Con caída en producción pero una apuesta clara por la premiumización, la industria vitivinícola chilena exige cadenas de suministro precisas, climatizadas y globales.

Chile cerró 2024 como el cuarto exportador mundial de vino, con 866,9 millones de litros embarcados hacia 141 países. Pero la verdadera historia del sector no está en el volumen total: está en cómo cada caja de Carmenere, Chardonnay o Pinot Noir cruza océanos con la precisión que exige un producto premium. La exportación de vino en Chile atraviesa un punto de inflexión: menos cantidad, más valor. Esto tensiona toda la cadena logística, desde la viña hasta el destino final, y donde operadores como Interborders juegan un rol cada vez más estratégico.

Menos litros, más valor

Según datos del Servicio Agrícola y Ganadero publicados por ODEPA, la producción vitivinícola chilena cayó un 15,6% en 2024 hasta los 903,6 millones de litros, afectada por condiciones agroclimáticas adversas. Sin embargo, el desempeño exportador mostró resiliencia: durante el primer semestre de 2025, SUBREI reportó US$ 622 millones en vinos embotellados (+2,2% vs el mismo período de 2024), apalancados en blends DO y cepas como Sauvignon Blanc, Chardonnay, Pinot Noir y Carmenere.

La industria avanza hacia la premiumización. De acuerdo a un análisis del sector, los vinos del segmento US$ 40-50 por caja crecieron 8,6% en volumen y 7,6% en valor durante 2025, y los superiores a US$ 50 ya representan el 6% del volumen pero el 20% del valor exportado. El precio promedio se ubicó en US$26,9 por caja, con destinos premium como China (US$ 35,1/caja), Corea del Sur (US$ 34,8) y Canadá (US$ 32,3) liderando en valor unitario.

Un nuevo mapa de destinos

El reordenamiento de mercados es uno de los fenómenos más relevantes del año. Brasil se consolidó como principal destino del vino embotellado chileno, concentrando el 18% del volumen y el 16% del valor de las exportaciones, con un crecimiento del 6% en volumen y un 3,8% en valor frente al año anterior. Reino Unido, Canadá, Irlanda y Corea del Sur también muestran comportamiento positivo en el último ciclo móvil.

En contraste, Estados Unidos enfrenta inestabilidad por nuevos aranceles y China registró una contracción significativa (-20% en volumen y -25,6% en valor en el segmento premium durante mayo 2025), aunque sigue siendo el destino que paga el precio promedio más alto. Esta volatilidad obliga a las viñas chilenas a diversificar tanto canales como rutas logísticas, y a apoyarse en operadores capaces de articular múltiples corredores en simultáneo.

Lo que el vino exige de la logística

El vino es una de las cargas más delicadas del comercio internacional, especialmente en el segmento premium. Cuatro variables condicionan la operación.

  • Control de temperatura: las variaciones extremas durante el tránsito pueden degradar la calidad del vino, particularmente en cruces ecuatoriales hacia Asia.
  • Fragilidad: el embalaje y la consolidación deben garantizar protección frente a vibraciones, golpes y apilamiento durante transportes marítimos de larga distancia.
  • Documentación aduanera específica: certificaciones de origen (Denominación de Origen), impuestos al alcohol diferenciados por destino, regulaciones sanitarias y trámites particulares de cada mercado.
  • Tiempos coordinados con eventos comerciales: lanzamiento de añadas, ferias internacionales y ventanas estacionales clave que no admiten demoras.

Una logística que forma parte del producto

En un escenario donde la industria vitivinícola chilena apuesta por la calidad sobre la cantidad y reordena su mapa de destinos, la logística deja de ser un costo operativo para convertirse en parte de la propuesta de valor de cada botella. La capacidad de un freight forwarder para garantizar que un Cabernet Sauvignon llegue en condiciones óptimas a Tokio, Londres o São Paulo es, finalmente, lo que sostiene el posicionamiento premium que el sector chileno persigue para los próximos años.

Google News Portal Agro Chile
Síguenos en Google Noticias

Equipo Prensa
Portal Agro Chile