Presente en la ensalada chilena y el pebre del asado, el tomate enfrenta serios desafíos climáticos. Ante esto, un estudio realizado en Israel muestra cómo la edición genética podría ayudar a mantener la producción de tomate durante los meses de bajas temperaturas, uno de los desafíos que enfrenta este cultivo.

El frío es uno de los principales obstáculos para la producción de tomate, ya que las bajas temperaturas pueden afectar el proceso mediante el cual las flores se transforman en frutos. Ahora, un grupo de investigadores logró desarrollar tomates editados genéticamente capaces de mantener una producción significativamente mayor durante el invierno, alcanzando hasta diez veces más peso de frutos maduros que las plantas no editadas.

El estudio, realizado por investigadores de la Universidad Hebrea de Jerusalén, el Instituto Leibniz de Bioquímica Vegetal y la Organización de Investigación Agrícola de Israel, buscó comprender qué ocurre en la planta cuando las bajas temperaturas dificultan la formación de frutos. A partir de ese conocimiento, utilizaron la edición genética para modificar con precisión un sistema relacionado con el desarrollo reproductivo del tomate.

Los resultados fueron especialmente relevantes bajo condiciones invernales. En un ensayo realizado en un invernadero en Israel, las plantas fueron expuestas durante varios meses a temperaturas cercanas a 10 °C por las noches. Mientras las plantas convencionales tuvieron dificultades para producir frutos en las primeras etapas del experimento, las plantas editadas comenzaron a producir tomates mucho antes y alcanzaron una producción considerablemente mayor.

A los 93 días de iniciado el cultivo, las plantas con una combinación específica de modificaciones genéticas habían producido más de 18 veces la cantidad de frutos observada en las plantas no editadas. Al momento de la cosecha, la diferencia también fue significativa: las plantas editadas produjeron seis veces más frutos rojos y diez veces más peso de tomates maduros.

Más allá del resultado puntual del estudio, la investigación muestra una de las posibilidades que abre la innovación agrícola, vinculada al desarrollo de cultivos capaces de adaptarse mejor a condiciones que dificultan su producción. En este caso, el objetivo no fue cambiar las características que hacen reconocible al tomate, sino ayudar a la planta a mantener su capacidad de producir frutos cuando las temperaturas no son ideales.

“Este tipo de avances con la edición genética de cultivos demuestra que la innovación agrícola puede enfocarse en problemas muy concretos. Si una planta puede mantener su producción en condiciones de frío, estamos hablando de una herramienta que podría ayudar a ampliar las posibilidades de cultivo, hacer más eficiente la producción y enfrentar de mejor manera los cambios que está experimentando la agricultura”, señala el Dr. Miguel Ángel Sánchez, director ejecutivo de ChileBio.

Para Chile, este tipo de investigación resulta especialmente interesante, considerando los desafíos que enfrenta la agricultura ante condiciones climáticas cada vez más variables. El desarrollo de variedades capaces de mantener su productividad en condiciones de temperatura adversas podría contribuir en el futuro a brindar mayor estabilidad a distintos cultivos y ampliar las alternativas disponibles para los productores.

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Equipo Prensa
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