Mientras gran parte del país ha seguido con preocupación los efectos de los intensos sistemas frontales, en el Valle de Colchagua el panorama es distinto. Lejos de representar una amenaza para la industria vitivinícola, las lluvias invernales están siendo vistas como una oportunidad para recuperar las reservas hídricas tras años de sequía y fortalecer el desarrollo del enoturismo.
Los testimonios de representantes del turismo y de destacadas viñas de la zona coinciden en un diagnóstico: la actividad continúa operando con normalidad y, aunque los temporales han obligado a realizar algunos ajustes, el impacto ha sido considerablemente menor al que muchos podrían imaginar.
Desde la Cámara de Turismo de Colchagua, su presidente, Mauricio Retamal, asegura que se ha enfrentado a los temporales sin mayores complicaciones y que la actividad turística continúa desarrollándose con normalidad. “La situación en los viñedos es normal. En el valle vitivinícola de Colchagua está todo tranquilo, todo seguro, todo bien, operando con normalidad el enoturismo”, afirma.
A juicio de Retamal, las precipitaciones llegan en un momento especialmente favorable para el valle, luego de años marcados por el déficit hídrico. “La agricultura estaba sufriendo una sequía de varios años. Estas lluvias son la solución para la sequía, es muy bueno para diversos cultivos agrícolas y frutales”, sostiene.
Si bien, el mal tiempo provocó una disminución transitoria en la llegada de visitantes y obligó a suspender algunas actividades al aire libre, la oferta gastronómica, hotelera y las experiencias al interior de las viñas continúan funcionando con normalidad, permitiendo que el valle mantuviera su operación durante los días más complejos.
Una evaluación similar realiza Carmen Paz Ravanal, gerente de Marketing de Viña Ravanal, quien destaca que las lluvias han significado un beneficio para los viñedos y que la operación turística prácticamente no se ha visto afectada. “La situación actual de los viñedos es normal y positiva. Veníamos de una temporada con una importante falta de agua, por lo que estas lluvias son muy bienvenidas y representan un aporte beneficioso para los suelos y las reservas hídricas de cara a los próximos ciclos productivos”, señala.
La ejecutiva explica que solo fue necesario realizar ajustes puntuales durante los días de mayor intensidad de las precipitaciones. “En los días de mayor intensidad de lluvia ajustamos horarios y suspendimos puntualmente actividades al aire libre, como los recorridos en carrito de golf por los viñedos centenarios, siempre priorizando la seguridad de quienes nos visitan. La bodega y los espacios de degustación siguieron operando con total normalidad”, comenta.
No obstante, Ravanal considera que el principal desafío para el enoturismo no pasa por el clima, sino por dar a conocer la oferta del valle entre quienes visitan Chile durante el invierno. “Seamos honestos: el verdadero efecto no es la lluvia. Es que el turista de invierno hoy, mayoritariamente brasileño, llega a Chile pensando solo en la nieve y muy pocas veces sabe que a pocas horas de la cordillera lo espera una experiencia enoturística premium. Esa desconexión, y no el temporal, es el desafío de fondo que estamos enfrentando esta temporada”, enfatiza.
Desde la mirada productiva, Gerardo Leal, viticultor de Viña Santa Rita, coincide en que las precipitaciones han sido, en términos generales, positivas para los viñedos, especialmente por la recarga de agua en los suelos durante el período de receso. “Los viñedos en etapa de receso no debieran tener compromisos de ningún tipo. Los volúmenes de agua caídos en poco tiempo nos han asegurado llegar a mayor profundidad. En nuestro caso, las coberturas han permitido una buena infiltración del agua, menos anegamientos y escurrimiento”, explica.
Sin embargo, reconoce que el temporal también ha obligado a modificar la planificación de las faenas agrícolas. “El primer desafío ha sido reprogramar las labores de invierno. En plenas semanas de poda hemos tenido que suspender las labores tanto manuales como mecanizadas y vemos que el programa tendrá un retraso de unos diez días”, indica.
Para Leal, estos fenómenos son parte de un escenario al que la industria deberá acostumbrarse. “Estos eventos de lluvias extremas en poco tiempo tienen relación con el cambio climático y son episodios que se van a repetir. Sin embargo, también han permitido recargar los suelos, rellenar embalses y asegurar agua para producir uvas en cantidad y calidad durante el verano”, concluye.
Con la mirada puesta en la próxima primavera y en la siguiente vendimia, el consenso entre los actores del sector es claro: lejos de transformarse en una amenaza para el enoturismo de Colchagua, las lluvias de este invierno podrían convertirse en uno de los mejores aliados para el futuro de la actividad vitivinícola y turística de la región.



































