Durante demasiado tiempo, la crisis hídrica en nuestro país se ha abordado desde una perspectiva reactiva y mediterránea. Situaciones como las registradas en la Provincia del Choapa se repiten dolorosamente en distintas zonas rurales y costeras: familias cuya vida diaria está supeditada a los litros que entrega un camión aljibe, crianceros que presencian la pérdida del sustento de generaciones enteras, y localidades donde las escuelas ven mermar sus matrículas debido a la migración forzada de los jóvenes. Esta emergencia no solo ahoga los cauces y acuíferos continentales, sino que fractura el tejido social y el desarrollo de las comunidades locales.

Frente a este escenario, resulta insostenible persistir en la sobreexplotación de cuencas exhaustas o apostar exclusivamente por megaestructuras centralizadas de lenta y compleja implementación. La verdadera respuesta geográfica y estratégica se encuentra en nuestro litoral. El mar, que tantas veces hemos mirado de espaldas, alberga la clave para garantizar la seguridad hídrica mediante el aprovechamiento de los recursos marinos.

La integración inteligente de la energía undimotriz y la solar abre una vía concreta para producir agua dulce de manera continua, limpia y descentralizada. Al alimentar los procesos de desalación con fuentes 100% renovables, damos un salto técnico decisivo hacia la verdadera autonomía territorial.

Este nuevo paradigma transforma por completo la realidad de las caletas de pescadores y las comunidades costeras aisladas. Al dejar atrás la vulnerabilidad y la dependencia de los camiones aljibe, los habitantes pasan a gestionar de forma directa su propio suministro de agua potable. Este acceso regular y seguro no solo salda una deuda sanitaria histórica, sino que dinamiza la economía local: reactiva la pesca artesanal, impulsa la acuicultura a pequeña escala, fortalece el comercio gastronómico y potencia un turismo sostenible con identidad.

Desde el punto de vista ambiental, el modelo destaca por su baja huella ecológica. El uso de la radiación solar y la energía del oleaje elimina por completo las emisiones de carbono asociadas a los métodos convencionales impulsados por combustibles fósiles. Mediante una estrategia de infraestructura modular —una verdadera «acupuntura territorial»—, estos sistemas se despliegan de manera flexible y a la medida de cada caleta. Se evita así la construcción de extensos y costosos acueductos hacia el interior, mientras que las captaciones a menor escala facilitan una óptima disipación de la salmuera, protegiendo el ecosistema marino. Al abastecer directamente desde la costa, aliviamos de inmediato la presión crítica sobre ríos, esteros y cuencas continentales.

Es hora de asumir que la diversificación de fuentes de agua no es un lujo, sino una condición indispensable para el desarrollo territorial equilibrado. Apostar por la desalación solar y undimotriz es proteger nuestra biodiversidad, resguardar el futuro de las comunidades costeras y transformar el recurso hídrico en un motor de justicia social y descentralización.

Carlos Fredes García Gerente de Desarrollo Oneka Chile

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