La ola de calor de finales de junio de 2026 llegó en un momento inoportuno para muchos agricultores. Mientras que la cebada ya estaba lista para la cosecha en muchas regiones de Alemania, la sequía afectó a otros cultivos en una fase de desarrollo particularmente delicada.

El maíz se ha visto especialmente afectado. El calor extremo coincidió con su período de floración. «En algunos lugares ya estamos observando que el maíz no está formando mazorcas. Esto equivale a una pérdida total», comenta Horst Gömann, de la Cámara Agrícola de Renania del Norte-Westfalia.

Otras regiones productoras europeas se vieron aún más afectadas. Según Coceral, la Asociación Europea de Comerciantes de Granos, la ola de calor redujo el valor de la cosecha de granos en más de dos mil millones de euros, siendo Francia y Hungría los países que sufrieron las mayores pérdidas.

El calor acelera la maduración de los cereales

Las condiciones climáticas también dejaron su huella en el trigo y la cebada: en algunos casos, la cebada se cosechó varias semanas antes de lo habitual.

Por eso, una importante estrategia de adaptación consiste en la diversificación del riesgo. En lugar de cultivar solo una variedad, muchas explotaciones apuestan por diferentes variedades con distintos períodos de maduración.

Heladas tardías y quemaduras solares

Por su parte, en la fruticultura se temen las heladas tardías. Debido al cambio climático y a las temperaturas suaves del invierno, los capullos de las flores -de los que surgen los frutos- se forman antes. Sin embargo, las noches de helada pueden extenderse hasta bien entrada la primavera.

Por eso, muchos productores de fruta protegen sus flores con un sistema de riego antiescarcha. En este proceso, se rocía agua sobre las flores para que se forme una capa de hielo. «En el interior se conserva suficiente calor y las temperaturas no bajan tanto como sin el riego antiescarcha», detalla el experto de la Cámara Agrícola de Renania del Norte-Westfalia, en entrevista con DW.

Y durante los largos períodos de sequía en verano, prosigue, las explotaciones frutícolas pueden utilizar estos sistemas para el riego.

También existen soluciones técnicas contra el calor. Hoy en día, las redes de protección contra el granizo no solo sirven para protegerse de las tormentas. Proporcionan sombra a los frutos y evitan las quemaduras solares.

Además, en la fruticultura y la viticultura ya se está experimentando con láminas fotovoltaicas semitransparentes. Estas generan electricidad, protegen a las plantas del exceso de radiación solar y, al mismo tiempo, dejan pasar suficiente luz.

El riego no es rentable en todas partes

Según Gömann, aunque el riego es un instrumento importante, no siempre resulta rentable desde el punto de vista económico. Las hortalizas, las papas o las frutas generan ingresos elevados y justifican las inversiones. En el caso de los cereales o el maíz, el riego no vale la pena: «Los costos simplemente son demasiado altos», afirma.

El agua proviene principalmente de las aguas subterráneas. A pesar de los frecuentes períodos de sequía, Alemania no es un país con escasez de agua. El problema radica más bien en la distribución desigual. Llueve mucho en invierno, mientras que en verano se presentan cada vez más períodos de sequía.

Nuevas variedades para un clima más cálido

El fitomejoramiento desempeña un papel fundamental. Ya hoy en día se cultivan en Renania del Norte-Westfalia variedades cuyas raíces genéticas se encuentran en regiones más cálidas de Europa.

«En el caso del trigo, por ejemplo, ya utilizamos mucho material genético procedente de Francia», cuenta Gömann. Y es que las condiciones climáticas de ese país se han trasladado, en parte, a Alemania.

Los cereales con tallos más cortos, los llamados semileñosos, pueden soportar espigas más pesadas, no se doblan tan fácilmente ante lluvias intensas, granizo o viento, y necesitan menos agua.

Además, se están investigando variedades de trigo que tengan raíces más profundas.

Rendimientos de trigo: Alemania vs. EE. UU.

Alemania siga siendo una de las mejores regiones del mundo para la agricultura. Esto queda demostrado al compararla con la producción de trigo en Estados Unidos.

En el suroeste de Renania del Norte-Westfalia, «cosechamos aproximadamente diez toneladas de trigo en suelos fértiles; en condiciones climáticas normales, tal vez incluso entre once y doce toneladas por hectárea. Y cuando reviso las estadísticas del Ministerio de Agricultura de EE. UU., veo que allí el rendimiento del trigo es de quizás entre tres y tres toneladas y media por hectárea», dice Gömann.

La soja y el sorgo, productos de nicho

Además, la agricultura está experimentando con nuevos cultivos. La soja ya se cultiva en algunas partes de Alemania, aunque en una superficie muy pequeña. Incluso se está experimentando con el sorgo, conocido en regiones áridas del mundo, pero también a muy pequeña escala. La viticultura también avanza lentamente hacia el norte, una señal visible del desplazamiento de las zonas de vegetación.

Los agricultores siempre han tenido que adaptarse a condiciones cambiantes, apunta Gömann. Sin embargo, se ha acelerado el ritmo. Mientras que antes los  cambios climáticos  se producían a lo largo de generaciones, hoy se perciben en el lapso de unas pocas décadas.

Al mismo tiempo, la agricultura moderna cuenta con posibilidades mucho mejores. Se desarrollan nuevas variedades en pocos años, y las empresas internacionales de mejoramiento genético trabajan continuamente en plantas que sean más tolerantes a la sequía y al calor.

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Equipo Prensa
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