Una realidad inquietante, entre productores de papa de la provincia de Arauco, identificaron investigadores que, en el marco de la ejecución de un proyecto internacional, buscan fomentar el uso seguro de productos químicos en este reconocido tubérculo de esa parte de la Región del Biobío. Y es que más del 50 % de esos agricultores desconoce qué son los bioplaguicidas e ignoran la presencia de alternativas biológicas disponibles para reducir el uso de productos químicos de alta toxicidad, explicó el investigador líder de la iniciativa, Jean Franco Castro.
El científico de INIA Quilamapu está a cargo del proyecto “Reduciendo los riesgos de los plaguicidas químicos en pequeños agricultores de papa en Chile”, iniciativa financiada por la Fundación CRODA, con el apoyo técnico de CABI —ambos de Reino Unido— y que ejecuta el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA).
Concebido para promover un manejo integrado de plagas y enfermedades en el cultivo de papa, el proyecto apunta también a disminuir el uso gradual de productos químicos para fortalecer prácticas agrícolas más seguras entre productores y su entorno.
Desconocimiento de bioplaguicidas
Recientemente, en las comunas de Contulmo, Cañete y Arauco, en la Región del Biobío, en el marco del proyecto se realizaron capacitaciones orientadas al uso correcto de plaguicidas, así como a la calibración de pulverizadores de espalda, al manejo del tizón tardío —principal enfermedad de la papa en la zona— y al empleo de alternativas biológicas para el control de enfermedades y plagas.
Sin embargo, lo que llamó la atención de los investigadores fueron los resultados de las encuestas aplicadas con anterioridad a 10 pequeños productores locales. Ellas evidenciaron una importante brecha en el conocimiento de bioinsumos. “Nos llamó la atención que más del 50 % de los encuestados no conociera el término bioplaguicida ni supiera de alternativas biológicas a los productos químicos (…) existe una brecha de información que es necesario abordar”, señaló el investigador Jean Franco Castro quien también es curador de la Colección Chilena de Recursos Genéticos Microbianos de INIA Quilamapu.
Necesidad de conocer costos reales
Uno de los componentes más innovadores fue la implementación de un prototipo de Cuaderno de Campo para que cada productor registre sus gastos en insumos, pagos de mano de obra y maquinaria, ingresos por ventas, entre otros, lo que le permitirá conocer, con precisión, la rentabilidad real de cada temporada.
Mario Saavedra, encargado de la oficina técnica de INIA en Cañete, explicó que el Cuaderno de Campo final será elaborado en conjunto con los agricultores de las tres comunas involucradas. “Se están escogiendo agricultores en cada comuna, para que ellos puedan hacerle mejoras y críticas, y así tener una versión final que realmente les sirva”, indicó.
Hasta ahora, los productores reconocieron que la gran mayoría no lleva ningún tipo de registro. “Uno no sabe si ganó o perdió, y casi más pierde”, afirmó Juan Camaño, agricultor del sector Chanquín de Contulmo. Para Bastián Friz, en tanto, joven agricultor de Arauco, el cuaderno representa una oportunidad para profesionalizar la actividad agrícola, ya que “prácticamente uno no sabe lo que se está realizando en el campo, monetariamente hablando”. Finalmente, Claudio Jaque, agricultor de Cañete, destacó que contar con los registros incluso fortalecerá la capacidad de negociación frente a los compradores.
Capacitación y transición gradual
Las actividades también convocaron a profesionales de los programas PRODESAL y PDTI de INDAP asociados a las municipalidades de Contulmo, Arauco y Cañete, quienes valoraron las capacitaciones como un complemento relevante para el trabajo de asesoría técnica que realizan en terreno.
Desde una perspectiva internacional, Steve Edgington —investigador del CABI y responsable del proyecto por parte de Fundación CRODA— señaló que la experiencia desarrollada en Chile ha demostrado que la transición desde productos químicos hacia alternativas biológicas requiere procesos graduales y adaptados a la realidad de cada territorio. “No es tan sencillo pasar de la química a la biología. Primero entendemos el contexto de cada agricultor y buscamos cómo mejorar y optimizar el uso de los químicos que ya tienen, para lograr mejor eficacia y mayor seguridad en la aplicación”, explicó.































