El Niño continúa fortaleciéndose en el Pacífico y podría acercarse a una anomalía de 3 °C hacia finales de 2026, una magnitud que colocaría al episodio entre los más intensos registrados y que obliga al agro brasileño a seguir de cerca su evolución durante la campaña 2026/27. La región Niño 3.4 presenta actualmente temperaturas alrededor de 2,3 °C por encima del promedio, mientras las proyecciones analizadas por el meteorólogo Denis Garcia, de Meteored, anticipan que el calentamiento podría continuar durante octubre, noviembre y diciembre.
El nivel actual ya permite caracterizar el episodio como fuerte a muy fuerte, según explicó Garcia. La posibilidad de que la anomalía continúe aumentando durante los próximos meses cobra relevancia para Brasil porque el fortalecimiento del fenómeno coincide con el desarrollo de la primavera y la llegada del verano, un período determinante para numerosos cultivos. Sin embargo, el especialista remarcó que el máximo calentamiento del Pacífico no se traduce automáticamente en impactos de igual intensidad sobre el territorio brasileño.
La razón está en el tiempo que necesita la atmósfera para responder a los cambios de temperatura del océano. Esa diferencia, conocida como desfase, suele extenderse entre dos y tres meses. Debido a la intensidad que presenta este episodio, Garcia considera que la respuesta podría producirse más rápidamente, posiblemente entre un mes y medio y dos meses después del aumento del calentamiento oceánico. De cumplirse esa evolución, los efectos más importantes podrían comenzar a percibirse entre mediados de noviembre y el final de diciembre.
Las proyecciones apuntan a una primavera más húmeda en buena parte del Centro-Sur brasileño. Según el meteorólogo, las precipitaciones podrían aumentar su frecuencia sobre sectores de Mato Grosso, el Triângulo Mineiro, Minas Gerais, São Paulo y hacia los estados del Sur, mientras noviembre presentaría anomalías positivas de temperatura que podrían continuar durante diciembre.
Para el sector agropecuario, la distribución de esas lluvias será tan importante como los acumulados. La campaña agrícola atraviesa durante esos meses etapas decisivas y una mayor frecuencia de precipitaciones puede modificar ventanas de trabajo, condiciones de los suelos y desarrollo de los cultivos. El material analizado, sin embargo, no proporciona estimaciones de pérdidas, rendimientos o superficies que puedan resultar beneficiadas o perjudicadas, por lo que todavía no es posible cuantificar un impacto productivo.
Las temperaturas también forman parte del escenario previsto. Garcia espera valores por encima de los promedios durante noviembre y la posibilidad de que esa anomalía positiva se mantenga en diciembre. La combinación de temperaturas elevadas y modificaciones en el régimen de precipitaciones será uno de los factores meteorológicos a seguir durante el cierre de 2026, especialmente si el calentamiento del Pacífico alcanza el nivel proyectado.
El punto de mayor atención estaría entre finales de la primavera y comienzos del verano. Aunque Niño 3.4 ya se encuentra alrededor de +2,3 °C, la respuesta atmosférica puede demorarse respecto del océano. Esto significa que el período de mayores consecuencias sobre Brasil no necesariamente coincidirá con el momento exacto en que el Pacífico alcance su máxima anomalía.
El episodio tampoco desaparecería rápidamente una vez alcanzado su máximo. Las proyecciones presentadas por Garcia indican que El Niño comenzaría a debilitarse a partir de diciembre, pero continuaría clasificado como tal durante los primeros meses de 2027. El Pacífico recién alcanzaría el umbral entre El Niño y condiciones neutrales hacia abril, extendiendo el seguimiento climático sobre buena parte de la próxima campaña.
Incluso entonces, el regreso de las temperaturas oceánicas hacia valores neutrales no implica necesariamente que sus efectos atmosféricos desaparezcan en forma inmediata. El especialista considera que Brasil todavía podría permanecer bajo influencia del episodio durante parte de 2027, debido nuevamente al desfase existente entre las condiciones del Pacífico y la respuesta de la atmósfera.
Para el agro brasileño, esto amplía considerablemente el horizonte de seguimiento. El fenómeno podría atravesar el cierre de 2026, los meses centrales del verano y parte del otoño siguiente, aunque su intensidad debería disminuir progresivamente después de diciembre. La evolución efectiva de las lluvias y las temperaturas será la que determine cómo se trasladará ese comportamiento oceánico hacia las principales regiones productivas.
La próxima etapa será comprobar si Niño 3.4 efectivamente continúa desde los actuales +2,3 °C hacia valores próximos a +3 °C. Si esa proyección se materializa, Brasil llegará al verano con un episodio de gran intensidad todavía activo en el Pacífico y con una respuesta atmosférica que podría prolongar sus efectos durante los primeros meses de 2027.





































