Alcachofas, mandarinas, paltos, uva y kiwi son parte de las especies que han reducido su presencia en la provincia en los últimos años. Los productores advierten que la escasez hídrica, los altos costos y la baja rentabilidad están detrás de este escenario, evidenciando un cambio profundo en el paisaje agrícola local.
La escena se repite en distintos puntos de la provincia del Limarí: terrenos que antes estaban en plena producción hoy lucen reducidos o simplemente abandonados.
En la provincia, según relatan agricultores de distintas comunas, cultivos como alcachofas, mandarinas, paltos, uva y kiwi han comenzado a desaparecer o a disminuir significativamente, en medio de la escasez hídrica y el aumento sostenido de los costos agrícolas.
Se trata de un cambio progresivo, pero cada vez más visible en el territorio. Agricultores de distintas comunas coinciden en que la menor disponibilidad de agua, junto a una rentabilidad cada vez más incierta, está obligando a reducir superficies, modificar cultivos o en algunos casos, dejar de sembrar.
Reducción de cultivos
Uno de los casos más ilustrativos se registra en la comuna de Río Hurtado, donde la agricultora Ingrid Valenzuela ha debido tomar decisiones drásticas para enfrentar la falta de recurso hídrico.
“Dí de baja 16 hectáreas de mandarina”, relató, explicando que la medida se adoptó en uno de los periodos más críticos de sequía. A ello se suma la reducción de superficie en paltos, en un proceso progresivo que continúa hasta hoy.
La gravedad del escenario se refleja en un dato concreto: “este año pudimos regar cinco veces”, afirmó, advirtiendo que bajo esas condiciones “no hay ningún cultivo que sea rentable en este momento”.
Producción a menor escala
Pero esta situación no es aislada. Desde Monte Patria, la agricultora y dirigente, Jessica Carrizo, describe cómo los pequeños productores han debido ajustar sus sistemas productivos.
“De dos hectáreas pasamos a sembrar una y a veces media hectárea”, señaló, explicando que el alza en los costos de insumos ha sido determinante.
En su caso, ha optado por mantener cultivos de ciclo corto, como tomate, papa, sandía o melón, aunque reconoce que se trata de una producción limitada. “No sembré haba por el costo de la bencina. No conviene sembrar poco”, agrega.
Este escenario, según plantea, ha llevado a que muchos agricultores opten por dejar de sembrar, mientras otros continúan en una lógica de subsistencia.
“Hay muchos de la zona que ya dejaron de sembrar”, afirmó.






























