- El trips parvispinus reprograma la planta para hacerla más apetecible y multiplicarse más rápido, explica el ingeniero chileno Carlos Andrés Meza Tapia.
- Un suelo con alta actividad microbiológica ayuda a la planta a producir ácido jasmónico, su principal defensa frente a esta plaga.
- Según Meza, muchos insecticidas inhiben esa defensa natural, por lo que propone medir cuánto reducen la reproducción de la plaga y no solo cuánto matan.
Cuando aparece una plaga como el trips parvispinus, la mirada se dirige de inmediato a hojas, flores y frutos. Se busca al insecto y la herramienta para controlarlo. Pero parte de la respuesta podría estar debajo de la superficie. Esa es la tesis del ingeniero chileno Carlos Andrés Meza Tapia, especialista en biotecnología, productor e investigador de Terragénesis y One Circularity, con más de 30 años de experiencia en producción biológica y agricultura sostenible.
Meza, radicado en España y con trabajo en campo en Almería y en Sinaloa, conversó con el periodista Marco Díaz en el episodio 150 de Semillero Agropodcast, de Revista Comentarios, grabado durante el CONISIAPA 2026, el Simposio Internacional de Manejo Fitosanitario de Hortalizas realizado en Mazatlán, México.
Cómo el trips «reprograma» la planta
Según explicó Meza, el trips parvispinus tiene una estrategia puntual: inyecta con su saliva compuestos que hacen que la planta «crea» que enfrenta una enfermedad. La planta activa entonces el ácido salicílico, su defensa contra patógenos, y bloquea el ácido jasmónico, la molécula que usa para defenderse de insectos y generar repelencia.
El resultado es una planta con más enzimas que degradan proteínas, lo que deja aminoácidos disponibles: «comida fácil» para el insecto, que se multiplica mucho más rápido. En el mismo congreso se citaron registros de hasta 400 trips en plantas enfermas, frente a unos 40 en plantas sanas.
El rol del microbioma del suelo
La clave, según Meza, está en la actividad biológica del suelo y de la propia planta. Cuando existe una alta densidad microbiológica a nivel radicular y en los tejidos vasculares, la planta puede reaccionar rápido y con fuerza, fabricando el ácido jasmónico que necesita frente al trips.
En cambio, un suelo pobre o con enfermedades lleva a la planta a fabricar ácido salicílico, lo que la deja más expuesta. «El trips detecta esas plantas y se va directo a las que están enfermas», advirtió.
¿Cómo saber si un suelo está biológicamente activo? Meza menciona dos indicadores:
- Aumento del carbono en el suelo sin incorporar materia orgánica, señal de que el microbioma lo está fijando al reproducirse.
- Diversidad de secuencias de ADN del microbioma. Según sus mediciones, un manejo de este tipo puede tener hasta tres o cuatro veces más diversidad que uno convencional.
Qué deteriora el suelo
Para el especialista, la práctica que más daña el microbioma es el uso intensivo de fertilizantes sintéticos, que concentran sales, elevan la conductividad eléctrica y alteran el pH, inhibiendo la vida del suelo. Cuando el microbioma se reactiva, el pH tiende a neutralizarse y se liberan minerales disponibles para la planta.
Medir la reproducción, no solo la mortalidad
Meza propone un cambio conceptual en la forma de evaluar los insecticidas. Un producto puede controlar el 70% de la población y, al poco tiempo, gatillar una nueva explosión de la plaga. Otro puede tener 60% de eficacia, pero reducir entre 10% y 20% la capacidad reproductiva del insecto.
Resultados en campo: Almería y Sinaloa
Meza relató la experiencia de cuatro hectáreas de chile orgánico a campo abierto en Culiacán, Sinaloa, donde enfrentaron mosca blanca, picudo y trips, y toda la producción fue exportada como orgánica. En Almería, España, donde una temporada de invernadero puede perderse por el virus rugoso, la tuta absoluta o el trips, asegura haber manejado el virus rugoso y la tuta de forma biológica, y hoy avanza con el trips parvispinus.
Para verificar los resultados, su equipo mide la eficiencia fotosintética con drones y cámaras multiespectrales (índice NDVI), además de estudios de metabolómica en Europa que comparan plantas con fertilización convencional y plantas con microbioma reactivado. La tecnología se está validando con universidades de Sinaloa, con participación de estudiantes en monitoreos y mediciones.
Tres pasos para comenzar
Para productores y técnicos que quieran probar este enfoque en el próximo ciclo, Meza recomienda:
- Análisis de suelo como punto de partida.
- Aplicar un bioestimulante que alimente al microbioma que no depende de la materia orgánica, para reactivarlo. Los primeros efectos (más retención de humedad, suelo más blando y mayor volumen radicular) se observan unas dos semanas después.
- Preparar la planta desde el almácigo con productos que activen el ácido jasmónico.
No se trata de abandonar de golpe el manejo convencional, sino de un esquema híbrido, verificable con agricultura de precisión, que reduzca la dependencia de insumos externos y mejore la rentabilidad. «Una vez que reactivas el microbioma, tienes que mantenerlo con prácticas sustentables», explicó.
El episodio completo está disponible en YouTube y Spotify en Semillero Agropodcast, de Revista Comentarios. Terragénesis opera en Chile y One Circularity en México y Europa.
Fuentes: Semillero Agropodcast EP. 150, Revista Comentarios | CONISIAPA 2026 | Datos al 7 de noviembre de 2026.
Redacción: Portal Agro Chile
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