La economía circular en el campo chileno no es una promesa, es una obligación

 

Durante décadas, la gestión de los envases de fitosanitarios, fertilizantes foliares y bioestimulantes en el agro ha sido dispar. Una parte de los agricultores ha adoptado buenas prácticas como el Triple Lavado y la entrega en los puntos móviles o centros fijos de la red CampoLimpio. Sin embargo, en distintos puntos del país aún persisten malas prácticas: envases quemados en un rincón del potrero, enterrados al fondo del predio o simplemente abandonados. No por mala intención, sino porque esa cultura todavía no llega a todos por igual.

 

En ese contexto, CampoLimpio lleva más de 25 años recolectando estos envases de manera voluntaria —mucho antes de que existiera una ley que lo exigiera—, construyendo la infraestructura, la logística y la confianza que hoy sostienen esa práctica en gran parte del agro nacional. Hoy ese camino da un nuevo paso: el 100 % de la operación de CampoLimpio funciona bajo el modelo de sistema de gestión autorizado por el Ministerio del Medio Ambiente, lo que entrega mayor solidez y la capacidad de cumplir de manera consistente con las exigencias de la Ley REP.

 

Pero los números también muestran cuánto camino queda por recorrer. Del total de envases puestos en el mercado chileno en 2024, solo el 33% fue valorizado, y de ese porcentaje, apenas la mitad se gestionó a través de Sistemas de Gestión autorizados. Es decir, el 50% del reciclaje que ocurre en el país sucede fuera del sistema formal REP. En el agro, esa brecha se siente con especial intensidad en zonas rurales dispersas, donde llegar con infraestructura sigue siendo el principal desafío.

 

No obstante, a través de la gestión de CampoLimpio, en 2025 se valorizaron más de 1.000 toneladas, lo que representa más de un 40% de los envases puestos en el mercado por sus socios, destacando el plástico con más del 70% de valorización.

 

La meta de valorización del 2026 para CampoLimpio bordea las 1.000 toneladas anuales, y el horizonte ya está puesto en 2027, cuando las metas dejarán de cumplirse globalmente y pasarán a exigirse por materialidad: plástico, papel y cartón, y envases metálicos. Las metas de plástico ya fueron superadas; el próximo desafío es ampliar la cobertura hacia materiales que históricamente han tenido menor tasa de recuperación en el campo.

 

La economía circular en la agricultura no se construye solo con normativa y metas. Se construye cuando el agricultor que aplica un producto sabe exactamente qué hacer con el envase vacío; cuando ese envase tiene un destino verificable, documentado y gratuito; cuando la trazabilidad no es un concepto de manual, sino una práctica cotidiana en el campo chileno. Ese es el trabajo que estamos haciendo y el que nos queda por delante.

 

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Equipo Prensa
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