofilización, acercando tecnologías que pueden ser aplicadas posteriormente a la diversificación y agregación de valor de sus propios productos.

Trabajar desde el territorio nos permite conocer las necesidades de productores, emprendedores y empresas, y reconocer el valor de sus materias primas y conocimientos locales. Desde CeTA Zona Sur acercamos tecnología y herramientas para transformar esas oportunidades en nuevos productos y negocios. Para ello, es clave articular redes entre actores públicos, privados, académicos y productivos, fortaleciendo capacidades que contribuyan al desarrollo regional”, ha señalado Pamela Carrillo, jefa de Innovación de CeTA Zona Sur.

El programa también ha puesto en valor experiencias regionales como la utilización de murta para el desarrollo de productos de mayor valor agregado y la transformación del orujo de uva en ingredientes funcionales con propiedades antioxidantes, mostrando cómo materias primas y subproductos pueden abrir nuevas oportunidades mediante innovación y tecnología.

Una brecha tecnológica que también es territorial

Detrás de estas experiencias aparece un desafío común para la industria alimentaria: desarrollar un nuevo producto exige capacidades técnicas, infraestructura especializada, validaciones y conocimientos que muchas pequeñas empresas y emprendimientos no pueden incorporar individualmente.

Por ello, el modelo territorial de CeTA busca que la ubicación geográfica no determine el acceso a esas capacidades. La institución cuenta con tres Centros de Innovación ubicados en Coquimbo, Parque Laguna Carén en Santiago y Coronel, desde los cuales presta servicios de desarrollo de productos y prototipos, pilotaje y producción semiindustrial, acompañando a empresas, startups y emprendimientos en distintas etapas de innovación.

El despliegue desarrollado durante buena parte del 2026 en el norte y sur del país apunta así a conectar dos dimensiones que suelen avanzar por separado: el potencial productivo y la identidad de los territorios, por una parte, y las capacidades tecnológicas necesarias para convertirlos en innovación comercializable, por otra.

En un escenario donde consumidores e industria demandan alimentos diferenciados, sostenibles y con mayor valor agregado, llevar estas herramientas hacia las regiones abre también una oportunidad para que más innovación alimentaria surja desde los propios lugares donde se producen sus materias primas.

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Equipo Prensa
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