El precio internacional del trigo vuelve a tensionar al mercado de alimentos. Durante agosto, las cotizaciones del cereal han estado marcadas por ajustes en las perspectivas de producción, menores existencias en algunos mercados y cambios en el comercio internacional. ODEPA señala que para la temporada 2026/27 Estados Unidos proyecta una menor producción de trigo, mientras las existencias finales caerían 22% respecto de la campaña anterior.

Para Chile, este escenario es relevante. El país complementa su producción con importaciones y, al mismo tiempo, cuenta con una superficie importante destinada al cultivo.

En Chile se cultivan principalmente dos tipos de trigo: El trigo harinero (Triticum aestivum), utilizado en la elaboración de pan y productos de repostería, y el trigo candeal (Triticum turgidum var. durum), destinado principalmente a la producción de sémolas y pastas por su alto contenido de proteínas y la calidad de su gluten

La Encuesta Nacional Agropecuaria 2025/26 estimó 210.042 hectáreas de trigo para harina, convirtiéndolo en el principal cereal cultivado en las regiones consideradas por el estudio.

La urea, un costo que preocupa al trigo

El precio internacional del cereal no es el único factor que determina la situación de los agricultores. La urea también se ha convertido en una variable relevante para la temporada.

Un reciente análisis de ODEPA confirma que Chile depende de las importaciones para abastecerse de este fertilizante nitrogenado y que su precio está condicionado por los mercados energéticos, especialmente el gas natural, además de factores comerciales, logísticos, cambiarios y de disponibilidad. El estudio analiza específicamente cómo las variaciones de la urea inciden sobre los costos y márgenes del trigo de invierno.

En Chile, los fertilizantes representan hasta el 40% del costo de producción del trigo, exigiendo una fuerte inversión en urea de $240.000 a $300.000 por hectárea (unos 300 kg)

Esto significa que un mayor precio del trigo no necesariamente implica un aumento equivalente en la rentabilidad del productor. Si suben simultáneamente los fertilizantes, el combustible y otros costos operacionales, parte de ese mayor valor puede quedar absorbido por la estructura productiva.

Los temporales: un problema entre “comillas”

Las lluvias de julio y agosto requieren, en tanto, una lectura diferente. No existe información oficial que permita atribuir a estos temporales una pérdida generalizada de la producción de trigo. De hecho, el Ministerio de Agricultura señaló durante el evento que las afectaciones agrícolas eran puntuales.

El problema puede estar más bien en las condiciones para continuar trabajando. Los sistemas frontales provocaron anegamientos e interrupciones de rutas en distintas regiones, incluyendo Ñuble, Biobío y La Araucanía.

En Ñuble, INDAP identificó daños en distintos rubros y reportó que los cereales representaban 14% de los usuarios afectados. Sin embargo, la mayor concentración de daños correspondió a horticultura, además de infraestructura productiva como invernaderos, galpones, bodegas, caminos interiores y accesos.

Para el trigo, esto plantea una dificultad principalmente de manejo oportuno. Cuando los suelos permanecen saturados, el ingreso de maquinaria puede verse restringido, dificultando labores de fertilización y otras aplicaciones fitosanitarias, que aún se encuentran lejos del calendario.

Un escenario que mira al campo y al mercado internacional

Chile enfrenta así dos presiones simultáneas: un mercado internacional del trigo que permanece incierto y costos internos condicionados por insumos como la urea.

Los temporales, por ahora, no permiten hablar de una pérdida de la cosecha nacional de trigo. Su efecto más concreto se relaciona con las condiciones de trabajo en los campos y la recuperación de la infraestructura afectada.

En los próximos meses, el resultado económico de la temporada dependerá tanto de la evolución de las cotizaciones internacionales como de la capacidad de los productores para manejar sus cultivos después de un invierno particularmente lluvioso.

Esta vez, el desafío para el trigo chileno no necesariamente está en la cantidad de agua recibida, sino en cuánto tiempo deben esperar los agricultores para volver a entrar al campo y realizar sus manejos.

Fuente : Metrored

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