- Esperanzados en comercializar sus mieles con maqui y murta al mercado japonés se encuentran los apicultores Ruth Sanhueza y Luis Velásquez, de la empresa familiar Colmenar Nativo, de la comuna de Arauco, Región del Biobío, tras participar en una rueda de negocios con dos empresas de la nación asiática –Sugi Bee Garden y Echoe Co., ambas de la prefectura de Kumamoto– en la última versión de la Feria Internacional Espacio Food & Service, gracias a gestiones de ProChile.
Apoyados en todo su desarrollo productivo por el Instituto de Desarrollo Agropecuario (INDAP), la pareja formalizó su negocio en 2017 y decidió apostar por la innovación, el valor agregado y una preocupación especial por la sanidad de sus abejas. En la actualidad cuentan con 220 colmenas y para este año esperan una producción de 8 mil kilos de miel. “Los temporales en general han sido perjudiciales para la agricultura, pero nosotros nos preparamos bien y pudimos manejar ese tema. Hasta ahora vamos bien”, cuenta Luis.
El apicultor dice que una “maravilla” de Colmenar Nativo es que casi el 100% de su producción es con valor agregado y no tienen que vender a granel. Eso se traduce en frascos de mieles con frutos silvestres, avellana, jengibre, naranja, limón, menta, multifloral y con polen, propóleo en spray, velas de cera y una línea cosmética de champú, crema, jabón y bálsamo labial.
Sus productos los comercializan actualmente en una tienda que poseen en Arauco (calle California 13), en tostadurías y tiendas gourmet de la región, en ferias y mediante pedidos a todo Chile y el extranjero.
En un afán por expandir su abanico comercial, la temporada 2025 vendieron miel en Estados Unidos a través de la plataforma Amazon. Se trató de un envío especial, luego de una capacitación que se extendió por un año, lo que según ellos les dejó las puertas abiertas para futuros negocios, que en los mercados globales no se concretan de un día para otro. En total comercializaron 30 kilos de miel con maqui, con murta y multifloral en diferentes envases.
Para su reciente participación en la rueda de negocios con las empresas niponas, Luis cuenta que lo primero fue prepararse. Para eso tuvieron una charla virtual de ProChile y la embajada de Japón sobre la cultura de ese país, su forma de vida, sus tradiciones, sus hábitos de consumo saludable, la forma en que hay que presentarse ante ellos –de una manera respetuosa, sobria y con información precisa– y la manera que tienen de hacer negocios, familiarizándose mucho con sus proveedores.
“Ellos tienen una alimentación estricta, sana y de calidad, y es común ver a gente longeva haciendo negocios. Así llegaron hasta nosotros, buscando productos nuevos. Ahí les presentamos la miel con maqui y la miel con murta, frutos silvestres de nuestra zona que son ricos en antioxidantes, que no han tenido fumigaciones, abonos ni nada extra, solo lo que da la naturaleza”, dice el apicultor.
Agrega que los clientes quedaron muy interesados en sellar un negocio a largo plazo durante los próximos meses: “Nos contaron que nunca habían visto miel con frutos silvestres de esta parte del mundo y que en su país consumen mucho este producto. También buscaron la ubicación de nuestro negocio en el mapa y se encantaron con que estuviéramos cerca de la costa y en la precordillera de Nahuelbuta”.
Otras consultas que les hicieron los ejecutivos japoneses –uno de los cuales los sorprendió al hablar perfectamente en español– fueron con cuánta gente trabajaban, cómo era el entorno de su planta procesadora, aspectos relativos a las floraciones de la zona (boldo, maqui, laurel, canelillo, pradera y aromo), qué forma de vida y de trabajo tenían, costos de producción y en qué consistía el Sello Manos Campesinas que les otorgó INDAP.
La pareja de apicultores –con seis hijos de 7 a 28 años– hoy está satisfecha de lo obtenido y de las nuevas proyecciones comerciales que se abren. Antes de emprender con Colmenar Nativo, Luis, de origen chilote, trabajaba en la construcción para una empresa contratista y Ruth era dueña de casa. Por las labores de él debieron irse a vivir al campo y decidieron criar abejas para tener miel para su consumo. Como les gustó y tenían el anhelo de independizarse, apostaron por dedicarse de lleno a la apicultura. “Fue la mejor decisión”, dicen ambos.



































