Fruta, nopalitos, forraje, fibras, mucílagos y productos agroindustriales son parte de las alternativas que ofrece la tuna. Investigadores de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de Chile analizaron su potencial como cultivo resiliente frente al cambio climático.

En un escenario marcado por la disminución de la disponibilidad de agua y la necesidad de avanzar hacia sistemas agrícolas más diversificados y sostenibles, la tuna aparece como una especie con características que la convierten en una alternativa de interés para la agricultura del futuro.

Este fue uno de los principales temas abordados en el seminario “Tunas y Nopales: cultivo, marketing y posibilidades alimentarias frente al cambio climático”, organizado por la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de Chile, instancia que reunió a especialistas de distintas disciplinas, agricultores y emprendedores en torno a las posibilidades productivas de estas especies.

Una de las características que distingue a la tuna es su capacidad para producir en condiciones de disponibilidad hídrica relativamente limitada. La profesora Loreto Prat, del Departamento de Producción Agrícola, explicó durante la jornada que la especie presenta una alta eficiencia en el uso del agua asociada a su metabolismo CAM, mecanismo mediante el cual los estomas se abren principalmente durante la noche, reduciendo las pérdidas de agua.

De acuerdo con los antecedentes presentados por la académica, la demanda hídrica de referencia de la tuna se sitúa aproximadamente entre 1.500 y 3.000 m³ por hectárea al año, una cifra inferior a la que utilizan otros cultivos frutales.

“La tuna es un cultivo resiliente y puede producir más con menos agua”, es la idea central que plantea la profesora Loreto Prat al abordar el potencial de esta especie frente a las nuevas condiciones climáticas.

Pero la eficiencia hídrica es solo una parte de la ecuación. Otra de sus principales ventajas está en la posibilidad de diversificar el destino de la producción y aprovechar integralmente la planta.

Una planta, múltiples posibilidades

En el caso de la tuna, el producto que se busca obtener determina buena parte del manejo agronómico. La producción puede orientarse hacia la fruta destinada al consumo fresco o procesado, o bien hacia los cladodios tiernos, conocidos como nopalitos, utilizados como hortaliza. Cada alternativa requiere estrategias diferentes de plantación, poda, riego, fertilización y cosecha.

Para la producción de fruta, por ejemplo, se recomienda trabajar con menores densidades de plantación, favoreciendo la iluminación de la copa y facilitando la cosecha. En cambio, los sistemas destinados a nopalitos utilizan densidades mucho mayores, orientadas a maximizar la producción continua de biomasa.

Esta capacidad de adaptar el sistema productivo a distintos mercados abre una oportunidad especialmente interesante para pequeños y medianos productores: una misma especie puede generar diferentes productos y, con ello, distintas fuentes de ingreso.

La profesora Carmen Sáenz, académica del Departamento de Agroindustria y Enología, ha dedicado parte importante de su trayectoria al estudio de las posibilidades de transformación y aprovechamiento del nopal y la tuna. Su trabajo fue recogido también en la publicación de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Utilización agroindustrial del nopal, de la cual fue autora principal.

El documento aborda precisamente el concepto de utilización integral del nopal, considerando tanto sus frutos y cladodios como diferentes alternativas de transformación agroindustrial. Entre ellas se encuentran jugos, concentrados, productos congelados, deshidratados, mermeladas, productos fermentados, polvos de nopal y otros alimentos elaborados a partir de nopalitos.

Pero las posibilidades van incluso más allá de la alimentación. La publicación de FAO identifica aplicaciones industriales relacionadas con los colorantes naturales de tunas de colores, complementos alimenticios como los polvos de nopal ricos en fibra dietaria, mucílagos, aceite de las semillas, cosméticos y otros productos, además de alternativas para utilizar los residuos vegetales en la generación de bioenergía y en la elaboración de fertilizantes.

La mirada de la agroindustria permite pasar de considerar la tuna únicamente como una fruta a entenderla como una materia prima para una diversidad de productos y procesos, una perspectiva que ha sido desarrollada por Carmen Sáenz a lo largo de sus investigaciones y trabajos de transferencia.

