El Niño Costero ya alcanzó una fase extraordinaria en Perú debido al fuerte calentamiento de la superficie del mar, aunque el país todavía no registra las lluvias intensas características de los períodos de mayor impacto. El Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi) informó el 9 de septiembre que las primeras precipitaciones comenzarían a aparecer desde noviembre y aumentarían durante el verano, un escenario que obliga al agro a seguir de cerca la evolución del fenómeno después de que la costa norte ya alcanzara temperaturas de hasta 37 °C.

El cambio ya se percibe con claridad en Tumbes, Piura, Lambayeque y La Libertad. En estas zonas, las máximas diurnas llegan actualmente a 37 °C, cuando en períodos sin El Niño Costero suelen ubicarse entre 30 °C y 32 °C. Nelson Quispe, especialista del Senamhi, explicó que el aumento responde al calentamiento del océano y también a la proximidad de la primavera, que comenzará el 22 de septiembre.

La perspectiva indica que todavía queda margen para un calentamiento mayor. De mantenerse las actuales condiciones oceánicas y con la llegada del verano, las temperaturas podrían acercarse a los 40 °C durante febrero y marzo de 2027. Para las zonas agrícolas del norte peruano, la evolución del calor será un factor a seguir por sus posibles efectos sobre demanda de agua, cultivos y manejo productivo.

Las lluvias todavía no llegaron: noviembre marca el próximo punto de atención

La particularidad de esta etapa es que el fuerte calentamiento del mar todavía no está acompañado por precipitaciones intensas. Perú continúa actualmente bajo condiciones secas, según Quispe. El escenario esperado es que las primeras lluvias aparezcan a partir de noviembre y luego aumenten gradualmente durante el verano, cuando se concentra la temporada de precipitaciones.

Esto significa que la clasificación alcanzada por el fenómeno no implica que las lluvias extremas estén ocurriendo ahora. El calentamiento oceánico y las precipitaciones no necesariamente evolucionan al mismo ritmo, por lo que las próximas semanas estarán marcadas primero por temperaturas elevadas y por el seguimiento de las condiciones atmosféricas que puedan favorecer lluvias más adelante.

Para el agro, esa diferencia temporal es especialmente relevante. En el corto plazo, el desafío está relacionado con el calor y la disponibilidad de agua; hacia finales del año, la atención comenzará a trasladarse al comportamiento de las precipitaciones. El impacto final dependerá de su intensidad, distribución territorial y duración, por lo que todavía no puede asumirse que todas las regiones productivas enfrentarán las mismas condiciones.

Las previsiones oficiales anteriores del ENFEN ya advertían que El Niño Costero iniciado en marzo podía prolongarse hasta el verano de 2027. También señalaban temperaturas por encima de sus valores habituales en la costa debido al calentamiento persistente del litoral.

La Amazonía enfrenta el problema opuesto: menos lluvias y más calor

El escenario cambia al observar la selva peruana. Senamhi pronosticó un incremento de las temperaturas diurnas entre el 10 y el 12 de septiembre en la Amazonía norte y central, fenómeno que el organismo relaciona con las condiciones de El Niño global fuerte.

Según la explicación meteorológica, durante episodios fuertes de El Niño la Amazonía puede registrar déficit de precipitaciones y menor nubosidad. Al quedar el cielo más despejado, aumenta el ingreso de radiación solar y, con ello, la temperatura del ambiente. Esta combinación resulta especialmente relevante para actividades agrícolas y ganaderas dependientes de las lluvias.

Los friajes tampoco alcanzarían para revertir de manera sostenida esta situación. Estos episodios suelen extenderse apenas entre dos y tres días y producen un descenso transitorio de la temperatura. Además, Senamhi señala que bajo las actuales condiciones de El Niño global su frecuencia anual en la selva peruana tiende a ser menor.

Perú enfrenta así dos expresiones climáticas que requieren seguimiento simultáneo: una costa norte con un océano excepcionalmente cálido y temperaturas que podrían seguir aumentando, y sectores de la Amazonía expuestos a menor disponibilidad de lluvias y más radiación. El próximo cambio importante llegará hacia noviembre, cuando Senamhi espera el comienzo progresivo de las precipitaciones que marcarán la transición hacia el período de mayor atención del verano.

Fuente: Agrolatam

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