La Agrupación de Cooperativas Valle del Jerte afronta la campaña de cereza 2026 con perspectivas claramente mejores que las del año pasado. Tras un ejercicio previo marcado por una producción baja, pero con una calidad y rentabilidad muy positivas, la entidad estima alcanzar alrededor de 18.000 toneladas, siempre que la evolución climática se mantenga favorable. La campaña comenzará previsiblemente a finales de abril, lo que confirma un inicio más temprano respecto a ejercicios anteriores.
Desde la Agrupación explican que los factores que determinan la calidad del fruto están evolucionando de forma muy satisfactoria. Las condiciones invernales han permitido una adecuada acumulación de horas frío y un desarrollo vegetativo equilibrado, lo que favorece un buen cuajado y calibres homogéneos. Aun así, recuerdan que la cereza es un cultivo especialmente sensible y que aún quedan fases decisivas que pueden influir en el resultado final.
En el ámbito comercial, la entidad prevé mantener la estructura habitual de campañas anteriores, con un 60% de la producción destinada a exportación y un 40% al mercado nacional. Europa seguirá siendo el principal destino, con una demanda estable y una preferencia clara por fruta de alta calidad, buen sabor y certificaciones que garanticen trazabilidad y sostenibilidad. Las tendencias de consumo no muestran grandes variaciones, aunque sí se aprecia un interés creciente por productos con mayor vida útil y un perfil organoléptico más intenso.
De cara al crecimiento futuro, la Agrupación identifica como una oportunidad clave la apertura de nuevos protocolos fitosanitarios que permitan exportar a países terceros. La diversificación de mercados se considera esencial para reforzar la estabilidad del sector y reducir la dependencia del mercado europeo, especialmente en un contexto global marcado por tensiones geopolíticas y fluctuaciones en la demanda.
En el plano estratégico, la entidad señala dos retos prioritarios para los próximos años. El primero es la disponibilidad de mano de obra, un desafío estructural que afecta a todo el sector hortofrutícola y que condiciona la capacidad operativa en momentos clave de la campaña. El segundo es la incorporación de tecnología en todos los procesos, desde el
campo hasta el almacén. En este sentido, la Agrupación destaca el papel que jugará la inteligencia artificial, tanto en la predicción de cosechas como en la gestión del riego, la planificación de recursos, el control de calidad o la logística.



