Del fruto al cladodio: aprovechar la diversidad

La posibilidad de aprovechar diferentes estructuras de la planta también se refleja en las decisiones agronómicas.

En la producción de nopalitos, por ejemplo, se buscan variedades con alta capacidad de brotación, cladodios tiernos y alto  contenido de fibra dietaria soluble. La presentación de Loreto Prat identifica rendimientos de referencia de 60 a 90 toneladas por hectárea para variedades destinadas a hortaliza, mientras que variedades orientadas a fruta pueden alcanzar entre 25 y 30 toneladas por hectárea, dependiendo de las condiciones productivas y del material utilizado.

En este sistema, los cladodios jóvenes se cosechan cuando alcanzan aproximadamente entre 12 y 20 centímetros, privilegiando tejidos tiernos y con con menor  contenido de fibra insoluble. El momento de cosecha también es relevante: realizarla temprano en la mañana permite reducir la acidez asociada al metabolismo CAM.

En tanto, para la producción de fruta, el manejo busca equilibrar crecimiento vegetativo y producción. Un cladodio puede emitir entre 25 y 30 flores, pero el raleo permite dejar entre seis y ocho frutos por cladodio, favoreciendo un calibre comercial promedio cercano a los 120 gramos.

Así, detrás de una tuna que llega a la mesa existe un conjunto de decisiones agronómicas que permiten orientar la planta hacia distintos objetivos productivos.

Más que un alimento: una cadena de valor por desarrollar

El potencial de la tuna no termina en el campo. Su fruta puede consumirse fresca o transformarse en jugos, concentrados, mermeladas, productos deshidratados y otros alimentos. Los cladodios, por su parte, pueden comercializarse como hortaliza o procesarse para obtener diferentes productos, aunque en Chile estos últimos no forman parte de la cultura culinaria.

A ello se suma la posibilidad de utilizar compuestos presentes en la planta, como el mucílago, un polisacárido con propiedades que han despertado interés tecnológico por su capacidad de absorber agua y por sus potenciales aplicaciones como hidrocoloide, agente gelificante, modificador de textura y estabilizador, entre otras.

La experiencia acumulada en Chile demuestra que estas posibilidades no son solo teóricas. El libro de FAO documentaba ya el interés de pequeños productores nacionales por diversificar la utilización de la tuna y señalaba experiencias de elaboración de mermeladas, y otros productos, además de iniciativas de capacitación impulsadas junto a la Universidad de Chile.

En este contexto, la discusión sobre la tuna también es una discusión sobre cómo agregar valor en los territorios.

Durante el seminario, el profesor Marcos Mora, del Departamento de Gestión e Innovación Rural, abordó precisamente la cadena de valor y el marketing, mientras que el profesor Giorgio Castellaro analizó alternativas de utilización de subproductos de tuna para la alimentación sustentable de rumiantes. La mirada interdisciplinaria permitió mostrar que el desafío no consiste únicamente en producir tuna, sino en construir mercados y modelos que permitan aprovechar sus diferentes componentes.

Una alternativa para una agricultura que necesita adaptarse

La resiliencia de la tuna no significa que sea un cultivo sin requerimientos. Su productividad depende de decisiones de manejo específicas y del objetivo productivo.

Por ello, más que presentar a la tuna como una solución única frente al cambio climático, el seminario permitió poner en evidencia su potencial como una pieza dentro de estrategias de diversificación agrícola y de uso eficiente de los recursos.

Una planta capaz de entregar fruta, hortalizas, biomasa, materias primas para la agroindustria y alternativas para el aprovechamiento de residuos representa una oportunidad para avanzar desde una agricultura basada exclusivamente en un producto hacia sistemas donde cada componente puede convertirse en una posibilidad de generación de valor.

En tiempos en que producir con menos agua, diversificar los ingresos y reducir las pérdidas se vuelve cada vez más relevante, la tuna invita a mirar de otra manera una especie tradicional: no solo como una fruta de temporada, sino como un cultivo con potencial para articular agricultura, alimentación, innovación y sostenibilidad.

 

Agreganos como fuente preferida en Google
Síguenos en Google Noticias

Equipo Prensa
Portal Innova