- La escalada entre EE.UU. e Irán amenaza una arteria clave del petróleo mundial y abre un nuevo riesgo para combustibles, fertilizantes y fletes del agro latinoamericano.
Irán anunció este domingo 6 de septiembre nuevas medidas para enfrentar las consecuencias económicas de las sanciones de Estados Unidos, mientras ambos países volvieron a intercambiar acciones militares durante el fin de semana. Para América Latina, la noticia trasciende el conflicto geopolítico: Teherán mantiene capacidad para afectar los flujos petroleros del estrecho de Hormuz, ruta por la que circulaba cerca de una quinta parte del suministro mundial de petróleo antes de la guerra. Una escalada podría trasladarse a combustibles, fertilizantes, fletes marítimos y costos de producción agropecuaria.
La situación volvió a deteriorarse después de una pausa relativa en agosto. Estados Unidos informó que atacó tres embarcaciones iraníes luego de que la Guardia Revolucionaria lanzara misiles balísticos contra dos barcos de la Marina estadounidense. Teherán respondió endureciendo su discurso y advirtió que cualquier nuevo ataque contra sus intereses provocará una reacción más rápida y contundente. El riesgo para los mercados agrícolas internacionales está en que una escalada militar termine afectando todavía más las rutas de energía, con consecuencias que pueden propagarse mucho más allá de Medio Oriente.
Irán ocupa un lugar relevante dentro del mercado energético global como tercer mayor productor de petróleo de la OPEP. Antes de la guerra, aproximadamente el 90% de sus exportaciones de crudo salían desde la isla de Kharg, cuyos flujos se han visto alterados desde el inicio del bloqueo estadounidense a mediados de abril. El ministro iraní de Petróleo aseguró que la isla recibió unos 550 ataques durante los últimos meses, aunque continúa funcionando. El desempeño de esa infraestructura y del estrecho de Hormuz será clave para determinar hasta dónde puede extenderse la presión sobre las cotizaciones energéticas.
Combustibles, fertilizantes y fletes: el canal de contagio hacia América Latina
Para el agro latinoamericano, el principal riesgo económico está en la transmisión del shock energético hacia los costos de producción. Un encarecimiento sostenido del petróleo puede presionar el precio del gasoil utilizado en maquinaria y transporte, elevar los fletes internacionales y aumentar costos industriales y logísticos asociados a determinados fertilizantes. El impacto, sin embargo, no sería idéntico en todos los países: dependerá de su matriz energética, exposición al comercio internacional, tipo de cambio, estructura impositiva y dependencia de insumos importados.
Por ahora, el flujo petrolero no está paralizado. El secretario estadounidense de Energía, Chris Wright, aseguró que los tránsitos a través del estrecho están promediando más de 9 millones de barriles diarios. Al sumar oleoductos que evitan Hormuz, estimó que actualmente se mueve alrededor de dos tercios o más del volumen previo al conflicto. Ese dato reduce el riesgo de un corte total inmediato, pero deja al mercado condicionado por cada nueva acción militar. Para importadores de energía e insumos agrícolas, la volatilidad puede convertirse en un factor tan relevante como el nivel absoluto de los precios.
El escenario obliga al agro regional a mirar más allá de Chicago y de los mercados tradicionales de commodities. Petróleo, fertilizantes, monedas y fletes pueden definir una parte importante del margen agrícola de las próximas campañas si la confrontación continúa. Brasil, Argentina, México y el resto de América Latina enfrentarán impactos diferentes, pero productores, exportadores y proveedores de insumos comparten una misma exposición a una supply chain internacional cada vez más condicionada por la geopolítica. Hormuz vuelve así a convertirse en un punto distante del mapa con consecuencias potencialmente cercanas para el negocio agropecuario.





































